sábado, 20 de mayo de 2017

La verdadera técnica de la liberación.

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"La gente hará cualquier cosa, por absurdo que sea, para evitar enfrentar sus propias almas".
   
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La verdadera técnica de la liberación.





Hay un aforismo en la vida del Señor BUDA con respecto a la Liberación que deberíamos tomar en consideración pues aclara el verdadero sentido de la acción creadora. Es éste: “El Hombre Perfecto vence sin luchar”. Se trata, como comprenderán, de la liberación de todo esfuerzo, es decir, de toda disciplina impuesta en la vida personal para alcanzar algún logro definido. El sentido real del aforismo es que el Ser espiritual es Perfecto más allá de toda ponderación, que carece virtualmente de caminos y de fronteras y que acercarse a El implica, por tanto y por paradójico que parezca, barrer todos los caminos trazados en el mundo interno, ya sea el de una religión, de una creencia o de una definida técnica de entrenamiento espiritual.

Démonos cuenta, pues, que no se trata de establecer una creencia o una definida técnica de entrenamiento espiritual, ni tampoco una casta de elegidos en oposición a otra casta menos privilegiada de seres humanos, es decir, de unos que pueden vivir sin estructura técnica alguna de aproximación a la verdad porque poseen un glorioso pasado espiritual y de otros que, por no haber logrado penetrar todavía en aquel inmenso e indescriptible campo de oportunidades, se ven necesariamente obligados a ampararse en las técnicas, en las normas y en las disciplinas de acercamiento espiritual que suministran profusamente los modernos especialistas de la meditación, del Yoga o de cualquier otro tipo de regeneración psicológica.

Hay que acoger la sagrada máxima de BUDA desde el retiro más profundo del corazón dentro del cual todos somos iguales y en el que existe una idéntica Gloria a compartir y un sentimiento único a desarrollar. Es el Sancta Santorum de nuestra vida, allí en donde el intelecto que fragua las grandes combinaciones temporales jamás podrá penetrar por grandes e intensos que sean sus esfuerzos y sus disciplinas. Quizás nos preguntemos de nuevo... ¿Es que podemos vivir sin técnicas de vida o sin normas de conducta social cuando se trata de fusionar nuestras individualidades con la verdad de la Naturaleza o con la verdad del propio Dios? La respuesta que habrá que brindarse al respecto, en la seguridad de que va dirigida a un inteligente grupo de investigadores esotéricos, es ésta:

El ser humano es esencialmente la Verdad, el Camino hacia la Verdad y la Vida que le lleva por el centro del Camino. Entonces, si una técnica tuviera que utilizarse desde este ángulo de vista debería ser sin duda la que señala nuestra Verdad, una Verdad que emana de nuestra propia Vida y que en el inalterable proceso de vivir crea el más apropiado de los Caminos. Quizás digamos ahora que se trata de un proceso netamente intuitivo surgido, precisamente, de la consumación de muchas técnicas y disciplinas de vida a través de las edades y que sólo unos contados individuos serán capaces de seguir. Bien, aquí enfrentamos el problema de la evolución o, si ustedes lo prefieren, de jerarquía espiritual dentro de la humanidad. Evidentemente todo ser humano es la propia medida de su verdad y de acuerdo con esta medida debe juzgar las cosas.

Pero, durante el curso de todas nuestras conversaciones esotéricas, hemos intentado llegar a un punto dentro del ser humano, prescindiendo de su grado de evolución o jerarquía espiritual, en el cual sólo existe y tiene su razón de ser el sentido de la unidad de la propia vida. Me refiero al Corazón, pero no para edificar sobre él un nuevo tipo de Yoga, sino para mostrar que más allá de todo sistema de entrenamiento espiritual existe un asiento secreto de la Verdad y del Misterio de la Luz. Si les afirmase a ustedes que en el devenir de la Era de Acuario cuya blanca aurora empieza a perfilarse vigorosamente en el horizonte y en la cual el aspecto técnico tendrá un gran papel a jugar, habrá que dedicársele al Corazón una atención especial, quizás creerán ustedes que les estoy hablando de un nuevo y singular BAKTI YOGA, adornado con una técnica diferente de acuerdo con la presión de los tiempos. Pero, no es ésta exactamente la idea.

De acuerdo con las previsiones jerárquicas para esta Nueva Era lo más importante en la vida del hombre espiritual será “la Ciencia del Corazón”, una Ciencia de la que se ha hablado muy poco en la Era pasada en la que el determinismo de la acción estaba subordinada a los impulsos emocionales, los cuales, como se sabe, no pertenecen a la actividad del centro Cardíaco, sino a la del Plexo Solar. Se trata por tanto de desarrollar el Centro del Corazón como base de una cualidad imprescindible para el proceso iniciático. Hay grandes y poderosas razones para ello; el aspirante espiritual de la Nueva Era ha de adquirir y desarrollar la Conciencia del Ser y no simplemente la conciencia de un estado del Ser. La primera compete a la Vida, al inmanente sentido de Unidad, la segunda pertenece al concepto figurativo de la Mente. Es otra forma de explicar la diferencia que existe entre la singularidad individual y la diversidad humana en el orden social.

La Singularidad es el propio Ser, el propio e inconfundible YO; la Diversidad expresa los conceptos que se tienen de este YO, es decir, los argumentos mentales provenientes de aquí o de allá en tomo a la esencia espiritual de la que se nutre la propia Vida. Tal es también la diferencia que hay esotéricamente entre KRISHNA y ARJUNA, entre el Creador de todas las cosas y el fragmento de Vida perdido en el fragor de las pequeñas creaciones diversificadas y en el océano de las dificultades kármicas. Entre ARJUNA, el fragmento, y KRISHNA, la totalidad del Ser, hay un tremendo e ignorado abismo que sólo la Ciencia del Corazón puede y debe salvar. No es edificando y construyendo conceptos acerca de la Verdad o estableciendo rigurosas normas de disciplina que podrá ser construido el “Puente de Luz” del Antakarana sobre las dos orillas de la gran separatividad humana.

Habrá que recurrirse cada vez más frecuentemente al supremo dictado de la Sabiduría del Corazón para poder estructurar los campos de la Vida sobre suelos de inmortalidad. Habremos de ser como niños, deberemos retornar a las Fuentes..., pensando con el Corazón y sintiendo con la Mente, una empresa aparentemente imposible en los momentos actuales. Tal es, sin embargo, la tarea de los discípulos espirituales de esta Nueva Era, una tarea propiciada y “bendecida” por las extraordinarias posiciones de los Astros con respecto a nuestro planeta y que puede ser compartida por todos los hombres y mujeres de buena voluntad del mundo.



VICENTE BELTRAN ANGLADA
Barcelona, bajo el Signo de Libra de 1979





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