sábado, 30 de abril de 2016

compartir3A+ - Los planetas sagrados y los 7 rayos. - El misterio de los 7 rayos - Todos Somos Uno. Dulce de hormigas.- Emociones, sentimientos, manifestaciones del egoísmo...

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Compartiendo:


El misterio de los 7 rayos


EL MISTERIO DE LOS SIETE RAYOS

Tal como anuncié en una de nuestras conversaciones anteriores, vamos a iniciar hoy el estudio del interesante y profundo tema de “LOS SIETE RAYOS”, intentando descubrir conjuntamente su procedencia, su significado y su augusta finalidad en relación con el proceso de evolución de nuestro Universo.

Aceptada como lógica la idea de una Jerarquía espiritual planetaria que dirige la evolución de la humanidad, la representación del Quinto Reino de la Naturaleza, el de las Almas liberadas, tomaba cuerpo y consistencia objetiva en nuestra mente y nos invitaba a penetrar en el estudio de los misterios espirituales que constituyen aquel Centro infinito de redención del género humano.

No vamos a repetir aquí cuanto dijimos en una anterior conversación acerca de la instauración, funciones y finalidad del Quinto Reino, o de la Gran Fraternidad Blanca, tal como esotéricamente se lo denomina, aunque sí nos será de utilidad insistir sobre el hecho de que el Centro total de la evolución en nuestro planeta es aquel SER, conocido ocultamente bajo el nombre místico de SANAT KUMARA, quien rige los destinos del mundo y de todo cuanto en el mismo “vive, se mueve y tiene el ser”, secundado estrechamente por otras seis grandes Entidades espirituales de elevadísima trascendencia a quienes la tradición esotérica denomina Budas esotéricos o Budas exotéricos, según sea el carácter interno o externo de su TRABAJO en relación con la evolución planetaria.

La idea de este grupo central constituido por SANAT KUMARA, el Señor del Mundo y los seis Budas antes descriptos nos introducirá en el estudio de los SIETE RAYOS que iniciamos hoy, ya que cada uno de ellos excelsos Seres encarna alguna de las Siete Cualidades distintivas del Logos de nuestro Sistema Solar, cuyas corrientes de energía constituyen precisamente los SIETE RAYOS, que constituyen en su totalidad la Vida de nuestro Universo.

Hecha esta pequeña introducción vamos a intentar aclarar ahora el sentido de los Rayos cósmicos que condicionan la vida solar. Para ello será necesario que nos remontemos a las causas motivadoras de nuestro Universo, ya que sin una concepción más o menos objetiva o intelectual de las raíces cósmicas del mismo, nos resultaría poco menos que imposible comprender el origen de los Siete Rayos, tal como se manifiestan en nuestro Sistema Solar y muy concretamente en nuestro planeta.


A. GENEALOGÍA DEL UNIVERSO

Leyendo en los anales esotéricos y místicos del pasado reflejados en las páginas de los antiquísimos Libros de Jerarquía, hallamos esta curiosa y al propio tiempo aleccionadora idea acerca del principio de nuestro Universo: ‘‘…Los Siete grandes RISHIS de la OSA MAYOR tomaron como esposas a las Siete gráciles Vírgenes de las PLÉYADES”.

Tal es aparentemente, y según se refleja en nuestro entendimiento, el origen místico de la frase “maridaje celeste”, a partir del cual se inició el proceso cósmico que dio vida a nuestro Universo. Más adelante puede leerse: “SIRIO, la rutilante estrella que inundaba con su Luz las grandes soledades cósmicas, sancionó desde su elevada y misteriosa Atalaya aquella indescriptible e inmaculada unión y envió para santificarla a uno de SUS HIJOS MUY AMADOS, quien era allí MAESTRO DE MAESTROS Y DIGNÍSIMO EN AMOR Y SACRIFICIO”. No podría ser descrito más gráfica ni poéticamente el Misterio de la Encarnación, realizado en los altos niveles cósmicos por medio de este SER, de “quien nada puede decirse”, que es el Señor de nuestro Universo y que aparentemente procede de la gran estrella SIRIO de la Constelación del CAN.

Analizando este grupo de ideas desde el ángulo esotérico de la analogía, podríamos llegar a las siguientes conclusiones:

a. La Constelación septenaria de la OSA MAYOR es de orden positivo y de carácter masculino.

b. La Constelación de LAS PLEYADES, asimismo septenaria, es de orden negativo (en relación con la OSA MAYOR) y de carácter femenino.

c. La Conjunción magnética de ambas Constelaciones o “Maridaje Celeste”, aprovechando óptimos planos de incidencia cósmica, determinó una respuesta desde SIRIO. Es la concepción física de nuestro Sistema Solar y la encarnación del Logos de nuestro Universo.

De este triple Misterio al cual hacen referencia sutil y mística la mayor parte de los llamados “Libros Sagrados de la Humanidad”, se deriva la concepción, estructura física y expresión psicológica de este Universo de cuyo contenido espiritual formamos parte. Se trata, como verán ustedes, de darle una explicación lo más racional que nos sea posible a todo cuanto en relación con nuestro Universo fue encubierto por los secretos velos de un elevado Misterio espiritual. No olviden ustedes que estamos viviendo hoy día bajo la tremenda presión de los grandes avances científicos y tecnológicos y que las verdades esotéricas deben ser analizadas muy concreta y analíticamente por los investigadores de las verdades ocultas de la Naturaleza. Así pues en nuestra conversación de hoy trataremos de darle consistencia científica a las ideas esotéricas que nos fueron transmitidas a través de las alegorías poéticas y místicas de los Libros Sagrados que salvaguardan la gran tradición hermética de la Sabiduría.

No podríamos darle en verdad una explicación intelectual o racional, es decir, comprensible, a la expresión septenaria de la Naturaleza sin remontarnos previamente a las elevadas Fuentes místicas que encubren las altas verdades espirituales y fueron causa y motivo de la SÉPTUPLE CONSTITUCIÓN y expresión Universal. Les ruego, por tanto, mediten atentamente cuanto hemos dicho hasta aquí con respecto a los orígenes de nuestro Universo. Apliquen la analogía y sin tratar de forzar la mente, ya que una mente sujeta al esfuerzo difícilmente puede comprender el alcance de cualquier posible verdad, sigan atentamente el proceso. Aparecerá así indudablemente ante su vista un extenso cuadro de valores psicológicos realmente insospechables que hará posible que a partir de aquella primera “Gran Concepción Universal Septenaria” realizada en niveles cósmicos, podamos empezar a hablar psicológicamente de los SIETE RAYOS y a ver algo más claro cuanto a través de la tradición esotérica y mística nos comunicaron los libros de teosofía y de elevada concepción filosófica.

La estructura espiritual y física de nuestro Universo se fundamenta en las dos grandes corrientes de vida septenaria que fluyen por medio de las Constelaciones de la OSA MAYOR y de las PLÉYADES. La organización de tales corrientes de vida y energía y su distribución en orden a densidades -si podemos utilizar esta expresión- determina la creación de los Siete Planos del Sistema Solar, de los cuales emanan las energías que determinan los Siete Esquemas terrestres, las Siete Cadenas planetarias, las Siete Rondas de cada Cadena, los Siete planetas de cada Ronda, los Siete Reinos de la Naturaleza, las Siete Razas humanas, cada cual con sus siete correspondientes subrazas, las Siete modificaciones del Éter, las Siete cualidades de la Luz, o siete colores del espectro solar, las Siete Notas fundamentales del Sonido y, en lo que a la humanidad respecta, los Siete tipos psicológicos, los Siete grandes centros etéricos de distribución de la energía, denominados técnicamente CHACRAS, cada cual con su correspondiente glándula endocrina, etc., etc.

Como ustedes verán, y tal como la analogía nos lo demuestra, el Macrocosmos y el microcosmos se complementan en este denominador, común que en los estudios esotéricos es denominado LOS SIETE RAYOS. A partir de momento sólo deberemos ir concretando detalles dentro de la impresionante majestad del conjunto que iremos estudiando y tratar de darle validez científica al hecho psicológico del hombre como un Septenario que refleja en su vida todo cuanto ocurre en los vastos océanos de lo Cósmico, ya que, según dicen todas las grandes religiones del mundo “el hombre es hecho a imagen y semejanza de la Divinidad”.


B. LOS PLANOS DEL SISTEMA SOLAR

De acuerdo con los estudios esotéricos, tales son los Planos o niveles donde se proyectan y desde donde se distribuyen las energías de los SIETE RAYOS:


Rayo 1º PLANO ÁDICO (el de la propia Divinidad)
Rayo 2º PLANO MONÁDICO (o Espiritual)
Rayo 3º PLANO ÁTMICO
Rayo 4º PLANO BÚDICO (Tríada Espiritual)
Abstracto
Rayo 5º PLANO MENTAL (El Ángel Solar)
Concreto
Rayo 6º PLANO EMOCIONAL
Etérico
Rayo 7º PLANO FÍSICO (La Personalidad Humana)
Denso


Siempre de acuerdo a cuanto hemos aprendido en los libros ocultistas, habrá que señalar algo que ustedes quizás ya saben, o sea, que los Planos Átmico, Búdico y Mental constituyen los niveles expresivos de la llamada TRÍADA ESPIRITUAL, o expresión monádica -tal como se expresa por medio del Ángel solar en el tercer subplano del Plano mental. Hay que remarcar también que el aspecto concreto de la MÓNADA, o Manas inferior, constituye el intelecto humano el cual, unido a los componentes kármicos invocados desde los niveles emocionales y físicos, constituyen la entidad psicológica que técnicamente definimos como “Personalidad Humana”.

Nada vamos a hablar hoy sobre las expresiones particulares de un Esquema Terrestre. Bastará indicar que cada Logos Planetario es responsable de su propio Esquema de evolución ante el Logos Solar, de quien dimana toda forma de vida y toda corriente de energía. Sólo indicaremos, como materia simplemente informativa, que un Esquema terrestre consta de Siete Cadenas de Mundos, que cada una de estas cadenas tiene Siete Rondas, o procesos de encarnación, que cada Ronda abarca la evolución de Siete planetas, solidarios entre sí y kármicamente unidos -si podemos decirlo así- durante el proceso de manifestación de una Ronda planetaria, la cual, según se nos dice ocultamente, es la proyección evolutiva del aspecto personal del Logos de un Esquema terrestre.

Ahora bien, es interesante saber en orden a nuestro estudio que cada planeta en evolución dentro del ciclo correspondiente a su Cuarta Ronda (o encarnación física de Logos planetario), desarrolla y pone en actividad Siete grandes Razas Raíces y que cada una de estas
Siete grandes Razas se subdivide en otras tantas subrazas, cada una de las cuales con sus peculiares y correspondientes cualidades y características.

Sabemos también, inducidos por el principio hermético de analogía, que en la Naturaleza planetaria evolucionan Siete Reinos de los cuales sólo conocemos los cuatro primeros, es decir, el mineral, el vegetal, el animal y el humano, aunque empezamos a entrever la grandeza del Quinto Reino, el Espiritual, quedando ante nuestra perspectiva como una tremenda incógnita para el futuro, la evolución de otros dos Reinos para los cuales nuestra mente carece absolutamente de cualidades para poder identificarlas.

Hay que distinguir también en cada Plano, siempre en orden a densidad de vibraciones, a los siete elementos naturales constituyentes del mismo con raíz en el Éter, la sustancia universal de Creación, de los cuales solamente conocemos Cinco, los más próximos a nuestro presente estado de evolución por estar enlazados con la Naturaleza del plano físico, o sea, la tierra, el agua, el fuego, el Aire y el primer Éter, reconocido oficialmente por la Ciencia actual, aunque se carece todavía de los necesarios aparatos técnicos para poder detectarle objetivamente.

Quedan todavía otros dos éteres más sutiles que entran en la composición del cuerpo etérico de los seres humanos y completan la maravillosa organización física del Universo.

La complejidad grandiosa de la estructura universal determina así que SIETE elementos químicos de base, siguiendo un orden creciente de sutilidad y sensibilidad, constituyan la base orgánica de los cuerpos en todos aquellos niveles en donde la FORMA de que se reviste el aliento espiritual de la Divinidad precise todavía de una cierta densidad objetiva, tal como ocurre en los bajos niveles emocionales y en el nivel mental concreto, pero a partir de ahí el Aliento espiritual divino utiliza una especie particular de Éter en cuya composición entran unos elementos realmente imponderables desde el ángulo de vista de la percepción humana.

Sólo cuando el alma se libera de la sustancia grosera de sus cuerpos de densidad mayor y entra en la mágica corriente de la Iniciación, empieza a ser consciente de tales niveles de sutilidad. No podemos, por tanto, entrar en su consideración en nuestras conversaciones, aun cuando y de acuerdo con el principio de analogía demos por “supuesta” la existencia de estos elementos imponderables que constituyen los agentes cohesivos de nuestro Sistema Solar.



Vicente Beltrán Anglada





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Los planetas sagrados y los 7 rayos.





LOS PLANETAS SAGRADOS

De acuerdo con la sabiduría esotérica son denominados “Planetas sagrados” aquellos cuyo Logos Regente posee la “Quinta Iniciación Solar”, siendo por tanto un ADEPTO cósmico. Tales son los planetas sagrados de nuestro Universo y el tipo de Rayo que los cualifica:

RAYO PLANETA

1º Vulcano
2º Júpiter
3º Saturno
4º Mercurio
5º Venus
6º Neptuno
7º Urano

Hay que tener en cuenta que RAYO indica indistintamente CUALIDAD y ENERGIA y que, de acuerdo con la sabiduría esotérica, tales son las cualidades expresivas de cada RAYO:

RAYO CUALIDAD

1º Voluntad Dinámica
2º Amor Atrayente
3º Inteligencia Creadora
4º Armonía y Belleza
5º Ciencia Concreta
6º Devoción e Idealismo
7º Orden, Magia Ceremonial y Cumplimiento

Extremando los detalles podríamos establecer por analogía un nuevo cuadro de relaciones entre Rayos, centros etéricos y glándulas endocrinas, tal como se manifiestan en el ser humano:

RAYO CENTRO GLÁNDULA
1º - Coronario - Pineal
5º - Entrecejo - Pituitaria
3º - Laríngeo - Tiroides
2º - Cardíaco - Timo
4º - Plexo Solar - Páncreas
6º - Sacro - Gónadas
7º - Base Columna Vertebral - Adrenales

Si efectúan ustedes una nueva tabulación de acuerdo con los datos suministrados en esta conversación de hoy, tendrán una idea más elaborada de las relaciones armónicas que pueden ser establecidas a partir del Centro de nuestro Sistema Solar y a través de los planetas sagrados, hasta converger en el ser humano. Estas correspondencias analógicas fáciles de establecer, como podrán comprobar, les ayudarán a tener una idea más completa de nuestra constitución humano-divina, iluminando creadoramente aquellas zonas habitualmente obscuras o confusas que van de nuestro corazón al Corazón universal. Tal es nuestro intento en este estudio de los SIETE RAYOS que hoy hemos iniciado. Interesa fundamentalmente para que nuestro estudio sea genuinamente práctico, que hagamos de los Rayos cualidades psicológicas fácilmente adaptables a la particular condición de cada uno. Cuanto más concreto y positivo sea este examen de cualidades incorporables a nuestra conducta y cuanto más activa, dinámica y conscientemente podamos integrarnos en cierto tipo de Rayo, aquél al cual pertenecemos, mayor será el conocimiento que podremos tener de nosotros mismos.

Todos podemos incluirnos en uno u otro de los Rayos expuestos con sólo observar atentamente nuestras reacciones psicológicas, mentales, emocionales o físicas a los impactos de los hechos que suceden dentro y fuera de nosotros en el devenir de nuestra existencia cotidiana. Hay que tener en cuenta que cuanto más perfecto sea esta observación más concreta y definida será nuestra orientación hacia la propia vida de Rayo y más profundamente clarificada nuestra línea de actividad psicológica y espiritual. De no ser así... ¿de qué nos serviría un estudio sobre los RAYOS?

La comprobación científica de los mismos nos brindará una imagen de las grandes motivaciones que crearon las distintas civilizaciones del pasado y las que condicionan el presente, así como las incidencias raciales y kármicas que a través del tiempo configuraron el destino de la humanidad durante los períodos cíclicos de la evolución. Nada en verdad nos hará más amorosamente comprensivos con respecto a los demás que el reconocimiento de las energías de los Rayos incidiendo sobre sus vidas y dotándoles de su peculiar singularidad y expresividad. Es con tal espíritu de recta intención que iniciaremos nuestro habitual coloquio el cual, como siempre, evocará de nuestras mentes y corazones la luz de los más elevados comentarios.

Pregunta: Usted ha dicho que RAYO implica indistintamente energía y cualidad psicológica. ¿Podría aclarar más esta idea?

Respuesta: Con mucho gusto. Un Rayo es una corriente de energía que proviene del Corazón de la Divinidad por medio de un planeta, sea éste sagrado o no. Podemos decir que cualidad es el matiz o colorido de este Rayo expresando en forma de energía un estado de conciencia de la Divinidad. Usted comprenderá pues que no podemos separar energía de cualidad, como no podemos separar la actividad del sistema nervioso de la del sistema sanguíneo dentro del organismo físico. Utilizando la analogía, base del conocimiento esotérico, y examinándonos desde el ángulo psicológico vemos que somos unas almas que utilizan un mecanismo físico, emocional o mental para manifestar diferentes cualidades, las cuales en forma de corrientes de energía son el distintivo de nuestro ser. La calidad o sutilidad de las energías dependerán de los niveles desde donde emanan; existen así energías mentales, emocionales y etérico-físicas que caracterizan al ser psicológico completo conocido técnicamente como Personalidad humana, pero existen también, aunque no sean tan corrientes y estén prácticamente fuera del alcance del ser humano corriente, las energías búdicas, átmicas y monádicas que caracterizan al “Hombre Espiritual”.

Habida cuenta de que en cada nivel de la Naturaleza o Plano del Sistema Solar se expresa determinada cualidad o tipo de Rayo, sabremos determinar por el carácter de los hechos, de los acontecimientos o de los estados de conciencia que seamos capaces de exteriorizar, la característica peculiar de los Rayos que entran en juego o concurren en la expresión de los mismos. Energía y Cualidad y el estado psicológico que determinan en la expresión de cualquier hecho individual son un fenómeno conexo de Rayo, lo mismo que las cualidades y energías que concurren en la manifestación de cualquier proceso de vida en la Naturaleza matizándolo con un sello distintivo, singular y original. Es una forma de aplicar las conocidas palabras de Cristo: “Por sus frutos los conoceréis”. En este caso el Árbol es el símbolo perfecto de un Rayo, siendo las energías y las cualidades que del mismo emanan los frutos mediante los cuales el Árbol puede ser identificado y reconocido.

Pregunta: Según usted el conocimiento de los Rayos puede constituir la ciencia de nuestra vida. ¿En qué forma podríamos entender concretamente esta idea?

Respuesta: De acuerdo con lo dicho anteriormente, el Alma universal, el Rayo, las cualidades espirituales, las energías en actividad e incluso las apariencias fenoménicas u objetivas, proceden de la misma Fuente cósmica. La primera ciencia de nuestra vida consiste en reconocer este hecho indiscutible. Se trata, en principio, de un conocimiento concreto. Cuando tal conocimiento puede ser aplicado en la acción se convierte en ciencia de vida, teniendo en cuenta que todo el caudal de conocimientos mediante los cuales nuestra mente existe y tiene su razón de ser, es sólo un leve indicio del poder de los Rayos. La aplicación concreta de tales conocimientos permitirá convertir nuestra existencia psicológica en un canal libre y expedito para la expresión de los Rayos. Si sabemos que nuestro ser espiritual, o Alma solar, está conectado con determinado tipo de Rayo, el segundo por ejemplo, pero que nuestra mente es netamente investigadora o científica demostrando la cualidad del quinto Rayo, tendremos que esforzarnos por infundir mucho amor a nuestra mente para que ésta no devenga inerte, fría, excesivamente calculadora.

Usted dirá seguramente que esto ya lo hacemos espontáneamente aun cuando no poseamos conocimiento alguno acerca de los Rayos que concurren en la expresión de nuestra vida psicológica. Yo insisto, sin embargo, en el hecho de que a menos que tengamos una cierta visión espiritual con respecto a los Rayos, nos será muy difícil introducir cambios fundamentales en nuestra mente y en nuestra conducta. Cuando éstos se producen siempre será un indicio de que “intuitivamente” hemos hallado el camino de alguno de nuestros Rayos condicionantes, utilizando el destello o rastro de luz que su proyección o su energía dejó en nuestros corazones en algún momento cumbre de la existencia. Al insistir en la utilización de las energías del proceso expansivo de un Rayo descubierto, sus cualidades penetran en nuestra existencia personal y su actividad puede ser convenientemente dirigida y controlada. Como usted verá, la Ciencia del Conocimiento intuitivo se traduce progresivamente en Ciencia de Impresión y de Contacto, cerrándose así un pequeño ciclo dentro del inmenso período cíclico cubierto por la fuerza expansiva de un Rayo.

Pregunta: ¿Cómo podríamos saber cual es el Rayo de la Mente o el Rayo del Alma?

Respuesta: Yo diría que viviendo en una constante y serena observación de todos los hechos que ocurren a nuestro alrededor y nuestra reacción psicológica a los mismos. Habitualmente no observamos las cosas con la debida y necesaria atención; de ahí que nuestros juicios carecen de profundidad e integridad psicológica, cerrándosenos así el camino de los Rayos que condicionan nuestra vida personal y espiritual. Y si no sabemos de nuestros Rayos, que son esencialmente nuestra propia vida, ¿cómo podremos establecer dentro de nosotros los nobles Senderos de la alta espiritualidad, o expresar en forma racional y científica las energías que provienen de aquellas Fuentes? Hay que darse cuenta que los Rayos destilan energía y sustancia psicológica que flotan -por así decirlo- por el ambiente psíquico en donde desarrollamos nuestras actividades cotidianas. Este conglomerado de energías mentales, emocionales y etéricas nos condicionan casi absolutamente y nos impiden “ser conscientes” de las propias y singulares energías que constituyen la expresión o cualidad característica de nuestro verdadero Yo espiritual.

Así, para conocer exactamente la índole de los Rayos que no son propios, deberemos vivir muy profundamente atentos al devenir incesante de los hechos y de las situaciones ambientales y, singularmente, a nuestras reacciones psicológicas a las mismas. Esta atención, actuando a modo de un potente imán, nos hará progresivamente conscientes de los Rayos que condicionan nuestra vida.

Pregunta: Encuentro plausible la idea que usted acaba de emitir y he de confesar que la misma amplia considerablemente el conocimiento que tenía acerca del término místico de Sendero. Ahora bien, mi pregunta es ésta: ¿Puede realmente el conocimiento de los Rayos depararme más amplias oportunidades en el devenir del propio Sendero?

Respuesta: Naturalmente que sí, por cuanto el término Rayo significa indistintamente vida, cualidad y apariencia, así como la relación entre sí de estos tres aspectos constituyentes del ser humano por medio de una energía unificadora de Rayo, que podríamos denominar monádica o de síntesis. Quiero significar, volviendo a lo dicho anteriormente, que en una avanzada etapa de nuestra vida surgirá espontáneamente esta “energía sintetizadora”, es decir, que a través de nuestra dedicada atención y una larga serie de profundos análisis llegaremos a descubrir un día que nuestro Sendero espiritual corresponde a la línea de luz y energía de determinado tipo de Rayo. Esto llega a saberse con infalible seguridad y absoluta certeza en un definido estadio de nuestro proceso de evolución. Sabremos entonces en forma consciente y continuada y no en virtud de esporádicos destellos de intuición, cuál ha de ser nuestra actitud y nuestras actividades físicas, emocionales y mentales para que respondan limpia, activa y dinámicamente a las influencias del Rayo causal de nuestra vida, al de nuestra Alma superior, el cual constituye de hecho el verdadero SENDERO hacia el Corazón del Logos planetario a través del cual se manifiesta aquella energía característica o determinada de Rayo.

¿Comprende usted el proceso? Cuando esotéricamente hablamos del aspirante espiritual, de las diversas etapas del discipulado, del Iniciado o del Maestro, nos estamos refiriendo a que dentro de la línea expresiva de los Rayos se han evidenciado etapas y han ido desarrollándose actividades, cualidades y propósitos dentro del proceso liberador de la vida humana, que han culminado en la realización perfecta de un determinado Arquetipo de Rayo. Sabemos por ello que existen Maestros de Compasión y de Sabiduría en todos los Rayos y que en cada Rayo de manifestación cíclica podemos identificar a personas corrientes, a aspirantes espirituales, a discípulos y a Iniciados. Dentro de esta inmensa “Escalera de Jacob” de la evolución planetaria construida con la sustancia creadora de los Rayos hallaremos a todo tipo de seres humanos, toda jerarquía de huestes angélicas y a todas las unidades de conciencia en evolución en todos los Reinos de la Naturaleza. El conocimiento de los Rayos, tal como dije al principio de esta conversación, es de naturaleza cósmica y fundamentalmente constituye un campo obligado de investigación no sólo para los esoteristas, para los místicos o para los filósofos, sino también y muy particularmente para los científicos de nuestro mundo que tantos y tan valiosas conquistas y descubrimientos han realizado en el orden técnico.

En el transcurso de las próximas conversaciones continuaremos estudiando el tema de los Rayos, tratando de ampliar constantemente nuestras ideas a fin de tener una imagen de los mismos lo más clara, concreta y positiva que nos sea posible...



Vicente Beltrán Anglada





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Expresión universal e individual de los 7 rayos.


* EXPRESIÓN UNIVERSAL E INDIVIDUAL DE LOS SIETE RAYOS

Antes de iniciar nuestra segunda conversación acerca de LOS SIETE RAYOS tengo especial interés en repetir lo dicho al respecto en la conversación del mes pasado, en el sentido de que RAYO es una definida cualidad o característica de la Divinidad solar expresada en forma de energía y manifestada por medio de una Entidad psicológica de elevada trascendencia espiritual y a través de un planeta sagrado. Tal como dijimos en aquella oportunidad, SIETE son las cualidades distintivas de la Divinidad, psicológicamente descritas como: Voluntad dinámica. Amor atrayente, Inteligencia creadora, Armonía y Belleza, Investigación científica, Devoción a un Ideal (el propio Universo) y Magia de Orden y Cumplimiento. SIETE son, por tanto, las Entidades psicológicas o Señores de Rayo, llamados también LOGOS PLANETARIOS o, utilizando la conocida frase bíblica, LOS SIETE ESPIRITUS ANTE EL TRONO DE DIOS, siendo lógicamente SIETE los Cuerpos de expresión física o "planetas sagrados" que utilizan dichos LOGOS. Tales planetas son: Vulcano, Júpiter, Saturno, Mercurio, Venus, Urano y Neptuno. Dijimos también y les ruego que al insistir sobre este delicado tema apelen ustedes al testimonio de la propia intuición, que el DIOS o LOGOS de nuestro Universo podría ser -de acuerdo al sentido místico de ciertos cantos orientales de la más lejana antigüedad- la encarnación cósmica de un elevado ADEPTO de la Estrella SIRIO, de la Constelación del Can...

Ahora bien, si estas explicaciones esotéricas se hacen difíciles de comprender o no aparecen como válidas ante el juicio intelectual, acepten al menos -ya que estas explicaciones están al alcance de todas las mentes medianamente cultivadas- que la concepción septenaria de la Naturaleza es evidente con sólo que observemos la obra divina tal como ella se demuestra a nuestro inmediato alrededor. El distinto colorido de la Naturaleza, a partir de los tres colores básicos, el rojo, el azul y el amarillo nunca rebasará el número de SIETE y el resultado de las infinitas combinaciones que pueden ser realizadas utilizando un simple rayo de luz solar nunca rebasarán la norma universal demostrada a través del espectro del mismo, es decir, el de los SIETE colores -corrientemente denominados del arco iris-rojo, anaranjado, amarillo, verde, azul, índigo y violeta, aunque en una increíble pluralidad de matices. Lo mismo podemos decir con respecto a “la escala de sonidos” de la naturaleza, que sólo puede reproducir SIETE NOTAS fundamentales, las que constituyen la Ciencia esotérica de la Música: do, re, mi, fa, sol, la, si, pudiendo ser extendidas estas Notas en una prodigiosa riqueza de tonos y subtonos que abarcan el conjunto de la Naturaleza, desde el humilde canto del más pequeño insecto hasta el A.U.M. solar que emite la propia Divinidad.


* LOS RAYOS Y LA VOZ HUMANA

En este orden de ideas... ¿Nos hemos detenido a pensar alguna vez en el misterio que subyace en el ejercicio de la voz humana? Se trata de un misterio realmente iniciático que no ha sido reconocido ni comprobado todavía en forma científica. De poder serlo se entraría en el dominio de la verdadera Magia creadora, la que produjo un día el Universo manifestado. La voz humana tiene SIETE particulares sonidos, tres de ellos pertenecen al aspecto positivo o creador. Se trata de la voz masculina la cual en su gran variedad de matices solamente puede dar las voces de tenor, barítono y bajo. Se nos dice ocultamente que la expresividad de tales voces o sonidos y el aspecto dinámico de su naturaleza provienen de la Constelación de la Osa Mayor. La voz femenina, como ustedes saben, se manifiesta en las características de soprano, mezzosoprano y contralto, las cuales, utilizando la analogía, podríamos decir que se hallan íntimamente vinculadas con la Constelación de las Pléyades.

Existe otro tipo de voz humana que al parecer sirve de nexo de unión entre ambos tipos genéricos de voz; podríamos definirla “la voz neutra” que unifica y coordina ocultamente la infinita profusión de voces masculinas y femeninas. Ustedes habrán oído voces de hombre con inflexiones femeninas y también voces de mujer con inflexiones masculinas. En tal estado NEUTRO de la voz -si es que podemos expresarlo así- se halla contenido el secreto del ser ANDRÓGINO que aparecerá en nuestro planeta en estados cumbres de la evolución de la humanidad, aunque con un tono y musicalidad que están más allá de nuestro concepto de la voz humana. No nos extenderemos en comentarios acerca de esta idea que acabo de emitir, ya que no puede entrar todavía en el campo de la investigación científica, pero acepten al menos, dentro de un plan de perfectas evidencias, que existen SIETE tipos de voz perfectamente delimitados en lo que al ser humano se refiere.

Cada tipo de voz expresa alguna definida particularidad de Rayo y el estudio de su analogía nos llevaría a conclusiones cósmicas, por ejemplo, su relación con la VOZ que emite cada uno de los SIETE Logos planetarios, Señores de un planeta sagrado, en relación con algún plano o dimensionalidad de la Vida universal. Esta relación se extiende, siempre por analogía, a la actividad de determinado Reino, de alguna cualificada Jerarquía creadora o de alguna definida Raza humana. En estas elevadas analogías que abarcan funciones cósmicas tenemos de nuevo ante nuestra atenta consideración cuanto dijimos en anteriores conversaciones acerca de la Magia universal, cuyo resultado era la Creación motivada por la pronunciación de una VOZ, un MÁNTRAM o un SONIDO que rasgando los éteres del espacio los ponía en incandescencia produciendo una luz o un color específico que al sustanciarse se convertía en una definida forma geométrica, la forma geométrica de cada Plano que en su séptuple conjunto constituiría la base geométrica del Universo.


* SONIDO, COLOR Y FORMA GEOMÉTRICA DE LOS PLANOS DEL UNIVERSO

El Logos de cada planeta sagrado o cada Señor de Rayo emite un sonido, produce un color y determina las formas geométricas que caracterizan la red etérica que circunda, vivifica y define cada uno de los Planos de la Naturaleza.

Utilizando la visión esotérica y teniendo presentes algunas de las SIETE claves de la analogía hermética, podría ser clasificado nuestro Universo de acuerdo con los SIETE sonidos (la Voz particular de cada uno de los Logos planetarios), los SIETE colores, expresando las cualidades distintivas de los mismos y SIETE formas geométricas caracterizando la expresión en cada Plano de la actividad de cada una de las SIETE Jerarquías creadoras, de los SIETE Reinos y de las SIETE razas raíces, pudiendo ser comprendido, dentro de una elevada concepción poética y mística, que la totalidad del Universo apreciada desde el ángulo de visión de algún exaltado LOGOS Cósmico, aparecerá sin duda como un impresionante conjunto de sonidos, colores y formas de inenarrable belleza, surgiendo todo ello del misterioso CENTRO de Creación que es la Vida de nuestro Logos solar.

Esotéricamente se nos dice que el Universo “en el cual vivimos, nos movemos y tenemos el ser”, contemplado con la visión de algún elevado RISHI, aparece como una maravillosa Flor de SIETE Pétalos, cada uno de los cuales con su propio y distintivo color. Extendiendo esta idea en alas de nuestra fantasía podríamos imaginar que el Olfato de Aquella excelsa Entidad cósmica puede oler la fragancia de la Mística Flor Universal, el perfume que emana de sus cualidades inmortales, e incluso que el Aliento vivificador de aquellas inmensas soledades cósmicas llevará a los afinados oídos del Gran RISHI, el Canto particular que emite cada uno de los sagrados Pétalos produciendo aquellos místicos Sonidos esotéricamente cualificados como “MÚSICA DE LAS ESFERAS”.

Concretando nuestras ideas al respecto para un estudio más detallado de los Rayos, deberemos insistir sobre lo dicho en nuestra primera conversación en el sentido de que cada uno de ellos, como perfectas Entidades psicológicas, se manifiesta cíclicamente como Vida, Cualidad y Apariencia, o más concretamente todavía, como Sonido, Color y Forma geométrica. De ahí que estudiando las particularidades de cada Rayo de acuerdo con el espíritu de singularidad que los define, podríamos decir que al primer RAYO le corresponde la Nota más elevada del Pentagrama Cósmico, la Nota SI, el Color más vivo, el ROJO y la Forma geométrica más perfecta, el CÍRCULO, símbolo perfecto de DIOS cuando surge de un dilatadísimo Ciclo Praláyico con la Intención o determinación de Crear. La cualidad psicológica de la VOLUNTAD DINÁMICA DE CREAR en los elevados niveles del Sistema solar, al descender a los más bajos niveles de la Naturaleza origina el Reino mineral y el cuerpo físico denso de todos los seres vivientes.

Al Segundo RAYO le corresponde la segunda Nota del Pentagrama, la Nota LA, el color AZUL intenso y su forma geométrica es el CÍRCULO con un punto en el centro. Su cualidad psicológica es el AMOR INCLUYENTE y su vibración descendida a los mundos inferiores produce el Reino vegetal y constituye la base creadora del vehículo emocional de los seres humanos.

Al Tercer Rayo le corresponde la tercera Nota del Pentagrama, la Nota SOL. Su color es el AMARILLO y su forma geométrica el TRIÁNGULO EQUILÁTERO perfecto. Su cualidad psicológica es la Inteligencia Creadora y su vibración descendida al mundo de las formas origina la vida del Reino animal, así como el principio de MANAS en el ser humano.

Al Cuarto RAYO se lo denomina ocultamente el Rayo de Armonía ya que su principal misión en el Universo es servir de centro de relación y vinculación entre todos los demás Rayos. Le corresponde la Nota FA, el Sonido místico de la Naturaleza -tal como esotéricamente se nos dice. Su color distinto es el VERDE y su forma geométrica el CUADRADO. Su cualidad psicológica es Equilibrio y Armonía. Se expresa en los planos intermedios de la Naturaleza por medio del Reino humano, el intermediario entre los Reinos subhumanos y el Reino espiritual. Por tal motivo al Cuarto Rayo, tal como incide sobre la humanidad se le denomina de Armonía a través del Conflicto, por cuanto el ser humano debe alcanzar la armonía y el equilibrio estable de su vida a través del proceso doloroso e inevitable del Karma. Simbólicamente hablando, el Reino humano debe construir un perfecto TRIANGULO EQUILÁTERO sobre las bases del CUADRADO o del CUATERNARIO inferior, es decir, la TRIADA espiritual Atma-Budhi-Manas sobre el soporte de la base cuadrada constituida por la mente inferior, el vehículo emocional, el cuerpo etérico y el cuerpo físico denso.

Al Quinto RAYO le corresponde la Nota MI del Pentagrama Cósmico. Su color específico es el Anaranjado y su forma geométrica la Estrella de Cinco Puntas. Su cualidad característica es la Investigación Concreta de los hechos divinos que constantemente están produciéndose en la Naturaleza. Se expresa por medio del Quinto Reino de la Naturaleza, definido también como de “las Almas Liberadas” y su misión es llevar a nuestro Universo para ser debidamente explayadas las

Los Misterios del Yoga energías provenientes del Quinto Plano Cósmico, donde se origina el principio de MANAS, tal como lo conocemos a través de la literatura teosófica y sobre el cual se basa la entera estructura física de nuestro Universo y la conciencia del ser humano.

El Sexto RAYO, cuya característica psicológica es la Devoción a un Ideal, tiene como Sonido distintivo a la Nota RE y su color distintivo es el INDIGO, viniendo determinado este color por su directa relación con el Segundo RAYO del cual es una proyección especial. Se expresa por medio del Sexto Reino de la Naturaleza. Su forma geométrica será por analogía la Estrella de Seis Puntas que surge del Hexágono perfecto.

El Séptimo RAYO, el Rayo de la Magia, del Orden y del Ceremonial, tiene como Sonido específico la Nota DO del Pentagrama. Su color distintivo es el VIOLETA, producido por una mezcla -si podemos expresarlo así- del Rojo del primer Rayo y del Azul del segundo, expresando esta analogía la cualidad de SÍNTESIS asignada a este Rayo- el cual debe reflejar en su acabada perfección la Voluntad del Creador con respecto a su Obra Universal, el SÉPTIMO REINO DE LA NATURALEZA. La cualidad psicológica del Séptimo Rayo es, por tanto, de orden, organización y cumplimiento. Comprendida esotéricamente la idea podríamos considerar que este Rayo expresa la perfección del Universo, tanto en el aspecto de VIDA como en el de FORMA, pues es un reflejo en el mundo físico de la MONADA espiritual. Su expresión geométrica -si nos atenemos a la analogía- será sin duda la Estrella de Siete Puntas, revelándose a través de cada una de ellas un color específico y la emisión de una nota distinta, dándonos quizás así una idea certera de las cualidades de Magia y de Síntesis asignadas a este Rayo.


Vicente Beltrán Anglada


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Compartiendo:




Todos Somos Uno. Dulce de hormigas.





El sol brillaba con una fuerza tan abrasadora que no podía abrir los ojos por completo.

El sudor, producido por todas y cada una de las células de mi piel, corría en riachuelos por los pliegues de mi cuerpo hasta mojarme los muslos cuando se rozaban al andar. Hasta los empeines de los pies me sudaban. Jamás había visto cosa igual; eso quería decir que habían perdido la comodidad de los cuarenta grados y que estábamos sufriendo temperaturas altísimas. También las plantas de mis pies soportaban una extraña transformación. Tenía ampollas desde los dedos hasta el talón, de lado a lado, pero las ampollas se habían formado bajo la superficie de ampollas anteriores; los tenía como muertos.

Mientras caminábamos, una mujer desapareció en el desierto y volvió poco después con una enorme hoja de un intenso verde, que tenía medio metro de ancho aproximadamente.

Yo no vi planta alguna por los alrededores de la que pudiera proceder aquella hoja, nueva y sana. Todo lo que nos rodeaba era pardo, seco y quebradizo. Nadie preguntó de dónde la había sacado. La mujer se llamaba Portadora de Felicidad; su talento en la vida consistía en organizar juegos. Esa noche iba a encargarse de las actividades participativas y dijo que jugaríamos al juego de la creación.

Tropezamos con un hormiguero de grandes hormigas, probablemente de dos centímetros y medio de longitud, con un extraño centro dilatado. «¡Te va a encantar su sabor!», me dijeron. Las criaturas iban a ser honradas como parte de nuestra comida. Son una variedad de la hormiga de miel cuyos vientres dilatados contienen una sustancia dulce de un sabor parecido al de la miel. No llegan nunca a ser tan grandes como las que habitan en terrenos más próximos a una profusa vegetación, ni tienen un sabor tan dulce. Tampoco su miel es una sustancia pegajosa y densa, ni de un intenso color amarillo como la de las abejas.

Más bien parece que hayan extraído la sustancia del calor incoloro y del viento de los contornos. Probablemente aquellas hormigas eran lo más parecido a una golosina que la tribu haya llegado a conocer. Extienden los brazos para que las hormigas trepen por ellos, y luego se meten las manos en la boca para comérselas. Por su expresión, las hormigas tenían un sabor delicioso. Yo sabía que tarde o temprano iban a pensar que había llegado el momento de que las probara, así que decidí tomar la iniciativa. Cogí sólo una y me la metí en la boca.

El truco consistía en triturar el insecto con los dientes y disfrutar del dulzor, no tragárselo de golpe. Yo no conseguí hacer ninguna de las dos cosas. No pude tragarme aquellas patas que se retorcían alrededor de mi lengua, y además la hormiga se me subía por las encías. Más tarde, cuando ya habíamos encendido el fuego, mis compañeros enterraron las hormigas en las brasas cubiertas por hojas. Cuando estuvieron cocinadas, chupé la superficie de las hojas como si fuera una chocolatina derretida en el envoltorio. Para cualquiera que no hubiera comido nunca miel de azahar, probablemente serían un festín. Sin embargo, en la ciudad no tendrían demasiado éxito.

Esa noche, Mujer de los Juegos partió la hoja en pedazos. No los contó en el sentido convencional que nosotros le damos a la palabra, pero utilizó su propio método para que todos recibiéramos nuestro trozo. Mientras ella trajinaba con la hoja, nosotros hacíamos música y cantábamos. Después empezó el juego.

La primera pieza se depositó sobre la arena, mientras proseguían los cánticos. A ésta le siguieron otras hasta que paró la música. Observamos entonces el dibujo formado como un rompecabezas. A medida que se colocaban más piezas sobre la arena, comprendí que las reglas permitían mover cualquier pieza si uno creía que la suya encajaba mejor en otro sitio.

No había turnos específicos. En realidad se trataba de un juego colectivo sin afán competitivo.

Pronto se completó la parte superior de la hoja, que recuperó su forma original. En ese momento nos felicitamos todos mutuamente, nos estrechamos las manos, nos abrazamos y nos pusimos a dar vueltas. Todos habían participado en el juego, que aún estaba a medias.

Nos concentramos de nuevo en completar la tarea. Yo me acerqué al rompecabezas y coloqué mi pieza. Después me acerqué de nuevo, pero no distinguí cuál era la mía, así que volví y me senté. Outa me leyó el pensamiento y dijo: «No pasa nada. Sólo parece que los trozos de hoja están separados, igual que las personas parecen separadas, pero todos somos uno. Por eso es el juego de la creación».

Outa tradujo también las palabras de los demás: «Ser uno no significa que todos seamos el mismo. Cada ser es único. No hay dos que ocupen el mismo lugar. De igual manera que la hoja necesita de todos los trozos para completarse, cada espíritu tiene su lugar especial. Las personas intentan a veces cambiar de lugar, pero al final cada cual regresa al que le corresponde. Algunos de nosotros buscamos un camino recto, mientras que a otros les gusta la monotonía de trazar círculos».

Noté entonces que todos ellos me estaban mirando, y por mi mente cruzó la idea de levantarme y acercarme al dibujo. Cuando lo hice, sólo quedaba un espacio vacío y el trozo de hoja correspondiente se hallaba a unos centímetros, en el suelo. Al colocar la última pieza del rompecabezas, un grito de júbilo quebró el silencio y resonó en la inmensidad del espacio abierto que rodeaba a nuestro pequeño grupo.

A lo lejos, unos dingos alzaron los hocicos puntiagudos y aullaron al cielo de negro terciopelo salpicado por los destellos de los diamantes celestes.

«Tú lo has acabado y eso confirma tu derecho a este viaje -continuó Outa-. Nosotros recorremos un camino recto en la Unidad. Los Mutantes tienen muchas creencias; ellos dicen que vuestras costumbres no son las mías, que vuestro salvador no es mi salvador, que vuestra eternidad no es la mía. Pero la verdad es que toda la vida es una. Sólo hay un juego. Sólo hay una raza y muchos tonos diferentes. Los Mutantes discuten sobre el nombre de Dios, sobre qué edificio, qué día, qué ritual. ¿Vino El a la Tierra? ¿Qué significan sus historias? La verdad es la verdad. Si hieres a alguien, te hieres a ti mismo. Si ayudas a alguien, te ayudas a ti mismo. La sangre y los huesos los encuentras en todos los hombres. En lo que difieren es en el corazón y la intención. Los Mutantes piensan sólo en los cien años inmediatos, en sí mismos, separados unos de otros. Los Auténticos pensamos en la eternidad. Todo es uno, nuestros antepasados, nuestros nietos no nacidos, la vida toda en todas partes.»

Cuando concluyó el juego, uno de los hombres me preguntó si era cierto que algunas personas no llegaban a saber en toda su vida cuál era el talento que les había otorgado Dios.

Tuve que admitir que algunos de mis pacientes estaban muy deprimidos y les parecía que la vida había pasado de largo por su puerta, pero que otros habían hecho su contribución. Sí, tuve que admitir, muchos Mutantes no creían que tuvieran talento alguno, y no pensaban en el propósito de la vida hasta que estaban moribundos. Grandes lágrimas afluyeron a los ojos del hombre, que meneó la cabeza para demostrar lo difícil que le resultaba creer que ocurriera semejante cosa.

«¿Por qué los Mutantes no comprenden que si mi canción hace feliz a una persona es un buen trabajo? Ayudas a una persona, buen trabajo. Además, sólo se puede ayudar a una cada vez.»

Les pregunté si habían oído el nombre de Jesús. «Desde luego -me dijeron-. Los misioneros nos enseñaron que Jesús es el Hijo de Dios. Nuestro hermano mayor. La Divina Unidad en forma humana. Es objeto de la mayor de las veneraciones. La Unidad vino a la Tierra hace muchos años para decirles a los Mutantes cómo debían vivir, lo que ellos habían olvidado. Jesús no vino a la tribu de los Auténticos. Hubiera podido hacerlo, naturalmente, nosotros estábamos aquí, pero no era nuestro mensaje. No se destinaba a nosotros porque nosotros no hemos olvidado. Nosotros ya vivíamos Su Verdad. Para nosotros -prosiguieron-, la Unidad no es una cosa. Los Mutantes parecen adictos a la forma. No aceptan nada invisible y sin forma. Para nosotros, Dios, Jesús, la Unidad no es una esencia que rodea a las cosas o que está presente en su interior; ¡es todo!»

Según esta tribu, la vida y la vivencia se mueven, avanzan y cambian. Me hablaron del tiempo en que se vive y del tiempo en que no se vive. La gente no vive cuando está furiosa o deprimida, cuando se compadece de sí misma o está llena de temor. Respirar no es un factor determinante de la vida. Simplemente sirve para indicar a los demás qué cuerpo está listo para el funeral y cuál no. No todas las personas que respiran están vivas. Está muy bien poner a prueba las emociones negativas y comprobar qué se siente, pero desde luego no es prudente ahondar en ellas. Cuando el alma se halla en forma humana, la persona juega a ver qué se siente siendo feliz o desgraciado, celoso o agradecido, o cualquier otro sentimiento. Pero se supone que ha de aprender de esa experiencia y, en último término, descubrir qué le produce placer y qué le produce dolor.

A continuación charlamos sobre juegos y deportes. Les conté que en Estados Unidos nos interesan mucho los acontecimientos deportivos, y que de hecho les pagamos mucho más a los jugadores de baloncesto que a los maestros. Me ofrecí a mostrarles uno de nuestros juegos y sugerí que nos colocáramos lodos en línea y que corriéramos lo más deprisa posible.

El más rápido sería el ganador. Ellos me miraron atentamente con sus hermosos y grandes ojos, y luego se miraron entre sí. Por fin alguien dijo: «Pero si gana una persona, todos los demás tendrán que perder. ¿Eso es divertido? Los juegos son para divertirse. ¿Para qué someter a una persona a semejante experiencia y tratar de convencerla luego de que en realidad ha ganado? Esa costumbre es difícil de entender. ¿Funciona con tu gente?». Yo me limité a sonreír y a negar con la cabeza.

Había un árbol muerto cerca de allí. Con ayuda de los demás construimos un balancín, colocando una de las largas ramas sobre una roca alta. Fue muy divertido; incluso los miembros más ancianos del grupo lo probaron. Me señalaron que hay ciertas cosas que uno no puede hacer solo, entre ellas usar ese juguete. Personas de setenta, ochenta y noventa años de edad liberaron al niño que llevaban dentro y se divirtieron con juegos en los que no había ganadores ni perdedores, sino diversión para todos.

También les enseñé a saltar a la comba, para lo que utilicé varias tiras largas de tripas de animal atadas unas con otras. Intentamos dibujar un cuadro en la arena para jugar a la rayuela, pero estaba demasiado oscuro y el cuerpo nos pedía descanso. Lo aplazamos para otro día.

Esa noche me tumbé de espaldas y contemplé un cielo increíblemente brillante. Ni siquiera una exposición de diamantes en el escaparate de negro terciopelo de una joyería hubiera resultado más impresionante. Ante aquel cielo, mi atención se sentía atraída como por un imán. Parecía que abría mi mente, porque comprendía que mis compañeros de viaje no envejecían como nosotros. Cierto es que sus cuerpos también acaban por desgastarse, pero es un proceso similar al de una vela que se extingue lenta y uniformemente. A ellos no se les estropea un órgano a los veinte y otro a los cuarenta. Lo que en Estados Unidos llamamos estrés, allí parecía una excusa para no hacer nada.

Por fin mi cuerpo empezaba a enfriarse. Aquel aprendizaje llevaba consigo muchos litros de sudor, pero era sin duda un método de instrucción muy eficaz. ¿Cómo iba a compartir con mi sociedad lo que estaba aprendiendo allí? Tenía que prepararme para el hecho de que nadie querría creerme. A la gente le resultaría difícil creer en este estilo de vida.

Pero por alguna razón, yo sabía que la importancia de cuidar la salud física iba unida a la auténtica curación de los seres humanos, la curación de su existencia eterna herida, sangrante y enferma.

Miré fijamente al cielo, y entonces me pregunté: «¿Cómo?».



Extracto de: LAS VOCES DEL DESIERTO - MARLO MORGAN





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Compartiendo:




Emociones, sentimientos, manifestaciones del egoísmo...





Toda esta exposición me ha generado un montón de preguntas más que me gustaría exponerte y que me fueras aclarando. Tienen que ver sobre todo con las emociones, los sentimientos, las diferentes manifestaciones del egoísmo que has presentado (vanidad, orgullo, soberbia). Me gustaría conocer algo más de ellas.

Adelante, pregunta.

Antes has dicho que el sentimiento y el pensamiento tienen origen distinto y que el egoísmo procede de la mente. ¿Quieres decir con esto que pensar es malo en sí mismo?

En absoluto. Lo que he querido decir es que es necesario que aprendáis a distinguir entre lo que sentís y lo que pensáis, porque a través de la mente es por donde se filtran al espíritu los pensamientos egoístas que os acaban confundiendo. El pensamiento no es malo en sí mismo. Sólo cuando oprime al sentimiento. Cuando el pensamiento está en armonía con lo que se siente es un valioso instrumento al servicio del sentimiento, para que el sentimiento se transforme en acto amoroso. El problema de vuestro mundo es que se os ha enseñado a pensar sin sentir y, si el pensamiento no tiene la inspiración del sentimiento, se pone al servicio del egoísmo. La evolución en el amor también pasa por aprender a modelar el pensamiento con la voluntad del sentimiento, y no con la del egoísmo.

No acabo de entender lo que quieres decir, ¿podrías exponer un ejemplo?

Claro. Imagina que ves a una persona muy querida, que tú eres hombre y que ella es mujer, y que hace un tiempo que no la ves. El sentimiento que tienes por esta persona te hace experimentar alegría y necesidad de expresarle cuánto la quieres, dándole un abrazo. Sin embargo imagina que estás al lado de personas con prejuicios sexistas, que no encajan las relaciones de amistad profunda entre personas de diferente sexo y que luego sabes que os van a criticar y calumniar. Al ser consciente de este inconveniente cambias tu decisión y reprimes tus sentimientos, de manera que al ver a la persona querida manifiestas indiferencia por temor al qué dirán, y sólo le das la mano de forma correcta.

En este caso el pensamiento, motivado por el análisis mental de la situación, ha cambiado el sentimiento, es decir, lo ha reprimido, ya que el sentimiento inicial era de alegría y tras la reflexión mental ha quedado en indiferencia. Este es un ejemplo de cómo el pensamiento oprime al sentimiento.

Pero entiendo yo que en la situación que has expuesto también hay que ser prudente, porque si quieres a la persona la puedes meter en un lío cuando te expones innecesariamente. Puedes buscar un momento más adecuando en un ambiente menos inquisitorio para hacer lo que sientes.

Ciertamente. Ser prudente es una virtud. La prudencia hay que ponerla para respetar el libre albedrío de los demás, porque muchas veces nuestras opiniones no van a ser entendidas o respetadas. Pero hay que intentar tener cuidado de no disfrazar el miedo con la prudencia. La prudencia modera la manifestación cuando las circunstancias no son propicias, pero no ahoga el sentimiento. El miedo sí. Si el miedo se apodera de la persona, ésta reprimirá la expresión de los sentimientos, incluso en situaciones en las que no haya una amenaza o circunstancia adversa real, porque esa amenaza ya se encarga el miedo de convertirla en realidad en la mente. La represión empieza en el momento en que uno se inhibe de tomar decisiones respecto a su propia vida por miedo a la reacción de los demás.

¿Y de dónde vienen esos condicionamientos mentales que reprimen los sentimientos?

Una parte procede del egoísmo propio y la otra de la educación recibida desde la infancia, que en vuestro planeta es fuertemente represiva con los sentimientos. Durante mucho tiempo, vuestra forma de educar ha puesto el énfasis en el desarrollo de la mente, y se ha utilizado a la propia mente para que reprima el desarrollo de los sentimientos. Los niños vienen a este mundo abiertos de par en par para manifestarse tal y como son, con un gran potencial para sentir y expresar sus sentimientos. Pero ya desde pequeños son condicionados para que experimenten apego en vez de amor, para que repriman los sentimientos, la alegría, la espontaneidad y para que se sientan culpables cada vez que experimenten algo de felicidad. ¿Qué es lo que se les ha enseñado a los niños durante generaciones? Que el buen hijo es aquel que es obediente, un esclavo de la voluntad de los padres, los profesores, los adultos, y de las normas y conveniencias sociales.

¿Cuántas veces cuando el niño pregunta por qué ha de hacer algo que no comprende se le ha respondido: “porque yo lo digo, que soy tu padre y punto”? Y si los padres están amargados, entonces el hijo ha de cargar con esa amargura. Muchas órdenes, mucha rigidez y poca libertad. Está mal todo aquello que se hace sin haber preguntado a los padres, o a los adultos. Está mal si se ríen, está mal si lloran, está mal si hablan, o si se callan cuando los padres no lo han autorizado. “Sólo has de relacionarte con quien yo diga, querer a quien yo diga, hacer lo que yo diga. Es por tu bien” te dicen. En las sociedades fuertemente religiosas, todo es pecado. Es pecado manifestar cualquier expresión de alegría, de afecto, como un abrazo o un beso. En todo ello siempre se ve algo pecaminoso, obsceno, oscuro, diabólico y uno se ha de sentir culpable de ser feliz.

Se convierte a la víctima en verdugo, al inocente en culpable. Por lo tanto, el niño llega a la conclusión de que la única forma de no sufrir es reprimir los sentimientos. Aprende a dar una imagen al mundo, la imagen de lo que los demás quieren de él, pero que en realidad no tiene mucho que ver con su propio yo. Y ocurre que el condicionamiento es tan fuerte, el fingimiento es tan continuo, que cuando llega la etapa adulta uno se cree que es lo que ha fingido ser.

La mayoría de niños, cuando se hacen adultos llegan a la conclusión inconsciente de que no pueden ser queridos tal y conforme son, sino que siempre han de hacer algún merito para recibir un poco de amor. Es decir, que se les enseña a creer en el apego, en el falso amor, posesivo, condicional, forzado, interesado, y se les hace renunciar al amor incondicional, libre, espontáneo. La consecuencia de ello es que hay poca gente que crea en el amor y que viva en el amor, que experimente, aunque sea un poquito, la felicidad que emana de él. Y en ausencia de amor, el egoísmo y todas sus manifestaciones más funestas campan a sus anchas. A pocos de los malhechores de vuestro mundo encontrareis que hayan sido queridos cuando fueron niños. ¿Por qué si hay un mandamiento que dice “honrarás a tu madre y a tu padre”, no hay otro que diga “honrarás a tus hijos”?

Muchos males de vuestro mundo se resolverían queriendo a los niños, porque los niños no han puesto todavía corazas a los sentimientos. Amarían y se dejarían amar. Amad a vuestros niños durante una generación y vuestro mundo se transformará en un paraíso en menos de un siglo.

¿Quieres decir con esto que hay gente que, aunque es conocedora de los sentimientos, es decir, aunque es capaz de amar, se reprime, y aparece ante los demás como alguien frío, sin sentimiento?

Así es. Mucha gente es dura porque tiene miedo a sufrir, a que se descubra su debilidad, que es la falta de amor. Y por ello se cubre de capas, de corazas, como un caballero medieval con armadura. Y de este modo se sufre por no querer sufrir. Se sufre porque se evita el sentir, que es lo que uno necesita para ser feliz, amar y ser amado. ¿Por qué crees que hay tanta gente que tiene miedo a la soledad? Porque en realidad tienen miedo de enfrentarse a sí mismos, miedo de descubrir la gran verdad: “Estoy vacío”. Y por eso la gente huye de sí misma, refugiándose en objetivos materiales, mentales, que le generen muchos quebraderos de cabeza o recurriendo a divertimentos que hiperestimulen la mente, para así tener una excusa para no dar nunca con la verdadera respuesta. Para que la mente hable tanto y tan fuerte que acalle la voz del sentimiento.

Pero es imposible acallar la voz de la conciencia para siempre y en algún momento la mente se descuida, o se bloquea por algún acontecimiento imprevisto o traumático, y la voz del interior vuelve a clamar: “Estoy vacío. Estoy vacío porque no siento. Porque yo no soy como manifiesto ser. Estoy siendo una fachada, una apariencia. He renunciado a ser yo mismo, un ser que quiere amar y necesita ser amado, y soy desgraciado por ello” Y cuando se toma conciencia de la realidad puede ser doloroso, impactante. En ese momento muchos buscan la forma de justificar la actitud que tomaron respecto a la anulación de sus necesidades afectivas, creyendo equivocadamente que si echan tierra sobre el asunto van a sufrir menos y todo volverá a la normalidad.

“¡Qué mal me ha tratado la vida! ¡Con qué gente más mala me ha tocado vivir! ¡Ni mis padres me quisieron! ¿Por qué tengo yo que ser mejor?” -se dicen. Y la ira, el rencor, la desconfianza, la tristeza y la soledad, les consumen por dentro. Y si tienen hijos, se vengan en ellos de todas sus frustraciones, “para que aprendan lo que es la vida”, se dicen, intentando justificarse, porque los niños son débiles y se dejan. Y entonces la tuerca vuelve a dar un nuevo giro hacia el desamor.

Pero es muy comprensible que alguien que haya sufrido mucho en la vida llegue a la conclusión de que nada merece la pena ¿no?

Es cierto que la vida puede ser muy dura y que quien decida luchar por sentir tendrá muchas trabas, por la incomprensión de los demás, y eso le hará sufrir. Pero será un sufrimiento externo, provocado por las circunstancias, que merecerá la pena si la persona, a pesar de todo, consigue sentir y amar. Pero el sufrir por evitar sentir es un sufrimiento interno que se provoca uno mismo y es un sufrimiento estéril, ya que no sirve para avanzar en el sentir y el amar.

Todo lo contrario. Puede provocar mucho sufrimiento y dolor porque, imbuido uno en el dolor, se siente con justificación para causar dolor a los demás, o ni siquiera se para a pensar en el daño que puede estar haciendo.



LAS LEYES ESPIRITUALES
Vicent Guillem
http://lasleyesespirituales.blogspot.com





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