jueves, 8 de diciembre de 2016

Ramtha ~ La creación, el arte de contemplar y convertirse.


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Ramtha ~ La creación, el arte de contemplar y convertirse.





Dios se había convertido en la unidad de pensamiento expandido hasta la luz, hasta la eminencia del sonido. Y vosotros os convertisteis en todo lo que apareció en el movimiento del Ahora hacia la eternidad, uno por uno, todos y cada uno. Y lo que se llama en verdad el pensamiento no tiene divisiones en lo que se llama el electro, sino que es el dador del electro en su masa más baja —esto hace que la luz sea un hijo sustancial del divino Padre—, y sin embargo contiene dentro de sí mismo todas las divisiones del electro. Cada luz que surgió con belleza manifiesta se desplazó con el pensamiento en un movimiento armonioso. Cada luz llevaba dentro la creación del gran pensamiento en su ser y contenía dentro de éste su propio y único estudio de la luz, el sonido de esta luz y su propio entendimiento eléctrico.

La luz contempló el pensamiento; la luz se convirtió en el pensamiento. Y el Dios de vuestro ser, nacido en la luz, cultivó a partir de sí mismo aquello que se llama en verdad el señor divino de vuestro ser llamado memoria, el pensamiento contemplativo que fue otorgado por el Padre a su hijo (al señor de vuestro ser), para que el hijo pudiera poseerlo, en verdad, como el Padre. Y he aquí que el soneto individualizado de cada entidad comenzó su expansión a través del movimiento del pensamiento, el divino Padre, la fuerza de la vida. Y mientras la vida estaba tejiendo su camino hacia la eternidad, su luz se separó mas se mantuvo agrupada, como una columna masiva en los cielos. Y mientras esta luz permanecía ahí apareció otra, y después otra, y otra más. Y cada fragmento de luz se convirtió en otro, y éste en otro. Y todos se situaron con lo que se llamarían en verdad los centinelas, que guardaban los perímetros de la eternidad dentro del pensamiento, pues éste era el dador.

Y el pensamiento contempló la luz, y he aquí que se había convertido en la luz, y su esencia estaría con ella para siempre. Ése fue el pacto.

«En el principio fue el verbo» —no fue así—, «y el verbo estaba con Dios» —y con el hombre. En el principio siempre fue el pensamiento y el pensamiento siempre ha estado con el hombre, pues el hombre es el pensamiento (1). Como centinelas alineados en la vía de la eternidad y el movimiento del sonido desdoblándose hacia el trueno del Ahora central, he aquí, todos acontecieron en sus regiones. Y cada columna de luz, que poseía el poder del pensamiento extraordinario condensado en el poder de su ser, se convirtió en fuente de pensamiento individualizado, pensamiento Dios.

¿Y el color? No había color. El color fue creado por la gran luz, que no es ni blanca ni pura ni invisible. Ella es. Es la dadora de todas las descripciones del color. Y cada centinela de la luz, a través del esperado proceso de su nacimiento, comenzó a crear por él mismo, y he aquí, fue la misma expansión. Cuando el centinela se hubo expandido a partir de sí mismo, creó su propia continuidad, y siguió, y siguió. Y he aquí que los centinelas de la luz representaron lo que se llama en verdad la continuidad del pensamiento del Ahora en forma de canción, frecuencia vibratoria y entendimiento. Y la luz brilló una y otra vez, siempre continua pero sin moverse, pues, ¿dónde podría ir si nunca termina, apostada en su brillantez? Y todos fueron vistos, si puedes visualizarlo, en un vacío en el que cada gran columna de luz permanecía brillantemente donde había sido creada. La luz empezó a crear sobre la fuente de su propia luz.

Y, he aquí, el primer centinela provocó su propia expansión, y de su propia expansión, en verdad, creó un universo más pequeño y otra actitud de ese universo. Y cuando otro centinela se sumó al vacío todos se sumaron al vacío, pues mientras cada uno cobraba vida por sí mismo, todos ellos comenzaron a expandirse.



(1) «En el principio fue el verbo, y el verbo estaba con Dios, y el verbo era Dios. El estaba con Dios en el principio. Todas las cosas se hicieron por él, y sin él nada se hizo. Lo que se hizo por él fue la vida, y esta vida fue la luz de la raza humana; la luz brilla en la oscuridad, y la oscuridad no la ha vencido». «Él estaba en el mundo, y el mundo se hizo por él, pero el mundo no lo conocía. El vino a lo que era suyo, pero su propia gente no lo aceptó».

«Y el verbo se convirtió en carne e hizo su morada entre nosotros, y vimos su gloria, la gloria como único hijo del Padre, lleno de gracia y verdad». Evangelio según San Juan 1:1-5; 10-11; 14.


Los orígenes de la civilización humana - Ramtha





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