viernes, 26 de junio de 2015

Compartir.:::. El sendero del arquetipo divino._ I _ II _ III

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No es el fin del mundo
el que se aproxima...
es un cambio del planeta Tierra...
para ser regenerado, reconstruido
en toda su estructura planetaria,
y el ser humano debera
con esto, haber aprendido a preservar y respetar
la vida...
Sea cual sea la manifeastacion de esto...



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El sendero del arquetipo divino. I



Vicente. – En nuestra conversación del pasado mes conversamos acerca de sensibilidad; la sensibilidad en su doble vertiente, la, digamos, psicológica, y la espiritual. La vertiente psicológica en su triple manifestación, física, emocional o psíquica, y mental, y la sensibilidad espiritual, cuando están unificadas constituyen el núcleo de la sabiduría del ser humano, que no se manifiesta como un simple conocimiento sino que su línea de actividad es síntesis. Siempre síntesis es la finalidad ultérrima, la meta más allá hacia la cual tiende el ser humano a través de las edades.

Dijimos también, que no es lo mismo la sensibilidad psíquica, la que produce fenómenos y que es objetiva, con aquella absoluta sensibilidad que es la sensibilidad a la vida en todas sus vertientes imaginables; y apuntamos también, que en nuestra conversación de hoy hablaríamos de algo que es consustancial con la sensibilidad, y es la conciencia. En el individuo, en el ser humano, debe ser notada siempre esta particularidad, esta dualidad, esta característica dual al manifestarse. Una, la sensibilidad, tiene su asiento en el corazón, y (otra) la conciencia tiene su mundo de irradiación y de percepción en la mente; y en el camino de la evolución, el camino que conduce a la potente irradiación de lo que podemos definir “un arquetipo”, se produce sólo únicamente cuando la sensibilidad y la conciencia están por así decirlo en el mismo nivel. Cuando la mente y el corazón funcionan en forma sincrónica, armoniosa y equilibrada, en esta fusión maravillosa, que es el fin de lo que podemos denominar la evolución del hombre aquí en la Tierra, se cifran las esperanzas de la humanidad dentro de esta sociedad en caos creciente y en incesante conflicto y dolor.

Por lo tanto, desde un punto de vista ético, desde el punto de vista realmente esotérico, lo que debe hacer el ser humano es tratar de alcanzar siempre en su vida una síntesis, y al hablar de síntesis en la vida del hombre corriente —que somos todos nosotros—, no podemos decir que vamos a esperar a algo que está más allá y por encima de nuestra posibilidades actuales, sino que forzosamente tenemos que atenernos a las metas inmediatas: a aquello que constituye el nervio de nuestra vida psicológica ahora y aquí, en este momento. No podemos pasar más allá del círculo infranqueable de la evolución de nuestra conciencia. Cuando, afortunadamente, durante el proceso de la evolución el hombre rompe este círculo en el cual se halla contenido por su propia limitación, entonces se le abre otra perspectiva, que lo mismo puede ser de sensibilidad a la vida, a la belleza, a la creación, como de decepción de la meta más lejana, entrando entonces, lógicamente, dentro de una zona de irradiación para la cual parece ser no tenemos todavía unos órganos cerebrales o alguna célula en el corazón para responder de una manera adecuada.

Quiero significar esto, también, que estamos luchando en dos frentes, en el frente de la sensibilidad a la vida, y en el frente de decepción de las cosas. La unión de ambos principios tiene que hacer surgir de lo profundo de nuestro ser aquel sendero del arquetipo para el cual fue creado el hombre por la mente indescriptible de la Divinidad. Así que todo cuanto podemos decir aquí en nuestras conversaciones esotéricas - y les ruego que tomen el nombre “esotérico” de una manera sencilla y natural y no como algo misterioso y nebuloso que pertenece a algo que no podemos coger ni pretender imaginar, sino como un hecho natural que ocurre constantemente ahí donde estemos nosotros y cualquiera que sea el lugar en donde estemos ubicados, porque existe, evidentemente, un arquetipo inmediato para cada uno de nosotros, y este arquetipo es el que define dentro de la línea mental de la evolución, dónde estamos situados dentro de esta escalera de Jacob a la cual nos estamos refiriendo constantemente, y por donde ascienden y descienden las almas en el Sendero -, tomando también como sendero la línea de proyección que corresponde desde el principio de los tiempos a crear en el hombre esta unificación del principio de sensibilidad y del principio de conciencia.

Así, si queremos determinar el alcance de un objetivo lejano, o el arquetipo final por el cual suspira el alma de todo ser humano, de no importa qué raza ni qué condición social, de no importa qué filosofía o qué credo o que religión tenga en su corazón, sino como un patrimonio vivo, como una herencia del propio Dios que ha creado el universo; por lo cual, cuando distinguimos entre lo que es meta y lo que es sendero, entre lo que es una línea de proyección hacia lo que es el objetivo, o sea, si nos referimos a un objetivo final, a este centro Omega, del cual nos habló en su tiempo Teilhard de Chardin. Por lo tanto, para dar una idea gráfica de cómo la necesidad de la evolución es algo consustancial en el corazón del hombre, solamente podemos imaginar, o podríamos imaginar, una vasija que cae al suelo y se rompe en una serie infinita de fragmentos, (y) si analizamos cada uno de los fragmentos tendremos dos cosas : tendremos una conciencia de fragmento, que es siempre la forma que ha adoptado al romperse, más el recuerdo de la unidad de la cual formaba parte; por lo tanto, este símil nos indica que el corazón de todo ser humano está fragmentado, y además, tiene conciencia de esta separatividad, de este fragmento en relación con la unidad que constantemente está buscando, y es el origen mismo de la línea de revolución.

Es decir, que al hablar, por ejemplo, del fragmento que trata constantemente de reconstruir en su inicio aquella unidad de la cual formaba parte, ya entramos, lógicamente, dentro de aquello que se define en todos los tratados místicos y esotéricos de no importa qué religión, con el término único de Sendero. El Sendero, desde que el hombre tiene por primera vez en su vida el sentimiento de separatividad, y empieza a actuar como individualidad separada del resto de la humanidad, naturalmente, tiene que influir dentro de su economía ética y moral en forma de dolor. El dolor profundo de sentirse desarraigado del árbol inmenso de la vida, el cual intuye pero al cual no puede llegar debido a que aún tiene la conciencia fragmentada, aquello que Madame Blavatsky denominó como la gran herejía de la separatividad. Herejía, no obstante, de tipo natural, por cuanto tiene que ver con el dolor, con la angustia, con el esfuerzo incesante del ser humano para llegar a apretarse hacia aquellas sempiternas alturas en donde vive la unidad divina.

Naturalmente, al hablar de senderos, al hablar de caminos, al hablar de esta solemne aventura dentro de la conciencia, debemos lógicamente saber situarnos individual y socialmente en uno de estos niveles característicos que constituyen la escalera de Jacob, y allí laborar lenta, callada y humildemente, a fin de que, en esta humildad y en este silencio y recogimiento, (la persona) pueda adquirir una conciencia siquiera leve de unidad dentro de ese fragmento dividido, y entonces, podamos decir que realmente está pisando firme en el Sendero. Un Sendero que pisan todos los seres humanos, y si profundizamos esotéricamente en la raíz de todas las cosas, es un sendero, o una prolongación, que viene no sólo ya del reino humano estructurado y definido desde la 5ª Subraza de la 3ª Raza Lemur, sino de muchos miles de millones de antes, más allá de los primitivos Pralayas de la humanidad, que culminó en el reino animal y anteriormente ya en el mineral y el vegetal, para llegar a la conclusión que el Sendero es la línea de Dios que va de su corazón, y a través del corazón del hombre debe liberarse. Y aquí se produce el misterio de lo que significa para el hombre el término Sendero, para el hombre inteligente de nuestros días, que es este fluir incesante por las rutas gloriosas de la evolución, si ustedes me permiten, por la escala de sonidos de la naturaleza, yendo todavía más profundamente, pisando constantemente la cabeza de nuestros yos vencidos en el puro fragor de la lucha cotidiana, para llegar a este punto en el cual somos conscientes de un arquetipo: un arquetipo que responde a nuestras necesidades inmediatas y también al curso mismo de la evolución, del cual nosotros somos unos modestos investigadores.

Dense cuenta, siempre desde el punto de vista psicológico, y analizando cada cual el misterio profundo de su corazón que raras veces se produce en el ser humano una característica de síntesis, que lo caracterice como un arquetipo definido de la evolución que puede ser percibido por los demás seres humanos, como, por ejemplo, el caso de Cristo, de Buda o de no importa qué Avatar, de no importa qué tiempo de la historia del planeta, sino que cada cual adoptará en el término Sendero un camino definido que se renueva a través de las edades, mediante las leyes de reencarnación y de karma, que no son efectos solamente individuales sino que son proyecciones cósmicas. Hasta aquí habremos considerado, debido precisamente a la tendencia que tiene el hombre a empequeñecer dentro de su corazón a la Divinidad, que el karma o el principio de reencarnación, será algo consustancial con el ser humano, todo de acuerdo con las leyes arquetípicas del cosmos. Vemos que el karma se produce porque todo cuerpo celeste por elevado que sea a nuestros ojos o a nuestra intuición es la representación de un karma cósmico, teniendo en cuenta lo que hemos dicho otras veces: que, desde el punto de vista esotérico, Dios, el Dios de nuestro universo, es una Entidad psicológica en evolución, con problemas parecidos —dentro de su inconmensurable grandeza— a los que tenemos nosotros, por lo cual, siguiendo la proyección de esta rueda arquetípica de la evolución cósmica, tiene que reencarnar cíclicamente para poder aportar a la economía elevada del cosmos, de no importa qué tipo de galaxia, una experiencia típica que sirve para el desarrollo progresivo de esta máquina incesante de hacer progreso, que es la Entidad Central, allá donde nuestra mente nunca podrá llegar, aquel punto en donde nuestro corazón no tiene suficiente sensibilidad para sentir su indescriptible armonía.

Entonces, hay que analizar también y ver de esta manera, por ley de analogía, que el cosmos es solidario, y que lo que nosotros decimos separatividad, en el sentido humano, y que, por analogía humana, trasladamos al cosmos, ese punto no- se- pasa de un universo en relación con otro universo, deberá un día cesar para dar lugar a conceptos más elevados, puros y sublimes, dentro de los cuales esa Entidad gloriosa que llamamos Dios, y dentro de la cual vivimos, nos movemos y tenemos el ser, no es ni más ni menos que una expresión más elevada que la nuestra de las leyes de karma, reencarnación o del principio cualquiera que puedan ustedes percibir y concretar en el corazón o en el fondo del ser. ¿Qué significa esto? Significa que existe la Jerarquía, que actúa por doquier, más allá y por encima de los conceptos nebulosos de la inteligencia del hombre, algo que debe ser captado en su absoluta grandeza por un corazón desapasionado, porque cuando existe desapasionamiento automáticamente se rompen, se quebrantan, las fronteras del círculo-no-se-pasa de nuestras posibilidades actuales y entramos en otro camino, en otro horizonte de inmaculada grandeza, el cual tenemos que conquistar progresivamente para constituir con aquello el núcleo, la experiencia precisa para futuras evoluciones.

Entonces, ustedes preguntarán: ¿cuál es la evolución superior e inmediata del hombre? Yo diría que es el 5º Reino de la Naturaleza, y ¿qué es el 5º Reino de la Naturaleza? Yo también les diría que es el reino de las almas liberadas, allí en donde existe la fuerza de atracción, y si ustedes me apuran, el fragmento mayor del cual formamos parte, que al propio tiempo constituye una parte también mayor que la nuestra pero pequeña en relación con el infinito con aquello que llamamos la unidad del arquetipo divino, aquello que se rompió en fragmentos y que ahora cada fragmento está tratando de buscar, porque el sueño de todo hombre es reconstruir este fragmento, y precisamente en la construcción se haya todo cuanto esotéricamente denominamos la liberación. Liberación que se inicia con una conciencia clara y penetrante, profundamente despierta del término Sendero, del término Aspirante Espiritual, del término Discípulo en Probación, de Discípulo Aceptado, del llamado Hijo del Maestro, del Iniciado en sus primeros grados, del Gran Iniciado que ha dado la vuelta en el quinto gran recodo del Sendero o la 5ª Iniciación, la del Maestro de Sabiduría, para continuar progresando por sucesivas iniciaciones, que están unidas siempre por una síntesis entre conciencia y sensibilidad.

Hemos dado una vuelta para volver al mismo sitio, y darnos cuenta, que lo que estamos haciendo en estos momentos, sin que quizá no nos apercibamos, es recorrer el Sendero conjuntamente, tratando en grupo de reconstruir en nuestro corazón y en nuestra mente aquel arquetipo divino, del cual sabemos intuitivamente que formamos parte y que es el que rige la ruta gloriosa de nuestra evolución como 4º Reino de la Naturaleza, y con culminación en el 5º Reino de las Almas Liberadas. Y ¿cuál es el destino final de los Adeptos? Yo creo que esto pertenece a los Adeptos, pero, si empleamos la analogía, es lógico suponer que la conciencia, la sensibilidad y el poder de crear aumentarán proporcionalmente con el equilibrio del grado a través de los eones sucesivos que nos conducen a constituir un día una célula consciente dentro de algún chacra de la humanidad divina; y entramos aquí nuevamente en el terreno de la analogía, el terreno que hace que cualquier cosa que ocurre en nosotros (ocurre) ampliado a la medida, a la estatura, de Dios. Se puede imaginar fácilmente que (esto) es una exacta revolución, porque todas las grandes religiones, y las grandes filosofías de todos los tiempos están de acuerdo en una verdad, y es que el ser humano está hecho a imagen y semejanza del Creador, con esto casi podemos decir que estamos dilucidando, estamos esclareciendo, estamos tratando de comprender activamente el significado del principio hermético de la analogía, aquel que Hermes Trismegisto definió tan sencillamente y tan gloriosamente como “igual es arriba que abajo, igual es abajo que arriba”, para llegar a la conclusión, de que toda persona correctamente orientada que dentro de su propio nivel o esfera social, sin pretender grandes zonas de sensibilidad y de entendimiento, si va buscando solamente su grado de participación social, su conciencia social, podíamos decir, está colaborando con los planes de la Divinidad, y con sus planes augustos, arquetípicos, se convierte en aquello que técnicamente definimos como un “discípulo”. Todos somos discípulos desde el momento en que nos damos cuenta de que inteligentemente estamos cooperando con los planes de la Divinidad, siendo conscientes en los pequeños planos que están a nuestro alcance, y siendo conscientes también de sus planes infinitos que están relacionados con el arquetipo.

Los planos están relacionados con la sensibilidad, en cambio los planes están relacionados con la conciencia, otra vuelta que hemos dado en la espiral. Entonces, lo principal, lo más asequible, lo más humano es, quizá, la cortesía humana, la conciencia social inmediata, no el tratado esotérico que nos habla del cosmos, porque si bien se dice que hay que avanzar la mente hacia el cosmos con una flecha lanzada por potente brazo que pueda captar toda la maravilla, sin embargo, lo que dignifica más es el aspecto servicio. El grado de adaptabilidad dentro del ambiente dentro del cual estamos inmersos y que constituye nuestro karma inmediato, porque el karma es una ley que está operando, y que nosotros podamos trascender el karma sólo será una verdad cuando seamos correctos con el ambiente que nos rodea, porque ustedes saben bien que el conocimiento esotérico, que es una gran percepción esotérica-mental, a veces muy fría, aunque muy extensa en el sentido horizontal, (se define) con aquella bella expresión mística del corazón, que hace que el hombre no pueda transformar, él, una relación social correcta por el fruto de sus investigaciones. Desde el punto de vista esotérico —y esto vengo repitiéndolo incesantemente—, lo ideal, lo que realmente define al alma en el sendero, es la manera cómo tratamos a la gente, con desapasionamiento, con profundo desapego, y sobre todo con un infinito amor y deseo de servir.

Llegado aquí, casi que no diciendo nada más se habría dicho todo, porque la verdad es muy sencilla, lo que pasa es que la mente humana a fuerza de intelectualizar ha perdido su frescura mística, que es el eslabón, o el antakarana, podíamos decir, que lo conecta con el corazón místico. El corazón, por su parte, está desvinculado de la mente porque se ha hecho sensible a las cosas y a las personas y no se ha hecho sensible a la Divinidad. Tenemos, por un lado, la gran proyección mental de la mente aguda e intelectualizada, capaz de abarcar mucho pero al propio tiempo quedando preso de sus propias creaciones, y (por otra) el corazón místico que a fuerza de misticismo ha llegado a perder el sentido de discriminación, entonces, el Sendero. En todo caso, ya volviendo siempre a lo mismo, es que en la vida social hay que tratar de equilibrar estas dos vertientes de la naturaleza humana, la naturaleza típicamente mental y la otra que es sumamente mística o emocional, porque cuando se habla del sendero místico o el sendero ocultista, se está dando cuenta uno solamente con decir sendero místico u ocultista, que estamos presos todavía de la gran herejía de la separatividad.

Solamente cuando la mente está tan creadoramente vacía, como dice Krishnamurti, cuando el corazón es casto y está recogido más allá de los frutos del tiempo y de todo cuanto la sociedad puede aportarle, es cuando una luz unificada surge automáticamente, y al propio tiempo del corazón y de la mente, constituyendo la base de una nueva psicología. La psicología del arquetipo (consiste en) que cada cual tiene el poder de desarrollar y de dar a luz, aun cuando el proceso de alumbramiento sea doloroso, pero es el deber, es nuestro deber, es nuestro Dharma. De ahí que se comprenderá cuál es el objetivo de todo cuanto (construye) la humanidad presente con sus oportunidades magníficas, debido a la presión incesante de la constelación de Acuario, una oportunidad que no se nos presentará quizás hasta dentro de veinticinco millones de años con la fuerza de hoy. Entonces, hay que ser muy atentos y vivir apercibidos de esta oportunidad que, si ustedes me permiten, es la oportunidad que les ha traído aquí y estamos viviendo ahora, que es este silencio que se está produciendo porque ustedes están atentos. La mente está creadoramente vacía, llena de atención, y el corazón está asimilando verdades, entonces, lo que se va a producir, o que se está produciendo, ¿no será una síntesis?, ¿no será realmente aquello que estamos buscando desde el principio de los tiempos? Algo dijimos sobre esto al finalizar con un silencio muy profundo nuestra conversación del mes anterior, cuando se insistió en el hecho de que este silencio producido por un grupo de personas inteligentes y de buena voluntad, que están tratando de abarcar en mente y corazón la línea de síntesis, ese silencio profundo, ese supremo estado de expectación es realmente curativo en todos los aspectos imaginables, habida cuenta que existen enfermedades físicas, lesiones psíquicas, y enfermedades mentales. Aquí en este punto de distensión, que es la base de la perfecta tensión creadora, se puede producir, y realmente se está produciendo, esta divina catarsis que tiene que redimir al hombre y tiene que hacer que los arquetipos superiores, que se están agitando gozosamente en la mente de Dios, pueden constituir el patrimonio para toda la humanidad.


Extracto de Conferencia de Vicente Beltrán Anglada
En Barcelona, 1 de Octubre de 1975
Digitalizada por el Grupo de Transcripción de Conferencias (G.T.C.) 1 de Marzo de 2007


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El sendero del arquetipo divino. II



Ahora ustedes dirán lo que sienten, pueden preguntar, y al observar, que no es necesario que su pregunta tenga que ver con lo que acabamos de decir en este momento, sino que todo cuanto quedó en suspenso de una vida inteligente producto de nuestra conversación pasada, o de algo relacionado más o menos directamente con lo que estamos conversando aquí, pueda constituir un interés específico para alguno de ustedes, o para todos en general.

Interlocutor. – Me parece que hay una cosa de mutuo interés para los que siguen con atención nuestros esfuerzos que hacemos todos aquí de conectarnos con el Yo superior, con lo más noble que hay en nosotros. Ayer, por radio, se dijo y se nombró a René Guénon, desde Francia, que algunas escuelas esotéricas decían que nuestra personalidad no tiene ninguna posibilidad de contactar nunca con el Ego, que el Ego es espíritu, es eterno, que después la personalidad muere, que es totalmente perecedera al igual que el cuerpo físico, y que ni aquí ni allá puede contactar con el Ego. El Ego y la personalidad, el Espíritu y el cuaternario inferior no tienen ninguna posibilidad de contactar. Esto me pareció una cosa muy rara por parte de algunos esoteristas, cuando, precisamente, la meta de la evolución es ir fecundando las personalidades a través del Ego, para que la experiencia desde su propio plano, sin bajar de su propio plano, y a la personalidad pues pueda manifestarle como seguidor de la Jerarquía, como discípulo, como un Maestro, en fin. O sea, que me chocó mucho eso de que el relevo no puede ser porque el espíritu es eterno, y como que es eterno, la personalidad perecedera, quedan unos restos de nuestra memoria, de nuestra sensibilidad, que va vagando por las dimensiones, y de estos restos lo único que puede supervivir, incluso dice, por siglos, sin desintegrarse, otra cosa rara, no tiene ninguna posibilidad de hacer contacto con el Ego. Creo que ha surgido un tema de tipo general, que vale la pena de desarrollar.

Vicente. – Sí, sí. Desde luego, solamente tengo que decir que yo, por ética, respeto siempre todas las ideas, creencias y opiniones de los demás, pero, no obstante, la línea de la atención tiene un camino bien delimitado, es el camino de la integración. Empezamos, en las primeras etapas de nuestra vida psicológica, tratando de integrar nuestro cuerpo en funciones, digamos, más o menos armoniosas y equilibradas, y persiguiendo, como siempre hemos dicho, el arquetipo de belleza que el cuerpo físico tiene el deber, la ley, el karma, de representar en determinado estadio de la evolución del hombre aquí en la Tierra. Tenemos también otro tipo de integración que se produce cuando el ser humano se da cuenta que está apegado a cosas y a personas, y sin dejar de amar a las cosas y a las personas es, sin embargo, capaz de desapegarse, viviendo íntegramente su vida emocional. Hay también..., teniendo en cuenta, que la vida emocional, todo lo que es el cuerpo astral, tiene como finalidad representar la voluntad hasta donde el hombre puede desarrollarla, comprenderla y actualizarla. Y subiendo también, ya en la línea de los arquetipos, vemos el arquetipo mental, cuya estructuración se está formando en los grandes pensadores del mundo, persiguiendo arquetipos de tipo meramente mental pero que constituyen la base de una perfecta unidad o integración, buscando el principio de verdad que está no sólo en las cosas y en las personas sino por todo el universo.

Pues bien, ¿qué pasará, diga lo que diga René Guénon, cuando el cuerpo físico esté completamente integrado, cuando la emoción humana esté plenamente armonizada e integrada, y cuando el cuerpo mental esté completamente integrado en sus funciones como recipiente de la fuerza magnética de la evolución, tras la conquista de una serie infinita de verdades o misterios menores? Sencillamente, que por la fuerza de las cosas, por aquel gran misterio del cristianismo esotérico, que tiene que ver con el Cáliz y con el Verbo, el Verbo se manifestará lo quieran o no lo quieran reconocer los hombres de ciencia o los esotéricos de tipo elemental-intelectualizado, porque se trata de un misterio. Desde el momento en que (se realiza) la integración del Cáliz, o sea, el cuerpo físico, la mente y la emoción del hombre, automáticamente se produce un hecho natural en la naturaleza, tan natural como el perfume de una flor en primavera: se produce la integración superior con aquella entidad, llámesela como se quiera, Yo Superior, Ángel Solar, el OM Sagrado, el Verbo de Revelación, la Iluminación Divina, o la contemplación magnificente de la naturaleza.

El nombre es lo de menos, porque se trata de proceder a través de cosas objetivas, restableciendo siempre un misterio de verdad. Así que, cuando la integración se produce - ya digo que se produce cuando estamos plenamente apercibidos del momento que estamos viviendo, cuando existe silencio, cuando existe un estado de verdadera castidad en el corazón, y cuando existe un cuerpo sin enfermedades, en este mismo momento en que se produce la integración -, (no sólo) pasa a depender ya del Yo, al que se refiere el Sr. Guénon, sino que enteramente ha perdido realmente la personalidad, que será seguramente a lo que se está refiriendo Guénon, el Yo Superior, o el Alma en su propio plano, o el Ángel Solar, como ustedes quieran. El caso es que aún existe la separatividad, porque la separatividad existe solamente cuando no hay síntesis, cuando la sensibilidad va atacando por su propio lado y la percepción de la conciencia actúa por otro, en esta división es imposible que el Yo Superior pueda manifestarse, pero cuando existe integración se produce este milagro natural, de que el Verbo se introduce en el Cáliz y, entonces, a través del Cáliz purificado se manifiesta el Verbo. Esto desde un punto de vista realmente racional, y viendo ya siempre los misterios del cristianismo, que son misterios sagrados en su punto esotérico, cuando son comprendidos desde sus raíces, y no desde la periferia.

Leonor. – No sé si es el que pregunta el amigo, (pero es que) René Guénon, el que dice él, ¡ah! no te extrañe, es de la línea de Gurdjieff.

Interlocutor. – ¡Ah! ya comprendo.

Interlocutor. – Yo quisiera preguntar; cuando una persona se encuentra, que por su naturaleza, su forma de ser, cuando piensa en cosas puntuales, lo natural en ella es sentir más que pensar, o comprender, que su natural es incluso llegar al sacrificio si conviene por colaborar en la obra de Cristo, pero que en cambio de su propio instinto o naturaleza no sale el preocuparse, pues, de que su grado de conciencia esté a la altura para poder iluminar su sentir, cuando... (se produce un corte de sonido)

Vicente. – A no ser que sea una persona de tipo netamente emocional, incapaz de coordinar inteligentemente, es buscar en lo profundo de su corazón con una sentida pregunta el porqué de su estado. El porqué se siente apegado, o apegada, a valores transitorios, sean los valores que nacen del contacto familiar, o los que nacen de las propias predisposiciones kármicas, producidos por la integración más o menos acentuada de los átomos permanentes al incidir dentro de la materia de cada uno de sus cuerpos. Entonces, el proceso es, si podemos llegar a este punto, de serena expectación, porque la línea de la mente tienen su propia programática, así como la tiene la línea del corazón, entonces, tal como decía Buda, el gran iluminado, hay que situarse dentro de un estado sereno y absoluto de expectación mental, porque la expectación mental trae como consecuencia una gran apertura del corazón, porque, entonces, en esta apertura, no existe capacidad para cosas pequeñas, sino que existe solamente el hacer de lo grande, y, naturalmente, cuando existe el hacer de lo grande, ¿cómo puede anidar lo pequeño? Entonces, no se trata de ver lo que me pasa: esto no es un caso determinado, es un caso total dentro de la humanidad.

Cuando se tiene un gran problema, (hay que actuar) operando místicamente, tal como dijo Cristo: “Pedid y se os dará”, ¿por qué?, porque el pedir a la Divinidad forzosamente tiene que trascender las limitaciones del ser humano que está rogando. Las fronteras de su mente tienen forzosamente que ensancharse y el corazón forzosamente tiene que adquirir una capacidad increíble de percepción. Cuando se está en ese estado de expectación tremendo, se está vivificando aquello que hemos dicho al principio, se está introduciendo dentro de nosotros como seres completos la virtud, el poder, la capacidad de síntesis. ¿Qué es síntesis? ¿Cómo decirles a ustedes qué es la intuición? ¿Qué es la iluminación? ¿Qué es la verdad? Es esto, y cuando tenemos la verdad ya no preguntamos, sabemos.
¿Se dan cuenta de lo que es buscar una cosa y tenerla dentro, y ser conscientes de que la tenemos dentro? Pero, ¿qué es lo que ocurre frecuentemente? Estamos inmersos dentro de una sociedad estructurada según unos moldes tradicionales y siguiendo las directrices que no han variado efectivamente, desde el ángulo de vista esotérico muy fundamentalmente, desde los tiempos de la caverna, en donde el hombre estaba preso de las necesidades inmediatas.

Ahora, hemos intelectualizado la vida, hemos subido a un pedestal, y de este pedestal continuamos operando de la misma manera como operaba el hombre de las cavernas, estamos presos de lo inmediato, de aquello que constituye el fermento que debería ser en esta evolución y que nos empequeñece, que hace que perdamos de vista los grandes arquetipos de belleza, de bondad y de verdad, que son la conquista más allá de las leyes de espacio y del tiempo a través del sendero espiritual. Entonces, una apertura, una pregunta, y la respuesta es inmediata, porque la respuesta es siempre inmediata y proporcional a la calidad, a la sinceridad y a la potencia de la pregunta. ¿Se han dado cuenta, de que si no recibimos respuestas es porque no hacemos preguntas que puedan llegar a la Divinidad, y tienes que recurrir a otros hombres para que nos la definan? Y ¿qué pasa con la humanidad?, (pues) que estamos siguiendo personalidades, y a fuerza de seguir personalidades, de no importa qué campo social del mundo, hemos perdido progresivamente la capacidad de pensar, de sentir de acuerdo con arquetipos superiores, de acuerdo con nosotros mismos, habida cuenta de que somos hechos a imagen y semejanza de la Divinidad.

Interlocutor. – ¿Podríamos nosotros enjuiciar, podríamos decir, nuestros yos inferiores, como elementales del gran Creador? Esta es la pregunta y me dice si me puede contestar.

Vicente. – Fíjense ustedes la pregunta, ¿podemos relacionar aquello que definimos los yos muertos, con existencias elementales que sacudimos de nuestra aura etérica, emocional o mental, y que son las que impiden una percepción inmediata de la verdad? Yo diría sí y no, un aparente contrasentido. Dense cuenta, de que aquello, que hemos dicho muchas veces, que existe entre ustedes y yo, o entre ustedes, este vacío, (que) está lleno de algo, este algo es el que hay que descubrir para responder la pregunta de la buena amiga; porque por nuestra capacidad creadora estamos monopolizando una serie de fuerzas elementarias que existen en el éter, y según la calidad de nuestras preguntas o nuestras actividades, así será la calidad de esas fuerzas inmersas en el éter que están constituyendo nuestro karma. Entonces, entramos dentro de una Era programática, ya no es el hombre y su karma, sino cuáles son los agentes que contribuyen al karma. Entonces, sí y no, y no hay sí, porque la verdad, el karma, no es más que una expresión objetiva de nuestras capacidades volitivas, de nuestras capacidades de expresión, y de nuestro poder como seres humanos de remover creativamente los éteres.

Desde el momento en que yo —o a cualquiera de ustedes, me refiero—, puedo monopolizar una cierta cantidad de elementos dévicos por la fuerza de la mente o por el impulso de su corazón, ya (se) está creando una atracción magnética para aquellos agentes dévicos o angélicos que están en el éter. Entonces -cuando decimos: “el hombre es tal como piensa en su corazón”, o, ”siembra vientos y recoge tempestades”-, se está revelando este proceso, esta manipulación de aquello de lo cual deberíamos ser responsables y no los somos, que es la actitud humana. Una actitud ante la vida y ante la sociedad, teniendo en cuenta algo que olvidamos frecuentemente los esotéricos, y es que a cada palabra y a cada pensamiento sucede un color y un sonido en el éter que invocan a los devas, esas fuerzas elementales que existen en diferentes gradaciones, en infinitas gradaciones, que se extienden desde los pequeños elementales que se agitan en la tierra hasta los grandes arcángeles que constituyen los Señores de un plano dentro de un sistema solar. Entonces, ¿qué es lo que pasa con esto?, ¿qué es la enseñanza que se desprende de esta actividad del hombre?, ¿de la comprensión de esta idea de que estamos trabajando constantemente con éter, con aquella sustancia en el éter que permite la expansión de nuestra vida, que permite que yo pueda hablarles a ustedes, que permite que yo pueda pensar, que yo pueda sentir, que yo pueda moverme? Esto que técnicamente llamamos energías y fuerzas, y que la ciencia está ahora tratando de investigar en el mundo oculto, en la cuarta dimensión, es la fuerza que monopolizamos a través de esas entidades, que no son ni buenas ni malas sino que son tal como somos nosotros, porque están de acuerdo con lo que pensamos, con lo que sentimos y con lo que hacemos constantemente; hasta el punto de que si el hombre vivió en las cavernas era porque era incapaz todavía de pronunciar sonidos articulados, y su articulación, su forma de expresarse, sus sonidos guturales, solamente producían en el éter un tipo de percusión, de color y de sonido que afectaba a los elementales de la tierra y, por lo tanto, el hombre forzosamente tenía que vivir en las cavernas.

¿Qué pasa, por ejemplo, con una sociedad civilizada como la que tuvo su vida, su actividad, en Grecia o en Egipto? Porque, la forma de pronunciar los sonidos le da un sentido de belleza, un sentido filosófico de la vida, una gran unción además, un gran amor por los arquetipos. Naturalmente, ¿qué reflejaban entonces los griegos del pasado, los grandes griegos? Reflejaron con su música el sonido, buscando la gloria de Dios, devas excelsos que fueron los promotores de la belleza que todavía podemos admirar en Grecia, o la sabiduría inscrita todavía dentro de las pirámides, o los sacerdotes egipcios herederos de la gran tradición atlante. Entonces, esto que estamos haciendo aquí, yo creo, es crear unos devas que compartan con nosotros, tal como es la ley, el fruto de una evolución, habida cuenta de que los devas en su conjunto constituyen el chacra Cardíaco del Logos Planetario, y que la humanidad en su conjunto está situada en un nivel intermedio entre el Corazón y el centro Ajna, dentro del Corazón del Logos Planetario. Por lo tanto, llegamos a algo que siempre estamos diciendo, que estamos colaborando constantemente con la gloria del Creador, participando en el nombre de los ángeles o de los devas, del magnífico fruto de la evolución. Y llegará un día, cuando el hombre venciendo las leyes del espacio, del tiempo, de toda posible duda y confusión, no tenga nada ya que buscar dentro de los estrechos límites del 5º Reino, con la mente andrógina en toda su expresión, reflejará al propio tiempo la sensibilidad angélica más la percepción consciente del hombre.

Interlocutor. – Me permite, una pequeña pregunta. Me interesaría saber, si es posible, la pregunta que he hecho, que es, si los yos inferiores podrían considerarse como elementales del gran Creador, éstos tienen sus fragmentos de la vasija, mientras que los que crea el hombre no deben tener el fragmento de la vasija total, estos son los que con el tiempo mueren.

Vicente. – Sí, pero fíjese bien, entonces son pequeñas unidades dentro de un fragmento.

Interlocutor. – ¿Las que crea el hombre?

Vicente. – Claro.

Interlocutor. – ¿Pero no llevan mónada?

Vicente. – No, no, no, es aparte. Son creaciones, ¡eh! Y, naturalmente, podemos... cuando se habla místicamente, “vamos a matar el yo”, y esas cosas, son exageraciones, porque todo está unificado dentro de este centro que es la vida; pero nos referimos, concretamente, cuando hablamos del fragmento que somos todos los seres, que es una imagen un poquito, ¿eh?, para que ustedes se den cuenta solamente, no de lo que se entiende al pie de la letra, sino que son imágenes pictóricas para representar un estado de conciencia que no tiene representación objetiva, que es un trabajo inmenso tratar de reproducir esta cosa en un momento dado. Pero, toda la creación del hombre, como ser humano, todo cuanto monopoliza, todo cuanto es capaz de construir y destruir, son pequeños puntos dentro de su forma fragmentada como conciencia. Ahora bien, llegará el momento... eso tiene que ver también porque el Sistema Solar dentro del cual estamos inmersos tiene una constitución cuaternaria, (y) aún estamos bajo el imperio de los elementos.

Dense cuenta también, unido a esto, que estamos en un Kali-yuga, un Kali-yuga que dura un millón setecientos mil años, y que la Era de Piscis, la cual acabamos de abandonar, se manifiesta cíclicamente cada veinte cinco mil años, significa que setenta estados pisceanos se manifiestan durante el período de un Kali-yuga; esto significa también, que las creaciones que utilizamos en este presente Kali-yuga no serán las mismas que las que laboraremos cuando estemos, por ejemplo, en un Satya-yuga o la Edad de Oro de la conciencia, y cuando hablamos de recuerdo arquetípico, quizá, en el fondo del corazón, estemos recordando aquella ayuda vivida hace millones de años cuando culminó la humanidad como cuarto reino, en la estructuración (o) en la visión ideal de un arquetipo agitado en una Edad de Oro o un Krita-yuga o un Satya-yuga, de la humanidad como un todo. Y, dentro de un Kali-yuga hay pequeños satya-yugas o pequeños estados o edades de oro, como Grecia, Egipto, o los atlantes y otras formas de evolución, la ciencia de hoy día, por ejemplo, y todo dentro de un Kali-yuga.

Por lo tanto, solamente cuando en la 7ª Subraza de la 7ª Raza, cuando el hombre haya agotado el karma de todas sus vidas, cuando esté neto y puro, cuando el fuego de Kundalini no necesite Ida y Pingala, porque subirá rítmicamente por el Susumma, sin necesidad, por lo tanto, de que al imperar el fuego de Manas en Pingala se convierta en mujer, o cuando suba en Ida se convierta en hombre, (porque) si circula el fuego de Kundalini por el centro será andrógino, y, entonces, ya no tendrá necesidad de reencarnar. Ahí está todo el misterio de la evolución y la liberación del hombre.
(Hay que decir) que hay muchos seres humanos que realizaron esta conquista y se liberaron, como lo demostraron los Maestros de Compasión y de Sabiduría, y los Grandes Iniciados de nuestra Tierra. Esto es un punto de atención que someto a la opinión de ustedes: significa, que si ellos lo hicieron, constituyendo como constituyeron una parte integrante del cuarto reino de la naturaleza, significa que nosotros si nos esforzamos, si queremos arrebatar con justicia las Llaves del Reino, también podremos hacer aquello que ellos hicieron y realizar en nuestro corazón tamaña grandeza. Es lo mismo, solamente hay que esforzarse, de una manera rítmica, sin estridencias, humildemente.

Leonor. – Bueno, yo pensaba en aquella frase tan sencilla que dice “llamad y se os abrirá, pedid y se os dará”; y yo pienso que cuando un ser humano tiene un gran problema, cuando pide ¿en qué lugar, en qué forma tiene que estar integrada su parte emocional para que sepa aceptar aquello que se le da? Porque, generalmente, cuando pedimos ya hemos hecho ya una forma de lo que esperamos. Por lo tanto, hemos de estar capacitados y en qué forma para poder... cuando se pide a la vida que nos mande la solución de un problema, generalmente si la demanda es intensa y pura tiene una respuesta, pero, a pesar de que sea pura la demanda e intensa, la respuesta jamás nos satisface, según en qué grado de integración estamos, porque esperamos una respuesta adecuada a nuestro modo de pensar y sentir, que esto también puede formar parte de estos pequeños yos que hemos ido haciendo en nuestra vida. Entonces, es todo un estudio para nosotros los humanos: el saber al pedir, no tener ya nada imaginado sino que lo que nos manden lo sepamos aceptar. Pero no lo aceptamos, aceptamos una forma adecuada; por ejemplo, podemos hacer una comparación, podemos pedir... suponiendo un trabajo, pensando en que se nos da de contable y nos pueden responder dándonos el de basurero. ¿Cómo estaremos preparados para aceptarlo? Entonces, en esta integración, ¿en qué grado de preparación ha de estar el individuo, aunque sea la llamada de la respuesta en forma concretamente superior?

Vicente. – Yo, si se han dado cuenta, la base de estas conversaciones son esotéricas. Para mi modo de ver, el sólo título llevará aquí, por magnetismo y atracción natural, personas con un amplio sentido de discriminación, con un extenso campo de actividad mental y una gran comprensión espiritual, para que se den cuenta que mis respuestas van a las personas inteligentes y con cierto estado, digamos, de comprensión, que les permite captar de inmediato cuál debe ser su actitud. No podemos comparar —y es una lástima— la actitud del esoterista convencido - no la persona que lee muchos libros esotéricos, sino el esoterista que vive o trata, se esfuerza de vivir la vida esotérica de correcta relación -, con aquel pobre ser con problemas que no es capaz de formular una pregunta porque ni en su mente, ni en su corazón, existen luz o indicios para poder llamar a la puerta de los misterios. ¿Se dan cuenta cómo las respuestas deben ser de acuerdo a la persona y al tipo de pregunta? Quizá me pregunta esto mismo que acaban de preguntarme aquí, una persona de la calle, y me confundía en Dios, (y) ¿qué vas a decirle? Cuando la mente no puede razonar, cuando no existen suficientes elementos de juicio en la mente, ¿qué vamos a decirle?

Estoy hablando —y estoy feliz de hacerlo— ante un grupo de personas que piensen y sientan correctamente. Repito, ustedes no estarían aquí si no fuesen ustedes personas sensatas, capaces de preguntar, de llamar intensamente a la puerta de los misterios del propio corazón; y siendo así, cuando se encuentren ante un conflicto, no confíen el secreto más que a su propio corazón, y allí intensamente pregunten, (porque) yo les aseguro que tendrán inmediata respuesta. Esto tenía que recalcarlo de la misma manera que les he dicho al principio: si algo de lo que se dice aquí no puede ser percibido por la mente, porque quizás la forma de expresarlo, o la calidad del comentario escapa al razonamiento corriente de esta persona, si sigue con atención el misterio que aquí se está produciendo de unificación, recogerá idénticamente la fuerza expansiva de verdad que pueda existir en el comentario dentro del corazón, convirtiéndose en el fruto intuitivo que le resolverá una serie de preguntas en el transcurso del tiempo. Solamente es por la atención, porque la atención es la llave de síntesis. Es la llave —siempre estamos diciendo lo mismo— (lo está representando en una pizarra), unificando la sensibilidad con la conciencia, Dios.


Extracto de Conferencia de Vicente Beltrán Anglada
En Barcelona, 1 de Octubre de 1975
Digitalizada por el Grupo de Transcripción de Conferencias (G.T.C.) 1 de Marzo de 2007



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El sendero del arquetipo divino. III



¿Perdemos la noción del tiempo?
 

Interlocutor. – ¿Está la humanidad, o sea, el planeta Tierra, bajo la sintonía de la nota Acuario?





Vicente. – Sí. Dense cuenta, que hay una analogía en esto. Primero, porque el reino humano tiene el número cuatro como vínculo de expresión, estamos en la 4ª Ronda, en el 4º Planeta, en el 4º Reino y, en el 4º Rayo. Por lo tanto, cuando hablamos también, algo que no hemos penetrado, por qué son cuatro los Señores de la Llama, y por qué son cuatro los puntos cardinales, y por qué son cuatro las fases de la Luna, y por qué son cuatro las edades del hombre, y por qué son cuatro los sistemas respiratorios, la inspiración, la inhalación, y sus intervalos creadores; y por qué son cuatro los elementos. Solamente hay que educar la analogía. Desde el momento en que educamos la analogía vemos claro el proceso, para culminar el cual viene el estado cumbre del Arhat, el del ser humano que después de pasar por el Misterio de la Transfiguración o 3ª Iniciación, entra en la gran cruz de la prueba iniciática, que es la cuarta, (la) de la crucifixión, y por qué son cuatro las aspas de la cruz. A partir de aquí ya empiezan las leyes del 5º Reino de la Naturaleza, y hablamos del reino humano; en cambio, para el reino divino impera el 5º Rayo, la 5ª Ronda, el 5º Esquema Planetario, la 5ª Cadena, la 5ª Raza-raíz —la 7ª Subraza de la 5ª Raza, ahora estamos en la 5ª Subraza de la 5ª Raza —.

Por lo tanto, otra cosa también, la 5ª Subraza de la 5ª Raza, unido a todo el cuaternario hacen nueve, ¿por qué son nueve los meses de gestación? Es decir, que hay que aplicar siempre la analogía, pues desde el momento en que empleen la analogía, verán cómo todo cuanto hasta aquí han visto fragmentando se está uniendo o juntando hasta constituir un bloque unido, hasta constituir una solidez inmarcesible dentro del reino de la conciencia, y con el tiempo nos daremos cuenta que estas pequeñas charlas, más que el estímulo de la palabra es la unificación del corazón, este silencio que se produce cuando estamos en intercomunicación, y que hace que ustedes y yo seamos la misma cosa, porque, lo comprendamos o no, tratamos de ajustarnos a ideas arquetípicas, y en el corazón de todo ser humano siempre está latente la aspiración hacia la Mónada y el recuerdo del..., y esto constituye la mayor garantía de que la evolución nos lleva incesantemente, a pesar nuestro, podíamos decir, hacia la creación de un soberbio arquetipo que será la luz, la esperanza y la ausencia total de todo egoísmo en la raza humana.

Interlocutor. – Yo quería preguntar si la conciencia y la sensibilidad crean la voluntad, o si la voluntad crea la conciencia y la sensibilidad.

Vicente. – Yo diría una cosa, que en la sensibilidad hay voluntad, y que en la conciencia hay voluntad, pero cuando la conciencia y la sensibilidad se han unido ya es la Voluntad de Dios. Pero siempre es lo mismo, ¡eh! ¿Por qué creen ustedes que si extienden el campo de la percepción se dan cuenta que estamos tocando siempre misterios y verdades? Hay que abrir las compuertas de la mente, hay que destruir constantemente este círculo infranqueable de nuestras pesquisas, aquello que nos detiene, el hecho de querer visualizar algo que interiormente no estamos convencidos si está a nuestro alcance, el hecho de rotura de los diques y de traspasar las fronteras que nos limitan. Es expansionar en dimensiones y aspectos que harán posible esta realidad magnífica del arquetipo en nuestra vida. Y algo estamos revelando ya cuando estamos en silencio, es un arquetipo subjetivo, porque todo arquetipo se manifiesta primero en forma subjetiva, hasta que todo el ser lo recoge cuando el Cáliz está preparado, siendo el arquetipo el Verbo de Revelación.

Entonces, vamos por doquier bendiciendo a las gentes, a las personas y a las cosas, como hicieron Buda y Cristo y todos los grandes Iniciados de nuestra raza.
Yo les sugeriría para terminar unos momentos de silencio, teniendo en cuenta que el silencio, siquiera sea breve, es sintético: es la voluntad de Dios, a la cual nos estamos refiriendo. Si somos capaces de permanecer en silencio de grupo durante unos momentos, esta fuerza compulsiva de la voluntad de Dios penetra en nosotros por su fuerza consciente y nos va transfigurando, es decir, nos prepara místicamente para la liberación. Así que, yo creo que más vale que callemos ya y un poco de silencio irá muy bien a todos; con la particularidad que todo cuanto se ha dicho quedará grabado dentro del corazón en virtud de esta fuerza mágica del silencio...

Muchas gracias.


Extracto de Conferencia de Vicente Beltrán Anglada
En Barcelona, 1 de Octubre de 1975
Digitalizada por el Grupo de Transcripción de Conferencias (G.T.C.) 1 de Marzo de 2007



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