miércoles, 6 de abril de 2016

sharing2A+ _Salsa. - La magia del Quinto Reino

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Salsa.





No corría el más mínimo soplo de aire, así que notaba incluso el vello que me iba creciendo en las axilas. También notaba que los callos de las plantas de los pies se me estaban haciendo cada vez más gruesos a medida que se iban secando capas más profundas de piel.

Nuestra caminata se interrumpió bruscamente. Nos detuvimos en el lugar en que dos palos cruzados habían señalado una tumba en otro tiempo.

El recordatorio ya no se sostenía derecho; las ataduras se habían podrido. Ahora sólo quedaban dos ramas viejas, una larga y otra corta.

Hacedor de Herramientas recogió las ramas, sacó una fina tira de piel de su vistosa dilli (1) y reconstruyó la cruz usando el tejido animal con precisión profesional. Varias personas recogieron grandes rocas esparcidas en las cercanías y las colocaron formando un óvalo sobre la arena. El recordatorio de la tumba quedó entonces anclado a la tierra.

-¿Es una tumba de la tribu? -pregunté a Outa.

-No -me contestó-. Albergaba a un Mutante. Hace muchos, muchos años que está aquí; olvidada desde hace tiempo por su gente y posiblemente incluso por el superviviente que la cavó.

-Entonces, ¿por qué la arreglan? -inquirí.

-¿Y por qué no? No comprendemos vuestras costumbres, no estamos de acuerdo con ellas ni las aceptamos, pero no las juzgamos tampoco. Honramos vuestra posición en el mundo. Estáis donde se supone que debéis estar, dadas vuestras alternativas pasadas y vuestra libre voluntad actual para tomar decisiones. Este lugar nos sirve a nosotros para el mismo propósito que cualquier otro lugar sagrado. Es un momento para detenerse a reflexionar, a confirmar nuestra relación con la Divina Unidad y con toda la vida. No queda nada ahí, ¿sabes?, ni siquiera los huesos. Pero mi nación respeta a tu nación. Bendecimos el lugar, lo liberamos y nos volvemos mejores porque hemos pasado por aquí.

Esa tarde me entregué a una meditación para examinar con todo cuidado los escombros de mi pasado. Fue un trabajo sucio, aterrador, peligroso incluso. Había defendido montones de viejas costumbres y creencias por interés personal. ¿Me habría detenido yo a reparar una tumba judía o budista? Recordaba que me había puesto nerviosa en un atasco de tráfico provocado por la gente que abandonaba un templo religioso. ¿Sería capaz ahora de mostrar la comprensión necesaria para guardar mi equilibrio, mostrarme imparcial y permitir a los demás que siguieran su propio camino con mis bendiciones? Empezaba a comprender:

automáticamente le damos algo a cada persona que conocemos, pero elegimos lo que queremos dar. Nuestras palabras, nuestros actos, deben crear el escenario para la vida que deseamos llevar.

De repente sopló una ráfaga de viento. El aire me lamió la piel dolorida, como la lengua rasposa de un gato. Apenas duró unos segundos, pero en cierto modo supe que no iba a ser fácil honrar tradiciones y valores que no comprendía y con los que no estaba de acuerdo, pero también que me reportaría inmensos beneficios.

Por la noche, bajo un cielo dominado por la luna llena, nos congregamos en torno a la fogata del campamento. Un resplandor naranja nos teñía el rostro, y la conversación derivaba hacia el tema de la comida. Era un diálogo abierto. Ellos me preguntaron y yo respondí cuanto me fue posible. Escucharon cada una de mis palabras. Les hablé de las manzanas, de cómo creábamos híbridos, hacíamos compota o la tradicional tarta. Ellos me prometieron buscarme manzanas silvestres para que las probara. Aprendí que los Auténticos eran esencialmente vegetarianos. Durante siglos habían comido frutas, ñames, bayas, frutos secos y semillas silvestres. Ocasionalmente añadían pescado y huevos a su dieta, cuando tales artículos se presentaban con el propósito de honrar su existencia, de formar parte del cuerpo del aborigen.

Ellos prefieren no comer cosas que tengan «cara». Siempre han molido el grano, y sólo cuando los empujaron desde la costa hacia el Outback se hizo necesaria la ingestión de carne.

Les describí un restaurante y el modo en que se servían las comidas en platos decorados.

Mencioné la salsa. La idea resultó confusa para ellos. ¿Por qué cubrir la carne con salsa? Así que acepté hacerles una demostración. Desde luego no tenía la cacerola adecuada. Hasta entonces nuestra cocina había consistido en trozos pequeños de carne, que solían colocarse sobre la arena después de apartar las ascuas a un lado. Algunas veces la carne se clavaba en espetones apoyados en palos. Ocasionalmente se hacía una especie de estofado con carne, vegetales, hierbas y la preciosa agua. En el campamento hallé una piel de las que usábamos para dormir; era suave y sin pelo, y con ayuda de Maestra en Costura conseguimos unos bordes curvos. Ella siempre llevaba una bolsa especial alrededor del cuello; contenía agujas de hueso y tendones. Yo derretí grasa animal en el centro, y cuando quedó líquida añadí un poco de polvo del que habían molido antes, además de hierba de las salinas, una pepita de pimienta picante, triturada, y finalmente agua. Cuando espesó, la eché por encima de la carne troceada que habíamos ser
vido antes, y que era de una criatura muy extraña llamada clamidosauro de King, un lagarto con una membrana en torno al cuello en forma de pechera.

La salsa provocó nuevas expresiones faciales y comentarios de todos los que la probaron, pero mostraron mucho tacto. En aquel momento mi memoria retrocedió quince años.

Yo me había inscrito para la elección de Señora América, y me había encontrado con que una parte del concurso nacional consistía en presentar una receta original a la cazuela. Cada día, durante dos semanas, estuve preparando platos a la cazuela. Catorce cenas consecutivas las dedicamos a comer y valorar el sabor, aspecto y textura de cada nuevo plato, en busca de un posible ganador. Mis hijos no se negaron nunca a comer, pero pronto se convirtieron en maestros en el arte de decir con tacto lo que pensaban. Tuvieron que soportar algunos sabores muy poco convencionales para apoyar a su madre. Cuando gané el título de «Señora Kansas», ambos gritaron para celebrarlo: «¡Hemos superado el Desafío de la Cazuela!».

En el desierto veía la misma expresión de mis hijos en el rostro de mis compañeros. Nos divertíamos con casi todo lo que hacíamos, y aquello también provocó grandes risas. Pero su búsqueda espiritual está tan presente en todas sus actividades que no me sorprendí cuando alguien comentó que la salsa era un símbolo del sistema de valores de los Mutantes. En lugar de vivir la verdad, los Mutantes permiten que las circunstancias y condiciones entierren una ley universal bajo una mezcla de conveniencia, materialismo e inseguridad.

Lo más interesante de sus comentarios y observaciones fue que nunca me sentí criticada ni juzgada. Ellos no juzgaban jamás que mi gente estuviera equivocada y que su tribu tuviera la razón. Era más bien como un adulto afectuoso observando a un niño que lucha por ponerse el zapato izquierdo en el pie derecho. ¿Quién dice que no se puede recorrer un buena distancia caminando con los zapatos cambiados? Tal vez haya una valiosa lección en los juanetes y las ampollas, pero es un sufrimiento que a un ser mayor y más sabio le parece ciertamente innecesario.

También hablamos de los pasteles de cumpleaños y el sabroso glaseado. La analogía que establecieron con el glaseado me pareció muy convincente. Parecía simbolizar todo el tiempo que pierden los Mutantes en objetivos artificiales, hueros, temporales, decorativos y edulcorados en el espacio de una generación, de modo que en realidad son muy escasos los momentos de su vida que dedican a descubrir quiénes son y cuál es su ser eterno.

Cuando les hablé de las fiestas de cumpleaños, me escucharon atentamente. Hablé del pastel, de las canciones, de los regalos, y de la nueva vela que se incorpora cada año.

-¿Para qué lo hacéis? -me preguntaron-. Para nosotros una celebración significa algo especial.

Pero no hay nada especial en hacerse viejo. No exige ningún esfuerzo. Ocurre, simplemente.

-Si no celebráis que os hacéis mayores -dije yo-, ¿qué celebráis?

-Que nos volvemos mejores -fue la respuesta-. Lo celebramos si este año somos personas mejores y más sabias que el año pasado. Sólo uno mismo puede saberlo, así que eres tú quien debe decirle a los demás cuándo ha llegado el momento de celebrar la fiesta.

«Vaya, vaya -pensé-, eso es algo que debo recordar.»

Es realmente asombrosa la cantidad de comida silvestre nutritiva que hay disponible y el modo en que aparece cuando la necesitan. El aspecto de las regiones áridas, que parecen inhóspitas, es engañoso. En el suelo yermo hay semillas con vainas muy gruesas. Cuando llegan las lluvias, las semillas enraízan y el paisaje se transforma. Aun así, al cabo de unos pocos días las flores han completado el ciclo de su existencia, los vientos esparcen las semillas y la tierra vuelve a su estado áspero y agostado.

En diferentes lugares del desierto, en regiones más cercanas a la costa y en las zonas del norte, más tropicales, disfrutamos de comidas copiosas utilizando una especie de judías.

Hallamos fruta y una miel estupenda para nuestro té de corteza de sasafrás silvestre. En otro lugar pelamos la corteza de los árboles. La utilizamos para abrigamos, envolver comida y masticarla por sus propiedades aromáticas que aclaran las congestiones de cabeza.

Muchos arbustos tienen hojas con las que pueden hacerse aceites medicinales con los que tratar invasiones bacterianas. Actúan como astringentes que liberan al cuerpo de infecciones y parásitos estomacales. El látex, el fluido que contienen los tallos de algunas plantas y ciertas hojas, sirve para eliminar verrugas, callos y duricias. Los aborígenes disponen incluso de alcaloides, como la quinina. Se estrujan plantas aromáticas y se mojan en agua hasta que el fluido cambia de color. Luego se frotan el pecho y la espalda con él. Si se calienta, se inhala el vapor. Al parecer sirven para limpiar la sangre, estimular las glándulas linfáticas y como ayuda para el sistema inmunológico. Existe un pequeño árbol semejante al sauce que tiene muchas de las propiedades de la aspirina. Se toma para malestares internos, para el dolor producido por torceduras o fracturas, así como para aliviar dolores y punzadas menos importantes de músculos y articulaciones. También es eficaz contra las erosiones de la piel. Otras cortezas
se utilizan para diarreas, y con la resina de algunas otras, disuelta en agua, se hace jarabe para la tos.

En general, aquella tribu aborigen era extraordinariamente saludable. Más tarde conseguí identificar algunos de los pétalos de flores que comíamos por su acción contra la bacteria de la fiebre tifoidea. Me preguntaba si tal vez así reforzaban su sistema inmunológico, de modo muy parecido al de nuestras vacunas. Lo que sí sé es que el cuesco de lobo australiano, una variedad de hongo muy grande, contiene una sustancia anticancerígena llamada calvacina, actualmente en estudio. También tienen una sustancia antitumoral llamada acronicina, que se encuentra en una corteza.

Los aborígenes descubrieron las extrañas propiedades del solano australiano hace siglos.

La medicina moderna obtiene de él el esteroide solasodina, que se utiliza para los anticonceptivos orales. El Anciano me advirtió que ellos están seguros de que las nuevas vidas que llegan al mundo deben hacerlo por decisión propia, con el propósito de amarlas y darles la bienvenida. Una nueva vida para la tribu de los Auténticos ha sido siempre, desde el principio de los tiempos, un acto creativo consciente. El nacimiento de un niño significa que han proporcionado un cuerpo terrenal a un alma compañera. Al contrario que nuestra sociedad, ellos no esperan siempre que los cuerpos aparezcan sin defectos. Es la joya invisible que se lleva en el interior la que carece de defectos y da, al tiempo que recibe, ayuda en el proyecto común de las almas para refinarse y mejorar.

Yo tuve la impresión de que si ellos rezaran a nuestro modo, no sería para pedir por el niño abortado sino por el niño no deseado. Todas las almas que deciden experimentar la existencia humana serán honradas, si no a través de un padre y unas circunstancias determinadas, a través de otro, en otro tiempo. El Anciano me comentó que el promiscuo comportamiento sexual de ciertas tribus, sin tomar en consideración el nacimiento resultante, era tal vez el mayor retroceso que había dado la humanidad. Ellos creen que el espíritu entra en el feto cuando anuncia su presencia al mundo mediante el movimiento. Para ellos un niño que nace muerto es un cuerpo que no albergaba ningún espíritu.

Los Auténticos han localizado también una planta silvestre del tabaco. Utilizan las hojas para fumar en pipa en ocasiones especiales. Ellos siguen usando el tabaco como una sustancia única y rara, porque no abunda, que puede producir una sensación de euforia y crear adicción.

Se utiliza simbólicamente para saludar a los visitantes o iniciar reuniones. Yo encontré cierta similitud entre su respeto por la planta del tabaco y las tradiciones de los indios americanos.

Mis amigos hablaban a menudo de la tierra que pisábamos, recordándome que era el polvo de nuestros antepasados. Ellos decían que en realidad las cosas no mueren, sólo se transforman.

Hablaron del cuerpo humano, que vuelve a la tierra para servir de alimento a las plantas, que a su vez son la única fuente de oxígeno para los humanos. Parecían ser mucho más conscientes del valor de las moléculas de oxígeno que necesitan todos los seres vivientes que la inmensa mayoría de la gente norteamericana que conozco.

Los miembros de la tribu de los Auténticos tienen una vista increíble. El pigmento rutina, que se encuentra en diversas plantas autóctonas, es una aceptable sustancia química que se usa en drogas oftalmológicas para combatir la fragilidad de los capilares y vasos sanguíneos del ojo. Al parecer, a lo largo de los miles de años en los que los aborígenes fueron los únicos habitantes de Australia, supieron descubrir los efectos que producían los alimentos en el cuerpo.

Uno de los problemas de comer lo que crece de forma silvestre es que existen múltiples plantas venenosas. Ellos reconocen de inmediato lo que supera los límites permisibles. Han aprendido a eliminar las partes venenosas, pero me contaron con tristeza que algunas de las ramas del tronco de la raza aborigen, que habían vuelto al comportamiento agresivo, eran conocidas por utilizar el veneno contra enemigos humanos.

Cuando ya llevaba cierto tiempo viajando con el grupo, empezaron a aceptar mis preguntas como una parte realmente necesaria para mi comprensión personal. Abordé también el tema del canibalismo. Yo había leído los relatos que se hacían en los libros de historia y había oído bromas de mis amigos australianos con referencia a los aborígenes que se comían a la gente, incluso a sus propios hijos recién nacidos. «¿Era eso cierto?», pregunté.

Sí. Desde el alba de los tiempos, los humanos han experimentado con todas las cosas.

Tampoco allí, en aquel continente, se había podido evitar. Ciertas tribus aborígenes tuvieron reyes, hubo también gobernantes femeninos, otras raptaron a personas de grupos diferentes, y otras comieron carne humana. Los Mutantes matan y se van, dejando el cadáver para que se encarguen de él. Los caníbales mataban y usaban el cuerpo para alimentarse. El propósito de un grupo no es mejor ni peor que el del otro. Matar a un ser humano, tanto si es para protegerse como para vengarse, por conveniencia o para comer, es siempre lo mismo. No matar a ninguno es lo que diferencia a los Auténticos de las criaturas humanas mutantes.

«No hay moral en la guerra -dijeron-. Pero los caníbales jamás mataron en un día más de lo que podían comer. En vuestras guerras se matan miles de personas en unos minutos. Tal vez sería bueno sugerir a vuestros líderes que ambos bandos de vuestras guerras acordaran sólo cinco minutos de combate. Luego deberían permitir a los padres acudir al campo de batalla para recoger los cuerpos y miembros de sus hijos, llevárselos a casa, llorarlos y enterrarlos. Después de eso, podrían acordarse otros cinco minutos de batalla, o quizá no. Es difícil hallar sentido a lo absurdo.»

Esa noche, tumbada sobre la fina piel que impedía el contacto de mi boca y ojos con la tierra de arenisca, pensé en el largo camino recorrido por la humanidad en muchos aspectos, y en cuánto nos hemos desviado del rumbo correcto en muchos otros.



Extracto de: LAS VOCES DEL DESIERTO - MARLO MORGAN


(1) Dilli no tiene traducción exacta.
Es una palabra nativa para designar las bolsas de fibras vegetales y corteza de árbol tejidas por los aborígenes. (N. de la T.)

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La magia del Quinto Reino.





* LA MAGIA DEL QUINTO REINO

El tema que va a constituir la base de nuestra conversación de hoy está directamente relacionado con la aplicación correcta de la Magia, es decir, con la Magia Blanca, y se refiere muy concretamente a la vida del Quinto Reino de la Naturaleza, aquel que Cristo definió como “el Reino de los Cielos”. Esta Vida Omniabarcante del Quinto Reino, profundamente mística y esotérica, está constituido por todas aquellas gloriosas Entidades espirituales, antiguos miembros de nuestra Humanidad terrestre, que lograron acceder a la gloria de la Liberación tras haber consumado su destino kármico como seres humanos aquí en la Tierra.

Pero, antes de orientar definitivamente nuestra conversación hacia este interesante, subjetivo y místico tema, debo hacerles ciertas obligadas y necesarias recomendaciones, las mismas que preconizaba el Gran Señor BUDDHA a todos los sinceros investigadores de la Verdad: “…que no hay que creer ni aceptar idea alguna, palabra o consejo por el sólo hecho de oírlas de boca de alguien a quien consideramos una autoridad espiritual, qué no hay que creer ciegamente lo que se halla escrito en los libros sagrados de no importa qué religión, filosofía o credo porque se nos haya dicho que fueron escritos por hombres sabios, o inspiraciones verbales de la propia Divinidad a algún inspirado Santo, ni aceptar las grandes fantasías de los artistas porque se afirme que fueron inspiraciones de los Devas; tampoco hay que creer en las tradiciones del pasado basándose en su antigüedad, ni en las mil hipótesis que pueda formular nuestra mente sobre algún determinado aspecto de la Verdad, sino que hay que aceptar únicamente aquello que nuestro ser interno admita irreservadamente como verdad y venga avalado por la aquiescencia de nuestro corazón en forma total, desapasionada y libre”.

Sólo poniendo en práctica estas recomendaciones con absoluta responsabilidad podremos abordar conjuntamente el tema del Quinto Reino de la Naturaleza y extraer del mismo todos los significados que nos sea posible para poder aplicarlos luego prácticamente en el devenir de nuestra existencia cotidiana.

Vamos a iniciar nuestra conversación siguiendo como siempre las obligadas reglas de la analogía, adaptándonos a las leyes de la evolución que rigen para todos los Reinos de la Naturaleza y considerando a cada uno de ellos como la gloriosa manifestación de un Arquetipo de perfección que la Divinidad se ha propuesto realizar en el incesante devenir de Su existencia universal, es decir, un sublime e indescriptible intento de expresar por medio de formas cada vez más armoniosas y bellas las altas cualidades de su Alma y reconocer, al propio tiempo, que el término místico de Sendero utilizado al cualificar la línea de luz que va del corazón del hombre al Corazón inmortal de la Divinidad, puede ser aplicado a todas las almas vivientes, sea cual sea el Reino al cual pertenezcan y las definidas especies dentro del mismo donde realizan sus particulares evoluciones.

Hay que aceptar la idea de Jerarquía espiritual y sus definidas funciones en la evolución de cada Reino como un HECHO consubstancial con la vida mística de la Naturaleza y como una explicación racional y científica de las leyes inmutables que rigen la evolución total del Universo. Así, pues, el Quinto Reino o Reino de las Almas Iluminadas, debe ser aceptado como un hecho natural, lo mismo que aceptamos de acuerdo con la evolución de las especies que hay una progresión constante e ininterrumpida de la Vida de la Naturaleza que se eleva del Reino mineral al Reino vegetal y de éste al Reino animal. La Humanidad, el Cuarto Reino, se halla situado así virtualmente en el centro mismo de la evolución planetaria y parece ser, lógicamente, que tiene asignada la misión de preparar la conciencia del Reino animal para que un día pueda obtener conciencia humana y, como un supremo deber divino en la vida de la Naturaleza tiene ante sí, como meta suprema de todas sus aspiraciones, elevar la conciencia al Quinto Reino y convertirse en un ciudadano del mismo, es decir, en un Alma Iluminada.

Desde el ángulo de vista espiritual o del desarrollo de la conciencia, la Jerarquía planetaria constituida por todos los Seres espirituales que trascendieron la existencia humana constituye el Centro OMEGA de todas nuestras más elevadas aspiraciones y sublimes anhelos. Admitida esta idea, cabe preguntarse... ¿Cuál es la misión asignada a este maravilloso Reino espiritual?, ¿a qué extrañas e insondables razones de vida obedece?

Podríamos decir que el Quinto Reino es una etapa más avanzada dentro de las líneas universales de la evolución y que la misión más definida de sus ciudadanos, de acuerdo con nuestros estudios esotéricos, es preparar a la humanidad para que pueda introducirse conscientemente en la esfera inmaculada de luz, amor y poder del Reino que representan.

Para lograr tal objetivo -y siguiendo una antiquísima regla esotérica denominada Iniciación- las unidades de vida humana cuyas conciencias están mucho más avanzadas que las del resto de la humanidad y se ajustan a ciertos obligados requisitos técnicos, éticos y espirituales, son introducidas progresivamente en el Reino de las Almas Iluminadas y con el tiempo llegan a convertirse en Hombres perfectos, en Aquellos a los cuales la tradición esotérica y mística denomina Adeptos o Maestros de Compasión y de Sabiduría.

Las oportunidades ofrecidas y las perspectivas abiertas hacia ese trascendente estado de evolución que se extiende de lo humano a lo divino, son idénticas para todos los seres humanos. La conocida frase bíblica “...Muchos son los llamados pero pocos los elegidos”, da únicamente razón de la dureza de las pruebas y las disciplinas a las que deberán ajustarse aquellos que “ardientemente deseen alcanzar el Reino de los Cielos”. La Ley divina expresa la Voluntad de que todos los hombres lleguen a ser perfectos; la perfección no pertenece sin embargo a Dios sino al hombre que es el que debe realizar el necesario esfuerzo y someterse en cuerpo y alma -tal como místicamente se dice- al ejercicio de la Ley infinita de Salvación.

En nuestra conversación de hoy no nos referiremos a las exigencias sociales a las cuales todo ser humano debe ajustarse y cuyo cumplimiento perfecto adopta en nuestros estudios esotéricos el término místico de “discipulado”. Este tema lo desarrollaremos más adelante, en una conversación posterior, ya que lo que nos interesa fundamentalmente en la de hoy es clarificar hasta donde nos sea posible la idea del Quinto Reino de la Naturaleza o de la Jerarquía espiritual de nuestro mundo.


* EL REINO ESPIRITUAL

Entrando definidamente en el tema cabía preguntarse: ¿Tenemos alguna idea acerca del Reino espiritual? Y si la tenemos, ¿cómo enfrentamos su mística realidad? Y en caso de que tengamos dudas acerca de su existencia... ¿Cómo podríamos planteamos racional y científicamente el problema de la evolución con respecto a todos los Reinos de la Naturaleza?

¿O es que creemos quizás que la vida universal o la de la Naturaleza en la prodigalidad de sus especies, conocidas y desconocidas, se extingue o que culmina en el Reino humano?

Para mí la vida del Quinto Reino, o Reino espiritual, es algo más que una mera hipótesis, la considero por el contrario, como una Realidad viva y hasta cierto punto tangible, así como la clave substancial de la existencia humana y el centro de resolución de todos los problemas y situaciones sociales conflictivas que está enfrentando la humanidad.

No obstante esta serena convicción, aceptada y mantenida por otros muchos miles de seres humanos, les remito a lo dicho al principio de esta conversación, es decir, que no acepten nada de los que les vaya diciendo si no es con la plena y total aquiescencia de sus mentes y corazones. Los puntos obscuros acerca de la Jerarquía espiritual, o Quinto Reino, como por ejemplo su instauración en el planeta, algunas de sus funciones específicas en relación con los demás Reinos de la Naturaleza, la presentación de ciertos excelsos Seres dentro de las funciones jerárquicas, cuyo origen se pierde en las insondables profundidades cósmicas y surgen como Centros de Vida Iluminada y como Promotores Celestes de evoluciones y civilizaciones perdidas en las indescriptibles oquedades de la historia de nuestro planeta, deben quedar naturalmente sujetos al examen impersonal nacido de una duda realmente inteligente. Estoy seguro, sin embargo, de que alguno de tales puntos quedará ampliamente clarificado con tal que apliquemos correctamente el principio hermético de analogía, exigido en toda investigación de carácter esotérico.

Partiendo de estas premisas de base voy a someter a la consideración de ustedes lo más clara y sencillamente que me sea posible una explicación acerca del principio de Jerarquía, el cual constituye una de las normas evolutivas dentro del gran complejo universal en donde vivimos inmersos. Se trata fundamentalmente de reconocer dicho principio actuante en el Quinto Reino en el sentido de “guía, dirección y plan organizado” con respecto a la humanidad y como una consecuencia inevitable de la ley de evolución tal como aparentemente se lleva a cabo en la totalidad del Sistema cósmico. Jerarquía implica, lógicamente, poder, guía, autoridad y reconocimiento de la necesidad de un orden universal. En el aspecto esotérico implica, además, regeneración, redención y servicio creador, es decir, técnicamente MAGIA organizada. Cuando aplicamos tales cualidades a nuestra Jerarquía planetaria tenemos en cuenta “el inmenso clamor invocativo” que se eleva de los Reinos inferiores exigiendo redención o liberación e “hiriendo los Oídos del Señor” y la respuesta de la Divinidad en forma de Enviados Celestes, cualificando así la Doctrina de los Avatares, de los Magos Supremos del Universo.

Se produce entonces una enorme crisis de valores substanciales dentro del contenido planetario y, analógicamente, una creciente expansión de los poderes espirituales latentes en cada uno de los estratos o niveles de conciencia de donde arranca “el clamor invocativo” y en donde se desarrollan y tienen su campo de expresión los tres primeros Reinos de la Naturaleza. La crisis iniciática que centralizó el potente clamor invocativo que se elevaba de los estratos superiores de conciencia en el Reino animal, tuvo lugar en nuestro planeta hace unos diecinueve millones de años, según unos cómputos de tiempo esotéricamente facilitados, pero que seguramente jamás podremos comprobar. Sus consecuencias, sin embargo, fueron tremendas ya que, al parecer, todas las energías de la Naturaleza fueron dinámicamente estimuladas y dirigidas hacia aspectos superiores de vibración y sensibilidad hasta aquel momento ocultos en los profundísimos e ignorados repliegues de la vida de los Reinos, allí, en donde se nos dice, se opera la Gran Alquimia Mágica que produce Redención.


* LA RESPUESTA DEL SEÑOR

El clamor invocativo o Nota típica de la evolución que procedía de los tres primeros Reinos, animal, vegetal y animal, tuvo en este último un carácter supremamente decisivo ya que, utilizando nuevamente una frase muy simbólica “llegó a herir muy vivamente los Oídos del Señor” y a evocar de ÉSTE una respuesta asimismo supremamente intensa que modificó sensiblemente la Faz de la Tierra.

La respuesta del LOGOS SOLAR fue la instauración de la Jerarquía Espiritual en nuestro planeta, es decir, el Reino de Dios y de Su Justicia, hasta aquel momento desconocido e irrevelado por cuanto el planeta en su totalidad no había manifestado todavía un ansia suprema de redención. Veamos ahora algunas de sus particularidades y consecuencias positivas inmediatas. Se nos dice esotéricamente que el Logos planetario de nuestro Esquema Terrestre encarnó místicamente en la Tierra por medio de Aquel indescriptible y excelso Ser conocido en la literatura teosófica como SANAT KUMARA, o Señor del Mundo, Quien asumió la tarea de conducir la evolución planetaria y el ritmo de la vida espiritual “en forma personal y directa” -si es que podemos utilizar semejante expresión tan aparentemente limitadora.

Se nos dice también, y apelo aquí al sentido intuitivo que hayan logrado ustedes desarrollar, que SANAT KUMARA es un exaltado adepto procedente de la Gran Logia Espiritual del planeta Venus que aceptó limitar los inconcebibles poderes de Su indescriptible Conciencia para adaptarlos a la expresión etérica de la Tierra a fin de proveer al Logos planetario de un Cuerpo sutil o Vehículo de materia radiante mediante el cual y en virtud de las extraordinarias capacidades de Síntesis que poseía, pudiese establecer contacto consciente con su Cuerpo de expresión física, nuestro planeta.

Aquí podrán ver ustedes de nuevo reflejada la eterna analogía del simbolismo del Cáliz y del Verbo. SANAT KUMARA, encarnando el triple Sonido universal A.U.M. ofrece el Cáliz de Sus radiantes Vehículos al Logos planetario, Quien es una expresión espiritual del O.M. Solar, el Verbo de Revelación, de la misma manera que el Maestro Jesús ofreció su triple Cuerpo purificado para que lo habitara el Cristo. La personalidad humana, o alma en encarnación, ofrece asimismo su triple vehículo de manifestación, la mente, el cuerpo emocional y el cuerpo físico para que pueda morar allí el Yo superior o Alma solar...

Como consecuencia de la instauración de la Jerarquía espiritual sobre la Tierra, fue acelerado el ritmo o capacidad vibratoria de los elementos etéricos de la Naturaleza con sus consecuentes repercusiones en el devenir de la evolución planetaria como un todo.

Por ejemplo, el Reino mineral desarrolló un poder hasta aquel momento dormido en sus profundas entrañas y sufrieron tan tremendas modificaciones las líneas estructurales de los elementos químicos que constituían la materia de aquel Reino que algunos de ellos se volvieron “radioactivos”.

El Reino vegetal elevó asimismo su grado de sintonía o de sensibilidad y -tal como esotéricamente se nos dice- la Tierra floreció al paso de los Dioses”. El suelo se cubrió de un color verde hasta aquel momento desconocido, ya que existía solamente en los niveles arquetípicos del Reino; aparecieron asimismo flores de rara y desconocida belleza y algunas unidades de este Reino vegetal adquirieron cierta sensibilidad psíquica. En el Reino animal el impulso de vida de la recién constituida Jerarquía fue tan extraordinario y generó tal potencia expansiva que un gran número de hombres-animales, o animales de evolución semiconsciente, productos selectivos del tercer Reino, pasaron por una potentísima crisis iniciática y convirtiéronse en seres humanos, en aquellos que en su totalidad y en el transcurso de las edades conoceremos como la Humanidad, el Cuarto Reino de la Naturaleza.

Al llegar a este punto de nuestra conversación podemos decir que nos hemos introducido ya profundamente en el tema de la Jerarquía planetaria, ya que fue como resultado directo de su instauración aquí en la Tierra que vino el Reino humano a la existencia. El fenómeno de la INDIVIDUALIZACIÓN, el proceso mágico o alquímico mediante el cual el hombre animal pudo adquirir mente razonadora y vida autoconsciente es en realidad una Iniciación, un Misterio sagrado revelado por el Ser divino Creador de nuestro Planeta. El término Iniciación, aplicado frecuentemente en nuestros estudios esotéricos, implica siempre luz, redención y ascensión, toma de conciencia en otro nivel, en otro Plano o en otro Reino, la aceleración del ritmo vibratorio y la participación consciente en ciertos Misterios de orden cósmico.

Desde tal punto de vista resulta lógico suponer que el Reino de las Almas Liberadas, o Quinto Reino, es la meta inmediata de la evolución psicológica de los seres humanos, el nivel de ascensión requerido para todas aquellas unidades de conciencia dentro de la humanidad que alcanzaron cierto grado de integración espiritual que les permite “ser admitidos” -siquiera con carácter de prueba- en alguna de las Escuelas de Misterios de la Jerarquía, para aprender allí las técnicas precisas y los requeridos conocimientos espirituales que les posibilitará en un futuro más o menos lejano, acceder a la Iniciación en uno u otro de aquellos sagrados Misterios.

Los esfuerzos requeridos de aproximación a los posibles Centros iniciáticos de la Jerarquía están muy claramente señalados en el significado místico del término SENDERO, sobre el cual están tácitamente de acuerdo todas las grandes religiones del mundo. Técnicamente podríamos añadir que SENDERO es la línea ascensional de luz que arranca del corazón o de la mente de los seres humanos y tiene su punto de confluencia en el centro coronario o “Loto de mil pétalos”, localizado en la parte superior de la cabeza. Que unos arranquen en sus pesquisas a partir de sus sentimientos místicos y que otros lo hagan siguiendo unas líneas netamente mentales, el objetivo a alcanzar será siempre el mismo, la integración de los aspectos psicológicos reconocidos y un contacto consciente con la parte superior o espiritual desconocida. El resultado final será de “fusión” con determinados niveles superiores del propio Reino o de contacto con otro Reino superior.

Bien, en nuestra conversación de hoy hemos tratado de investigar las razones que según tradiciones esotéricas de la más lejana antigüedad y basadas en las leyes inmutables de la Magia organizada de la evolución, concurren en la identidad, expresión y características del Quinto Reino de la Naturaleza. Nos hemos introducido así en aquello que místicamente denominamos “los Vestíbulos de la Casa del Padre”, los lugares sagrados en donde el Hijo pródigo, el alma humana, es aleccionada en los Misterios de la propia Divinidad y aprende las técnicas de aproximación y de contacto con los mismos para adquirir finalmente la requerida capacidad de fusión o de unión que ha de convertirla en un Iniciado, en un ciudadano plenamente consciente del Quinto Reino de la Naturaleza, es decir, en un Miembro cualificado de la Jerarquía espiritual planetaria.

Pregunta: ¿Podría ser usted algo más explícito o concreto acerca de esta Jerarquía planetaria, o Quinto Reino de la Naturaleza, decirnos, por ejemplo, cómo está constituida y cómo funciona internamente?

Respuesta: Esta pregunta es muy interesante y su amplia temática será desarrollada en una próxima conversación. Pero, de momento, puedo adelantarle que la Logia Blanca de nuestro planeta, nombre bajo el cual es conocida esotéricamente también la Jerarquía planetaria, está formada por una Corporación de exaltados Seres espirituales agrupados en orden a jerarquías alrededor de SANAT KUMARA, el Señor del Mundo, al Cual ya hicimos referencia durante el curso de nuestra conversación. Esta Corporación de Almas Iluminadas está constituida en orden a niveles de evolución espiritual de los Miembros de esta Fraternidad, la cual se extiende desde el propio SANAT KUMARA al más humilde Iniciado, pasando por los grandes Buddhas esotéricos y exotéricos, por los grandes Guías de Departamento, por los poderosos Chohanes de Rayo, por los Maestros de Compasión y de Sabiduría, inmediatos Guías de nuestra evolución terrestre y por una infinita gradación o jerarquía de Ángeles o Devas que participan asimismo de las tareas ejecutivas que lleva implícitas el proceso evolutivo de la Naturaleza.

¿Cómo funciona internamente dicha Jerarquía? Funciona internamente, y ahí se halla el más sagrado de los Misterios, según los imperativos del Amor, de la Verdad y de la Justicia.

Cada uno de Sus miembros cumple una parte determinada o específica dentro del Plan sabiamente estructurado por la Divinidad planetaria y su ejercicio abarca la totalidad evolutiva del planeta Tierra con sus Reinos, Razas, Especies, Jerarquías dévicas y el incalculable número de criaturas que viven en las sutiles dimensiones del Espacio y llenan con sus pequeñas aunque importantes vidas las ideas creativas de la Divinidad, a partir del increíble universo de los elementos químicos y el complejo mundo de los átomos. Nuestra conversación de hoy no ha permitido extendernos mucho acerca de las Jerarquías y de las funciones jerárquicas. Más adelante, sin embargo, deberemos volver sobre el tema del Quinto Reino y enfocar nuestras conversaciones sobre la oculta organización de la Jerarquía y del trabajo creador que realizan Sus miembros, de acuerdo con sus tipos de Rayo y el grado de evolución alcanzado a escala cósmica...

Pregunta: Usted se ha referido a los Chohanes de Rayo. ¿Podría decirnos a qué se refiere exactamente cuando habla de los mismos? ¿Qué son los Chohanes? ¿Qué son los Rayos?

Respuesta: El tema de los Siete Rayos, que lógicamente deberá abarcar la idea de los Chohanes de Rayo, es muy extenso y está previsto para una serie de conversaciones posteriores.

Sin embargo y concretando lo máximo posible, le diré que los Siete Rayos son unas corrientes de energía que arrancan del Corazón místico de la Divinidad solar y se proyectan en el Universo creando todo su contenido mental, emocional y físico, todas las situaciones psicológicas, todas las oportunidades cíclicas y el impulso total de la evolución. Con respecto a los Chohanes de Rayo debo decirle, de acuerdo con la sabiduría esotérica, que son los Guías responsables de la expresión de estos Rayos en la evolución espiritual del planeta y que cada uno de ELLOS se halla ubicado en una u otra de aquellas poderosas energías de los Rayos e íntimamente relacionados con alguno de los Siete Logos planetarios, Señores de los Siete planetas sagrados, siendo tales planetas los Cuerpos de expresión de aquellos Rayos. No puedo ser más explícito en estos momentos; lo dicho es sólo un débil fragmento del inmenso campo de estudio de los Rayos al cual dedicaremos nuestra atención próximamente.

Pregunta: ¿Tienen que ver las funciones psicológicas de la Jerarquía planetaria con la idea de Magia Blanca a que usted se refirió en pasadas conversaciones?

Respuesta: Evidentemente la tienen y en forma total, ya que tales funciones están relacionadas con la expansión correcta de la energía de los Rayos de la Divinidad solar con destino a nuestro planeta, con la misión definida de crear formas para que puedan expresarse las almas en cualquier Plano, Reino o Dimensión de la Naturaleza. Tal como dijimos en una parte de nuestra conversación, existen unos Maestros dentro de la Jerarquía con la misión de atender la evolución del Reino mineral, otros lo hacen con respecto al Reino vegetal y otros con el Reino animal. El Reino humano tiene también sus Guías Jerárquicos, cuya misión definida es ennoblecer constantemente la conciencia de los hombres y llevarles progresivamente a aquel místico y espiritual Sendero que va “de la oscuridad a la Luz, de Lo irreal a lo Real y de la muerte a la Inmortalidad”. Tales son algunas de las funciones psicológicas -si podemos decirlo así- de la Jerarquía planetaria.


Vicente Beltrán Anglada



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