viernes, 16 de diciembre de 2016

La jerarquía espiritual humana.


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La jerarquía espiritual humana.



En nuestra conversación del pasado mes analizamos la vida del hombre desde el ángulo de vista de su vinculación con el Cosmos y siguiendo, como de costumbre, el principio hermético de analogía. Vimos así que en su composición etérico-física, o aspecto objetivo de su vida psicológica, era un universo en miniatura dentro del cual se expresaban idénticas leyes y principios que en el dilatado esquema universal y que, con matemática precisión, se correspondían los centros etéricos y las glándulas endocrinas del ser humano con el sol, los planetas y todo el contenido estelar que en su conjunto constituyen el Cosmos manifestado.

Dejamos entrever, dentro de esta infinita corriente de analogía, que el entero proceso estructurador de sus vehículos y todas aquellas infinitas correspondencias cósmicas se sucedían por efecto de las leyes soberanas de la evolución y de la espiritual jerarquía, y que la perfecta sintonía de los centros etéricos con sus correspondientes glándulas endocrinas y la armonía de sus funciones fisiológicas eran el espejo mágico que nos permitía observarle, catalogarle y situarle En uno u otro peldaño de esta inmensa "Escalera de Jacob" que constituye la referencia psicológica de la propia evolución y se extiende desde los Reinos inferiores de la Naturaleza hasta la expresión cumbre de la vida espiritual de la propia Divinidad.

Nuestra intención en esta conversación de hoy es tratar de investigar al ser humano en el devenir de su intento creador, o de su progresivo ascenso por esta Escalera de Jacob simbólica, a partir de la evolución mística de cada uno de los centros etéricos por efecto del enaltecimiento de sus cualidades psicológicas y de ver cómo van introduciéndose paulatinamente en la vida del ser humano aquellos elementos espirituales que producen o determinan la Iniciación. Nuestro intento, como verán, será una continuidad de la idea de jerarquía espiritual tal como lo hicimos hasta aquí, pero aplicándola directamente a la entidad psicológica humana y siguiendo las absolutas directrices que marcan la actividad espiritual de los Siete Rayos y las corrientes astrológicas que provienen de las altas zonas zodiacales del Universo.


* EL HOMBRE, EL CENTRO DE LA EVOLUCIÓN PLANETARIA

Se nos dice esotéricamente que la humanidad es el centro místico de la evolución planetaria, ya que se halla situada en medio de las grandes expansiones de vida que proceden de los tres primeros Reinos de la Naturaleza, el mineral, el vegetal y el animal y de los tres excelsos Reinos superiores al humano, reconocido uno de ellos como Reino de los Cielos y los otros dos de carácter tan profundamente oculto que sólo pueden ser revelados en los procesos místicos de las más elevadas iniciaciones planetarias.

El Reino humano, el Cuarto Reino de la Naturaleza, es también una expresión del Cuarto Rayo definido esotéricamente en relación con la humanidad como el Rayo de “la Armonía a través del Conflicto”. La característica individual y psicológica de los seres humanos viene absolutamente matizada por el Quinto Rayo de la Mente el cual, a su debido tiempo, produjo el fenómeno iniciático de la INDIVIDUALIZACIÓN. En la unificación del Cuarto Reino humano con el Quinto principio creador de la Mente se inicia el misterio esotérico velado por aquellas enigmáticas palabras de alto significado oculto: “... el 9 es el número del hombre”, las cuales explican el por qué de aquel periodo de nueve meses que son necesarios para una correcta y natural construcción del vehículo físico del ser humano dentro del claustro materno.

Otras consideraciones de base en la línea de nuestro estudio, aparte de ésta que acabamos de exponer, serán sin duda aquellas que tienen absolutamente que ver con el principio de jerarquía espiritual expresado en “los doce trabajos de Hércules”, el gran Iniciado, símbolo de la perfección que debe alcanzar el hombre en cada uno de los signos del Zodíaco y también en cada uno de los siete Rayos. Este símbolo de la perfección que debe ser consumada al pasar el ser humano por los doce signos del Zodíaco y por cada uno de los siete Rayos, nos demuestra las complejidades y dificultades que tal perfección entraña y el por qué en los altos estudios esotéricos, revelados por la Kábala, se considera “el 10 como número de la perfección” que le corresponde a la humanidad.

En efecto, la suma de las 12 Constelaciones y de los 7 Rayos nos da el número 19 el cual, transformado en número dígito, se convierte en el 10 que simboliza dicha perfección humana y en el 1 que corresponde a la propia Divinidad creadora, un misterio que si se analiza profundamente nos muestra una armoniosa relación entre los cuerpos físicos, las fuerzas psíquicas y los poderes mentales y las elevadas energías espirituales que condicionan el proceso universal de la evolución.


* EL GRAN INICIADO HÉRCULES Y EL CORAZÓN HUMANO

Prestémosle una especial atención dentro del proceso jerarquizador de la Vida o evolución mística del ser humano, al centro de irradiación espiritual que es el chacra cardíaco. Cuando anteriormente hicimos referencia a “los 12 trabajos de Hércules”, símbolos de la actividad interna de los verdaderos discípulos, teníamos en cuenta la composición mística de dicho chacra el cual, tal como analizamos en nuestra conversación precedente, consta de 12 pétalos, estando misteriosamente vinculados cada uno de ellos con una u otra de las 12 Constelaciones del Zodíaco y también con los 12 planetas que constituyen el Esquema Solar del Señor del Universo. No obstante, y para una mejor comprensión mental del tema de la jerarquía espiritual que estamos examinando, concretaremos tales ideas en el sentido de que existe una misteriosa vinculación entre los doce planetas y las doce Constelaciones.

En algunos casos se conocen objetivamente tales vinculaciones, en otros persiste todavía el velo de un gran Secreto y de un absoluto misterio que el devenir del tiempo y el proceso de la evolución espiritual cuidarán de revelar. Tales son las Constelaciones que en la presente Era constituyen nuestro Cielo sideral: Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis. Los planetas deben seguir lógicamente la evolución espiritual de sus correspondientes Logos regentes y se dividen en: planetas sagrados, planetas no-sagrados y planetas desconocidos. Los planetas sagrados, es decir, aquellos cuyos Dioses creadores pasaron ya por la prueba de la Quinta Iniciación Cósmica, son los siguientes: Vulcano, Mercurio, Venus, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. Los planetas no-sagrados, que se hallan en Iniciaciones inferiores son: la Tierra, Marte y Plutón.

Hay dos planetas desconocidos todavía en sus aspectos objetivos, pero que ocultamente deberán ser tenidos cada vez más en cuenta en los estudios astrológicos. De estos dos planetas sólo sabemos que su descubrimiento en las postrimerías de la Raza Aria constituirá la perfección de la Ciencia Astrológica, o Astrología Esotérica. Estos dos planetas están velados, tal como místicamente se asegura, por el Sol y la Luna, muy importantes ambos para el desarrollo espiritual de los seres humanos y para la estructuración de sus vehículos expresivos y, según han podido observar algunos profundos investigadores esotéricos, tales planetas pertenecen a los Rayos Segundo y Cuarto, datos muy interesantes desde el ángulo oculto ya que el segundo Rayo es el Rayo del Señor del Universo y el Cuarto es el que le corresponde a la humanidad como Reino.

Hay una afirmación esotérica proveniente del más remoto pasado relacionada con el destino espiritual del hombre aquí en la Tierra, digna de ser tenida en cuenta por el profundo investigador de las leyes ocultas de la Naturaleza: “Tu debes cumplir, como HÉRCULES, los doce trabajos designados por el Señor”. Dicha afirmación halla su punto de expresión más concreta en lo que al ser humano se refiere en la evolución mística del Centro etérico del Corazón, es decir, de cada uno de sus pétalos constituyentes los cuales, de acuerdo con la analogía, están relacionados con las doce corrientes de energía que proceden de las Constelaciones zodiacales. De ahí la importancia que en la mística cristiana se le asigna al “Corazón de Jesús”.

Tal imagen mística concuerda perfectamente con las enseñanzas esotéricas de Oriente que le asignan al Corazón, en su función vitalizadora de todas las actividades del organismo físico y de regulador de las leyes evolutivas de la Naturaleza, el más psicológico, profundo y elevado de los significados. Así fueron creadas a su debido tiempo las grandes avenidas del AGNI YOGA, el Yoga de Síntesis, que le asignaron al CORAZON una nueva dimensionalidad y una más profunda significación por encima de todos los demás Yogas conocidos.

La relación del corazón humano con el Segundo Rayo de Amor Universal, con el planeta Júpiter(3) y con la esplendente estrella SIRIO fue tratada en conversaciones anteriores. Existen, no obstante, otras poderosas motivaciones que hacen del corazón el más importante Centro del ser humano en la presente Ronda planetaria. Esta motivación puede hallar una adecuada explicación en el significado místico de la composición de la Gran Fraternidad Crística con doce Apóstoles y un centro de irradiación solar, el propio Cristo, Quien, en nuestro corazón, ocupa el dorado centro denominado esotéricamente “la Joya e el Loto”, cuyo despertar se inicia con el pleno desarrollo de cada uno de los doce pétalos de esta sagrada Flor que es el chacra cardíaco. ¿Se dan ustedes cuenta de la maravillosa relación existente entre el Cristo y los doce Apóstoles, entre la Joya en el Loto y sus doce pétalos, entre el sol central del Universo y los doce planetas y entre estos planetas y cada una de las Constelaciones del Zodíaco?

Bien, estas consideraciones esotéricas que pueden ser fácilmente seguidas mediante la utilización del principio de la analogía, van informándonos progresivamente de cuál ha de ser nuestro verdadero destino creador. Nuestra próxima meta, aunque para una inmensa mayoría de la humanidad quizás sea todavía la meta más lejana, es la Iniciación. Pero, ¿qué es exactamente la Iniciación? Podríamos decir que es un estado de conciencia espiritual en el que la mente y el corazón se hallan plenamente integrados. Dicho equilibrio permite que en el interior del centro coronario, o Loto de Mil pétalos, se ilumine aquel compartimento sagrado o Sancta Santorum constituido por una flor de doce pétalos, cada uno de los cuales se halla vinculado con una u otra de las doce cualidades del Corazón y constituye el símbolo precioso de que HÉRCULES, el perfecto Discípulo espiritual, se ha convertido en un Adepto, en un Maestro de Compasión y de Sabiduría.

Hay entonces una muy directa relación mística entra el trabajo realizado por HÉRCULES en cada uno de los Signos del Zodíaco y la obra en cada uno de los Siete Rayos. El resultado de la misma constituye, tal como anteriormente señalamos, el número 10 de la perfección humana. El Adeptado constituye obviamente la gloria de la Liberación, hasta donde nuestra mente puede concebirla de acuerdo con su propia potencialidad natural, es decir, de acuerdo con el quinto gran principio cósmico de revelación, cuya expresión natural en la vida humana es la mente superior o trascendente.

Insistiendo nuevamente sobre el chacra cardíaco, contenedor del propio aliento espiritual monádico, vemos que su actividad es netamente liberadora por cuanto constituye no solamente el centro vitalizador del esquema físico del ser humano, sino también el centro de irradiación de las más elevadas aspiraciones de su alma. Tal como esotéricamente se nos dice el corazón es el centro de irradiación del propósito espiritual, el factor que dinamiza todas las actividades superiores de la conciencia. La mente, recipiente natural de actividades concretas, adquiere la capacidad esotérica de abstracción cuando el fuego del corazón la ha dinamizado con sus místicas proyecciones. De ahí las profundas palabras de Pablo de Tarso: “El hombre es tal como piensa en su corazón”, dándonos con ellas razón de la verdadera estatura espiritual del hombre, la cual ha de ser medida siempre en términos de corazón y no, tal como corrientemente se piensa, de capacidades mentales.

El corazón, hasta donde nos sea posible comprenderlo, es la balanza de la Justicia situada entre el rigor del karma y las posibilidades infinitas de Liberación. Es, por tanto, el centro de Síntesis, total y universal. Situado dentro del esquema individual entre los tres chacras superiores y los tres inferiores, ocupa dentro del organismo la posición de equilibrio y armonía asignada al Cuarto Rayo y al Cuarto Reino de la Naturaleza y, en una esfera más elevada y trascendente, refleja la posición de nuestro planeta, el Cuarto dentro de la Cuarta Ronda de una Cadena de Mundos dentro del Sistema Solar. Sólo el mágico equilibrio del Corazón hace que un hombre pueda acceder al Misterio Iniciático; el balanceo más o menos armonioso de sus movimientos hace que un hombre sea sensato o estúpido, sabio o ignorante, responsable o irresponsable...

La importancia del Corazón, el lugar que ocupa en el centro del cuerpo físico y de su contraparte etérica y las maravillosas oportunidades que le ofrece al ser humano en sus infinitas posibilidades de acción social y comunitaria, lo convierten en el centro esotérico de la más elevada trascendencia en el devenir de nuestra Cuarta Ronda planetaria y dentro del Universo de Segundo Rayo “en donde vivimos, nos movemos y tenernos el ser”.




(3) La analogía es todavía más perfecta si se tiene en cuenta que este planeta, el mayor de todos los que forman parte de nuestro Sistema Solar, tiene doce satélites girando a su alrededor.


Vicente Beltrán Anglada





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