viernes, 9 de junio de 2017

V.B. Anglada ~ La Jerarquía y la Humanidad en la Era de Acuario.

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V.B. Anglada ~ La Jerarquía y la Humanidad en la Era de Acuario.


Según la tradición histórica, avalada por la penetrante visión o percepción de los Altos Iniciados, que pueden leer los archivos akáshicos, la Jerarquía Espiritual del Planeta, o quinto Reino de la Naturaleza, fue instaurada en la tierra hace unos dieciocho millones de años, durante la segunda mitad de la época lemuriana. Este hecho, el más importante en lo que a evolución espiritual del planeta se refiere, tuvo su origen en la decisión del Logos Planetario de nuestro esquema terrestre, de tomar un cuerpo físico, con objeto de coordinar definitivamente todo su sistema expresivo. Si utilizamos la analogía, como debemos hacerlo siempre en orden a la comprensión de las ideas esotéricas, seremos conscientes de que un Logos Solar, un Logos Planetario o un alma espiritual humana, utilizan cuerpos físicos para realizar la magna obra de identificación del Espíritu y de la Materia, función que tiene por objeto la fusión de dos aspectos divididos en el tiempo, dentro de la Unidad eterna y absoluta que lo preside todo.




Analizando el proceso desde sus más recónditas raíces y penetrando en el aliento de lo cósmico, vemos que la instauración de la Jerarquía tuvo por objeto la encarnación física de un Hombre Celestial, de un Logos planetario o de uno de los Siete Espíritus ante el Trono, concordando con las alusiones del Antiguo Testamento. El proceso de encarnación es idéntico en todos los seres, prescindiendo de la magnitud del campo expresivo, se trata de un hecho que se realiza incesantemente a través de las edades. Es el vínculo de relación eterno entre el Espíritu y la Materia, la Vida y la Forma, el Espacio y el Tiempo. Prescindiendo de otras consideraciones secundarias podemos asegurar que la instauración de la Jerarquía aquí en la tierra tuvo su origen “en la gran decisión del Logos planetario de nuestro esquema terrestre de tomar un cuerpo físico”.




Eternamente apercibido de los ciclos del tiempo, sabe el momento exacto por conjunción magnético-cósmica de esta manifestación, marcada asimismo por el Gran Karma cósmico del cual es un elevado exponente.




Respondiendo a este gran deseo y debido a ciertas relaciones o vinculaciones kármicas, incomprensibles para nosotros, un Gran Iniciado de la Cadena de Venus, conocido en nuestros estudios esotéricos como Sanat Kumara, estableció contacto e identificó Su aura espiritual con el aura etérica del Planeta. Prácticamente hizo consciencia de la Tierra y ENCARNÓ en ella. Hubo en esta encarnación el dolor del sacrificio, pero también el gozo de acatar la Voluntad del Gran Ser Planetario, un gozo y un sacrificio, de los cuales no podemos tener noción. Como consecuencia de este proceso de encarnación, toda la Tierra resplandeció, todos los reinos elevaron su sintonía, principalmente el reino humano en ciernes que “elevó gozosamente su copa” tal como se lee en el Libro Sagrado de los Iniciados, para recibir el “Alma Celestial”.




Todo este clima de expectación, toda esta resplandeciente sinfonía, era la infinita reverencia de la Materia Virgen eternamente fecundada por la Gracia Santificante, al Poder Creador de la Divinidad.




Acompañaron a Sanat Kumara, tres de sus grandes discípulos, enlazados como ÉL kármicamente a la vida del Logos planetario, a través de muchos eones. Estos cuatro grandes Seres, Sanat Kumara y los discípulos, conocidos dentro de la tradición esotérica como los cuatro Kumaras, o los Señores de la Llama, representan para el Logos planetario, lo que la personalidad humana y sus tres cuerpos de expresión representan para el Alma. La evolución de esta insigne personalidad y de los tres vehículos de su vinculación planetaria, constituyen de hecho la evolución de la Tierra hasta sus últimas consecuencias. Hay tres Kumaras más desconocidos por nosotros, en sus elevadas funciones, como centros superiores del gran Logos Planetario, cuya misión es la relación de Sanat Kumara con todo cuanto trasciende el círculo-no-se-pasa del aura planetaria, es decir la relación con los demás planetas del Sistema Solar y de otros sistemas solares.




Estos Grandes Seres constituyen el Centro de Aquella Gran Fraternidad que llamamos Jerarquía Blanca del Planeta, o Hermandad Blanca. Su misión es clara y definida: Acelerar el proceso de evolución del Planeta Tierra.




Como consecuencia de la llegada a nuestro planeta de los Señores de la Llama, se producen cuatro hechos importantes y trascendentes que todo verdadero esoterista debe conocer, para poder enjuiciar rectamente su propia situación espiritual. Son ellos:




1. El enlace kármico de la Tierra a través de los cuatro Grandes Kumaras, con los cuatro Grandes Señores Cósmicos que conocemos como los Señores del Karma. La tierra entra así a formar conscientemente parte del Gran Concierto Solar y se pone en vías directas de comunicación con el Gran Karma Cósmico. Por incomprensible que parezca esta idea, le da al discípulo la noción inmediata de lo que representan para el ser humano las palabras de Pablo, el Iniciado, “El Reino de los Cielos puede ser arrebatado por la violencia”. La identificación del karma planetario con el karma solar, medido en términos de energía, produce una aceleración de la evolución de la tierra, y en consecuencia el desarrollo del Gran Propósito Inicial del Logos Planetario.




2. La introducción dentro del ser humano de los Ángeles Solares, seres perfectos en su esencia porque alcanzaron la Iniciación de Adeptos en otro Universo anterior; quienes representan en el drama de la función planetaria, el papel de Grandes Intermediarios, entre el hombre inferior, la personalidad en los tres mundos, y la Tríada espiritual, o los tres aspectos de la Mónada, o Espíritu que es una emanación esencial de la propia Divinidad Solar.




3. La implantación en la Tierra del sistema iniciático o de aceleración de la evolución planetaria que produce inicialmente la “individualización” del hombre animal por mediación de los Ángeles Solares. La individualización es pues una Iniciación espiritual.




4. “Una corriente dévica de orden superior emanante del Corazón del Sol” penetra en el aura planetaria y empieza a actuar definidamente sobre los “enrarecidos éteres” que circundan el planeta y actúan sobre la Naturaleza. La frase védica “La Tierra entera resplandeció”, se refiere exactamente a la acción inmediata de estos agentes cósmicos de la creación planetaria.




He aquí a grandes rasgos, la implantación de la Jerarquía, o Gran Fraternidad Blanca en la tierra. El gran Rayo de Poder del Logos planetario empieza a actuar sobre nuestro planeta y “todo su contenido empieza a ser moldeado según el impulso solar”. Están empleadas deliberadamente y entre comillas frases sueltas entresacadas del “Libro de los Iniciados” abierto a aquellos cuya mente funciona en niveles superiores.




El orden de la Jerarquía, la distribución de las funciones planetarias entre los iniciados de la tierra que “a costa de grandes sacrificios alcanzaron la iniciación” en la pasada cadena lunar, Buda y Cristo entre los más exaltados, sigue inmediatamente al gran proceso inicial.




Los discípulos avanzados reciben un nuevo impulso creador dentro de sus conciencias y empiezan a actuar en forma definida, “ayudados por los Devas” la Gran Fraternidad de Relaciones con otros planetas del Sistema es un hecho definido y consciente. Una especial corriente dévica proveniente de Venus se dedica única y exclusivamente al cuidado del Reino vegetal. Una nueva majestad y una nueva belleza hacen su aparición.




La Jerarquía planetaria es un Hecho y empieza seguidamente los planes de su organización, tal como la conocemos actualmente, es decir, un Centro Impenetrable, en conexión con el Logos Solar, que esotéricamente llamamos Shamballa, y otro en directa conexión con aquel que llamamos Jerarquía.




El tercer centro actuante es la Humanidad que recién empieza en aquellos momentos a educir la mente y los albores de la autoconciencia.










VICENTE BELTRAN ANGLADA

Barcelona, Septiembre de 1972




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