sábado, 4 de abril de 2015

compartir.:::.3.0_ _Krishnamurti ~ ¿Qué significa amar?.~ El poder del fuego.

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Krishnamurti ~ 


¿Qué significa amar?.


¿No es acaso muy importante, mientras somos jóvenes, que se nos ame y también saber qué significa amar?

Pero me parece que muy pocos de nosotros amamos o somos amados. Y creo que es esencial, mientras somos jóvenes, investigar este problema muy seriamente y comprenderlo; porque entonces quizá podamos ser lo bastante sensibles como para sentir amor, conocer su cualidad, su perfume, de modo que cuando crezcamos éste no sea completamente destruido. Consideremos, pues, esta cuestión.

¿Qué significa amar? ¿Es un ideal, algo lejano, inalcanzable? ¿O puede ser sentido por cada uno de nosotros, en raros momentos del día? Tener la cualidad de la simpatía, de la comprensión, ayudar a alguien naturalmente sin ningún motivo, ser espontáneamente amable, cuidar con esmero una planta o un perro, ser compasivo con el aldeano, generoso con el amigo, con un vecino, ¿no es esto lo que entendemos por amor?

¿No es el amor un estado en el que no hay sentido alguno de resentimiento sino una perpetua indulgencia?

¿Acaso no es posible sentir esto mientras somos jóvenes?

Muchos de nosotros experimentamos este sentimiento en la juventud: un súbito flujo de simpatía por el aldeano, por un perro, por aquéllos que son pequeños o desvalidos. ¿No deberíamos tender constantemente a eso? ¿No deberían ustedes dedicar alguna parte del día para ayudar a otro, para cuidar un árbol o un jardín, para ayudar en la casa o en la posada, de modo que cuando alcancen la madurez sepan lo que significa ser naturalmente considerados, sin esfuerzo ni motivo alguno? ¿No deberían tener esta calidad del verdadero afecto?

El verdadero afecto no puede generarse artificialmente, tenemos que sentirlo, y también deben sentirlo sus tutores, sus padres, sus maestros. Muy pocas personas sienten verdadero afecto; están demasiado interesadas en sus realizaciones personales, en sus anhelos, en sus conocimientos, en su éxito. Dan a lo que han hecho y a lo que desean hacer, una importancia tan colosal que finalmente las destruye.

Por eso es muy importante, mientras son jóvenes, que se ocupen de las habitaciones o cuiden una cantidad de árboles que ustedes mismos hayan plantado o vayan a asistir a un amigo enfermo, de modo que haya un sutil sentimiento de simpatía, de interés, de generosidad -generosidad auténtica que no es de la mente y que les hace querer compartir con alguien cualquier cosa que puedan poseer, por pequeña que sea-. Si no tienen este sentimiento de amor, de generosidad, de bondad, de delicadeza, mientras son jóvenes, será muy difícil que lo tengan cuando sean mayores; pero si empiezan a tenerlo ahora, entonces tal vez podrán despertarlo en otros.

Tener simpatía y afecto implica estar libres del temor, ¿no es así? Pero ya lo ven, es muy difícil crecer en este mundo sin temor, sin tener algún motivo personal para actuar. Las personas mayores jamás han reflexionado acerca de este problema del temor o lo han considerado solamente de manera abstracta, sin actuar sobre el temor en sus existencias cotidianas. Ustedes son todavía muy jóvenes, observan, inquieren, aprenden, pero si no ven y comprenden qué es lo que causa el temor, se volverán como sus mayores. El temor crecerá como una especie de maleza oculta y se extenderá por sus mentes, deformándolas. Por lo tanto, deben estar alerta a todo lo que ocurre alrededor y dentro de ustedes -cómo hablan sus maestros, cómo se comportan sus padres y cómo responden ustedes-, de modo que puedan ver y comprender esta cuestión del temor.

La mayoría de los adultos piensa que es necesaria alguna clase de disciplina. ¿Saben ustedes qué es la disciplina? Es un proceso por el cual se les fuerza a hacer algo que no quieren hacer. Donde hay disciplina, hay miedo; por consiguiente, la disciplina no es la vía del amor. Es por eso por lo que la disciplina debe evitarse a toda costa, siendo la disciplina coacción, resistencia, compulsión, forzarles a hacer lo que no comprenden o persuadirles a que lo hagan ofreciéndoles un premio. Si no comprenden algo, no lo hagan ni se esfuercen por hacerlo. Pidan una explicación; no sean meramente obstinados, traten de descubrir la verdad del asunto de manera que no haya temor alguno implicado y la mente de ustedes se vuelva muy flexible, muy dúctil.

Cuando no comprenden y son meramente obligados por la autoridad de los mayores, están reprimiendo la propia mente, y entonces surge el temor; y ese temor les persigue como una sombra a lo largo de toda la vida.

Por eso es tan importante que no se les discipline según algún tipo particular de pensamiento o modelo de acción. Pero casi todos los adultos sólo pueden pensar en esos términos. Quieren inducirles a hacer algo por el así llamado bien de ustedes. Este proceso mismo de inducirles a que hagan algo por el propio "bien" de ustedes, es destructivo para la sensibilidad, para la capacidad de comprender; por lo tanto destruye el amor.

Es muy difícil negarse a ser coaccionado u obligado, porque el mundo que nos rodea tiene mucha fuerza; pero si meramente cedemos y hacemos cosas sin comprenderlas, caemos en el hábito de la irreflexión y entonces se vuelve aún más difícil para nosotros salimos de ello.

Por lo tanto, ¿tiene que haber autoridad y disciplina en la escuela? ¿O deberían sus maestros asentarles a discutir estas cuestiones, a investigarlas, a comprenderlas a fin de que, cuando hayan crecido y salgan al mundo, sean seres humanos maduros capaces de afrontar inteligentemente los problemas que el mundo habrá de presentarles? Ustedes no pueden tener esa profunda inteligencia, si existe alguna clase de temor. El temor tan sólo les embota, les refrena la iniciativa, apaga ese fuego que llamamos simpatía, generosidad, afecto, amor. De modo que no se dejen disciplinar dentro de un patrón de acción, sino descubran, lo cual implica que deben tener tiempo para cuestionar, para investigar; y los maestros también deben tener tiempo. Si no hay tiempo, entonces deben conseguirlo. El temor es una fuente de corrupción, es el principio de la degeneración, y estar libres de temor es más importante que cualquier examen o cualquier título académico.


Interlocutor: ¿Qué es el amor en sí mismo?

K.: ¿Qué es el amor intrínsecamente? ¿Es eso lo que quieres decir? ¿Preguntas qué es el amor sin motivo, sin incentivo? Escucha atentamente y lo descubrirás. Estamos examinando la pregunta, no estamos buscando la respuesta. Al estudiar matemáticas o al formular una pregunta, la mayoría de nosotros se interesa más en encontrar la respuesta que en comprender el problema. Comprendamos, pues, qué es el problema y no busquemos una respuesta, ya sea una respuesta del Bhagavad Gita, del Corán, de la Biblia o de algún profesor o conferenciante. Si podemos comprender realmente el problema, la respuesta surgirá de él; porque la respuesta está en el problema, no está separada del problema.

El problema es: ¿Qué es el amor sin motivo? ¿Puede haber amor sin ningún incentivo, sin que uno desee nada para sí mismo del amor? ¿Puede haber amor sin que uno se sienta lastimado cuando el amor no es retribuido?

Si yo te ofrezco mi amistad y tú la rechazas, ¿no me siento lastimado? Ese sentirse lastimado, ¿es el resultado de la amistad, de la generosidad, de la simpatía? Ciertamente, en tanto me sienta lastimado, en tanto haya temor, en tanto te ayude esperando que tú puedas ayudarme -a lo cual llaman servicio-, no hay amor.

Si comprendes esto, la respuesta está ahí.

Interlocutor: ¿Qué es la religión?

K.: ¿Quieres una respuesta de mí o quieres descubrirla por ti mismo? ¿Estás buscando una respuesta de alguien, por grande o necio que pueda ser? ¿O estás realmente tratando de descubrir la verdad acerca de lo que es la religión?

Para descubrir qué es la verdadera religión, tienes que descartar todo lo que estorba. Si tienes muchas ventanas pintadas o sucias y quieres ver la luz pura del sol, debes limpiar o abrir las ventanas o salir fuera. De igual modo, para descubrir qué es la verdadera religión, primero tienes que ver lo que no es verdadera religión y desecharlo. Entonces puedes descubrir, porque hay percepción directa. Veamos, pues, lo que no es religión.

Hacer puja, practicar un ritual, ¿es eso religión? Repites una y otra vez cierto ritual, cierto mantra frente a un altar o un ídolo. Eso puede proporcionarte una sensación de placer, de satisfacción, ¿pero es religión eso?

Ponerse el hilo sagrado, llamarse uno hindú, budista, cristiano, aceptar ciertas tradiciones, dogmas, creencias, ¿tiene todo eso algo que ver con la religión? Obviamente, no. Por lo tanto, la religión debe ser algo que puede encontrarse sólo cuando la mente ha comprendido y desechado todo esto.

La religión, en el verdadero sentido de la palabra, no genera separación, ¿verdad? ¿Pero qué sucede cuando tú eres musulmán y yo soy cristiano, o cuando yo creo en algo y tú no crees en eso? Nuestras creencias nos separan; por lo tanto, nuestras creencias no tienen nada que ver con la religión. El hecho de que tú creas de una manera y yo de otra, depende mayormente de dónde hayamos nacido, ya sea en Inglaterra, en la India, en Rusia o en América. De modo que la creencia no es religión, es solamente el resultado de nuestro condicionamiento.

Luego está la búsqueda de la salvación personal. Quiero estar a salvo, quiero alcanzar el nirvana o el cielo; tengo que encontrar un sitio cerca de Jesús, cerca de Buda o a la diestra de un Dios en particular. Tu creencia no me proporciona una satisfacción profunda, no me da consuelo; por lo tanto, tengo mi propia creencia que sí lo hace. ¿Es religión eso? Por cierto, nuestra mente debe estar libre de todas estas cosas para descubrir lo que es la verdadera religión.

Y, ¿es la religión meramente una cuestión de hacer el bien, de servir o de ayudar a otros? ¿O es algo más? Lo cual no quiere decir que no podamos ser generosos o amables. ¿Pero eso es todo? ¿Acaso la religión no es algo más grande, más puro, más inmenso, más expansivo que todo lo concebido en la mente?

Para descubrir, pues, lo que es la verdadera religión, debemos investigar profundamente todas estas cosas y estar libres del temor. Es como salir de una casa oscura, a la luz del sol. Entonces no preguntarás qué es la verdadera religión; lo sabrás. Habrá una experiencia directa de aquello que es ver.

Interlocutor: Si alguien es desdichado y quiere ser feliz, ¿eso es ambición?

K.: Cuando uno está sufriendo quiere estar libre del sufrimiento. Eso no es ambición, ¿verdad? Es el instinto natural de todas las personas, de todos nosotros: no tener miedo, no tener dolor físico ni emocional. Pero nuestra vida es tal que constantemente estamos experimentando dolor. He comido algo que no me sienta bien y tengo dolor de estómago. Alguien me dice algo y me siento lastimado. Estoy impedido de hacer alguna cosa que anhelo hacer y me siento frustrado, infeliz. Soy desdichado porque ha muerto mi padre o mi hijo, etcétera. La vida está actuando constantemente sobre mí, me guste o no me guste, y me siento siempre herido, frustrado, tengo reacciones dolorosas. Lo que he de hacer, entonces, es comprender todo este proceso del dolor. Pero ya lo ven, la mayoría de nosotros escapa del dolor.

Cuando ustedes sufren internamente, psicológicamente, ¿qué hacen? Acuden a alguien en busca de consuelo, leen un libro o encienden la radio o van y hacen puja. Son todas indicaciones de que están escapando del sufrimiento. Si escapan de algo, obviamente no lo comprenden. Pero sí uno mira su sufrimiento, si lo observa de instante en instante, comienza a comprender el problema que implica, y esto no es ambición. La ambición surge cuando escapamos de nuestro sufrimiento o nos aferramos a él o lo combatimos, o cuando elaboramos teorías y esperanzas en tomo a él. En el instante en que escapamos del sufrimiento, la cosa hacia la cual escapamos se vuelve muy importante, porque nos identificamos con ella. Nos identificamos con nuestro país, con nuestra posición, con nuestro Dios, y esto sí que es una de ambición.


Extracto de: EL ARTE DE VIVIR - J. Krishnamurti





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La Llama Solar. Parte 2


Los grandes Iniciados han declarado que, con el tiempo, el hombre subsistirá sin tomar alimento animal ni de cereales, y que, cuando desee nutrimento, lo extraerá del Escudo de Plata. El Occidente nunca ha seguido al Oriente con respecto a los conceptos sobre la vida.

Cuando uno visita a esos Yoguis, fuera del cuerpo, siente su potente vitalidad. Ellos subsisten gracias a la energía oculta que estimula sus órganos; se mantienen alerta y activos y no consumen en una semana, lo que una persona normal consume en una comida. He visitado, con frecuencia, a tales ascetas y he visto sus auras cargadas de vitalidad atómica, la cual hasta puede impedir que uno llegue a su presencia, si ellos no lo invitan.

Hay muchos lugares en la tierra por descubrir; ciudades en las que pocos extranjeros han entrado; con frecuencia, están bajo tierra, cubiertas de selvas y guardadas por las atmósferas de esos Yoguis.

Uno no puede entrar en esos lugares, mientras está fuera del cuerpo, a no ser que descubra el método. Hay en Sud América una ciudad oculta, que sólo la dan a conocer al observador; los grandes adeptos, que viven en Asia Central, y uno ha de conseguir permiso, antes de que lo dejen pasar los guardianes en Sud América.

Tales retiros se mantienen en constante comunicación con varios centros de América, Yucatán y Sur de México. Una vez que el mundo esté preparado para que se le hable de estos lugares subterráneos, quedará sorprendido ante lo que se le ha ocultado a su conocimiento.

Los que viven del trabajo de otros, los que tienen intereses comerciales en esos países, lucharían, como Cortés y Pizarro, para conseguir esos tesoros, si les fueran revelados. Los registros secretos de los atlantes éstan guardados allí; son registros de gente que ha recorrido el suelo americano y ha desaparecido desde mucho antes de que se iniciara la historia americana. Nos dice el gran Atlante que: “Durante el reinado de la justicia, esos registros serán revelados”.

En tales lugares tienen un medio muy interesante para comunicarse. En el Sud de California tienen un método para enviar mensajes a través de la tierra. Cuando lo hombres de ciencia descubran este secreto, desaparecerán de nuestros países los postes de telégrafos.

En nuestra práctica, hacemos constantemente nuevos descubrimientos. Rara vez nos damos cuenta de que dependemos, en gran medida, de fuerzas invisibles y no sentidas de dentro de nuestro Escudo de Plata y de nuestro físico; cosas que no agitan nuestro cerebro, ni nos llevan a la región de este mundo objetivo.

Al principio, sabemos muy poco acerca de nuestros centinelas silenciosos, que trabajan para que retornemos a nuestro sistema central. Estos estados internos tienen átomos que nos vigilan y tratan de librarnos de nuestras ilusiones objetivas; estas grandes inteligencias ajustan su conciencia a la nuestra, con objeto de reconstruirnos en su mundo.

Estos centinelas están impregnados con la conciencia del Intimo; pero estamos tan por debajo de ellos, en conciencia, que es muy raro que nos pongamos en contacto con los mismos.

Pero si somos aceptados por tan elevados átomos, necesitaremos mucha energía, a la vez que paciencia, para conseguir que nos respeten. Aunque por medio de Yoga aprendemos a armonizarnos con ellos, hemos de aprender a transmitir sus pensamientos a nuestro sistema seminal, que se refleja, entonces, en nuestro cerebro. Porque los átomos más elevados de nuestro sistema seminal responden a la dirección del Intimo, lo mismo que responden los átomos Centinelas. De esta manera, más adelante en nuestra práctica de escuchar a nuestros centros atómicos, llegamos a ser conscientes de la conciencia atómica de nuestro sistema central, que es la contraparte superior de nuestro sistema secundario. Y aquí hablaremos de la substancia atómica aún más sutil, que todos poseemos, pero con la cual rara vez establecemos contacto.

En nuestro sistema seminal, moran esos sagrados átomos que pueden relacionarnos con nuestro sistema central, poniendo al estudiante en contacto con sus polos de instrucción. Estos son grandes centros, alrededor de la corriente de la médula espinal, los cuales nos instruyen, valiéndose de los átomos solares del sistema seminal.

La instrucción, que el estudiante recibe de ellos, es similar a la que imparte un gran Iniciado y, cuando el estudiante establece contacto con este primer centro, encuentra que está pasando por una iniciación similar a la del plano físico. Una iniciación significa que uno recibe la aprobación de una inteligencia solar. También significa la consecución de otra conciencia, hasta entonces desconocida, con la cual el estudiante puede siempre establecer contacto. Una iniciación por medio de una ceremonia, no siempre significa la consecución o renacimiento de otra conciencia.

Estos átomos solares nos ennoblecen con su mero contacto. Hemos sido aceptados y nos sentimos exaltados y fuertes; porque ello significa que hemos sido observados por una gran conciencia atómica, dentro de nuestro universo central. Es el Instructor más grande, con el cual el estudiante ha tenido contacto hasta entonces, y éste siente que se le devuelve la reverencia y el respeto que él ha enviado a ese Instructor. Esto se hace para entrenar al estudiante y construir un puente entre ambos, el cual es cada vez más fuerte.

Estos átomos solares conservan los registros de nuestra sabiduría, adqurida en instrucciones anteriores; pues algunos estudiantes, en vidas pasadas, fueron admitidos en su universo interior y así encuentran la sabiduría, que acumularon, reducida a su más fina esencia. Los hombres que han alcanzado esta sabiduría son llamados Hombres Sabios, y caminan hoy en la tierra como lo hicieron ayer.

El retorno del estudiante a su sabiduría depende del poder de su Intimo para manifestarse en esta densa atmósfera de materia. Esto quiere decir que, hay estudiantes de mucho y de poco desarrollo, según sea la respuesta de su Intimo a Su Realidad.

Las corrientes de la Naturaleza no son continuas, y nuestros centros reaccionan, alternativamente, según que su voltaje aumente o disminuya. Así, estamos sujetos a diferentes actividades de las cuales no nos damos cuenta. Ciertas secciones se abren y trabajan sólo durante varios segundos. Esto ocurre también en los otros planos. En nuestra práctica, obtenemos información de estas corrientes, de la misma manera que obtenemos instrucción por radio, cuando sintonizamos con las diferentes estaciones.

Hemos pasado por las divisiones de la Naturaleza, simbolizadas por la mitad inferior del Zodíaco. Al pasar a sus esferas superiores, encontramos que hemos nacido para mandar a la Naturaleza, y aprendemos cuál ha sido nuestro desenvolvimiento dentro del área de la misma.

En ciertas divisiones de nuestro sistema secundario, encontramos átomos que nos han precedido en nuestro desenvolvimiento objetivo. Estos iluminan al estudiante, en lo que respecta a sus períodos, y le proporcionan alimento para transmitir a quienes le siguen. Ellos deciden también la clase de instrucción que el estudiante desea recibir, para utilizarla en su vida cotidiana.

Al objeto de alcanzar receptividad interna, debemos acostumbrar al cuerpo a un voltaje más alto. Si no utilizamos este proceso de condensación, estos voltajes más altos nos destruirán.

Las corrientes de la Naturaleza tienen voltajes, que los cientistas no han podido registrar todavía. Cuando se nos dice que un pensamiento sólo tarda tres segundos para llegar al planeta Venus, nos damos cuenta de los grandes poderes que duermen en nuestro interior. Ignoramos cómo el cuerpo se ajusta a las tremendas corrientes de energía, que la Naturaleza vierte en nosotros; de la misma manera que tampoco pensamos en la presión atmosférica. Si tratáramos de obstruir esas ondas de energía, nos matarían en el acto; pero como la Naturaleza nos ajusta al medio ambiente, tales fuerzas pasan a través de nosotros sin resistencia más allá de nuestro límite de receptividad normal.

La Yoga nos enseña cómo adquirir un voltaje más elevado y cómo resistirlo y dejar atrás nuestra antigua longitud de onda, a medida que nos acostumbramos al nuevo. Esto nos hace más potentes, y genera en nosotros la protección del Escudo de Plata; la caja sonora que irradia la inteligencia de esta nueva energía, conocida como átomo Transformador. Estos derraman en nuestro sistema nervioso un poder que no reconocíamos hasta entonces.

Estos procesos de resistir a esas poderosas corrientes despiertan, con el tiempo, la fuerza solar.

Nuestra respuesta a una vibración, crecientemente más alta, pone al cuerpo objetivo a tono con nuestros sistemas, secundario y nervioso, centrales. Esto quiere decir que, nuestros mundos internos se manifestarán, poco a poco, por medio del cuerpo físico, y cuanto mayor sea nuestra resistencia a esta vibración, mayor será la respuesta de nuestro Intimo. Los hombres de ciencia saben muy bien que pueden pasar por el cuerpo, sin dañarlo, tremendos voltajes eléctricos; sin embargo, en el instante que el sujeto toque algo que lo conecte con la tierra, queda aniquilado inmediatamente; porque entonces pone resistencia.

Existe una sabia inteligencia en nosotros, que no permite que el yogui resista este voltaje, más allá de ciertos límites, y si pide guía será protegido.

Cuando estos elevados voltajes desplazan a viejas condiciones, las corrientes solares y lunares de nuestro sistema secundario se combinan para producir una tercera; ésta es una combinación de las cualidades de ambas; el pararrayos que recibe una energía latente, la cual tenemos que evocar, una vez hemos puesto a tono nuestro cuerpo con el voltaje más elevado.

El no poner el cuerpo a tono con estas corrientes nos traerá desastre y desgracia.


Extracto de DIOSES ATOMICOS (LA AURORA DE LA JUVENTUD)


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Omraam M. Aivanhov ~ El poder del fuego.


Todo el mundo tiene sus manías, y yo también las tengo. No hay excepciones. Siempre repito la misma frase: «Lo que está abajo es como lo que está arriba...», y las mismas palabras sobre el gran libro de la naturaleza viviente. Pero, verdaderamente, se trata de una idea fija muy útil, y os lo puedo probar al demostraros una vez más que esta frase constituye para mí una clave.

Recuerdo que cuando era joven, tenía 13 ó 14 años, me encantaba ensayar todo tipo de oficios. Lógicamente no duraba mucho tiempo en ellos: algunos días o algunas semanas, y eso ocurría durante las vacaciones, cuando terminaba la escuela, porque prefería contratarme en algún sitio y aprender diferentes oficios, a jugar con los demás niños... y así fue como me convertí en sastre. No fue por mucho tiempo, duró sólo un día, pues, sinceramente, el oficio de sastre no me gustó: ¡me dormí enseguida! Lo único bueno es la postura, la llamada «sentada de sastre », que consiste en sentarse con las piernas cruzadas un poco como los yoguis, en la posición de loto. Pero yo me dormía porque coser no es nada apasionante: ¡no se acaba nunca! Y además me pinchaba los dedos. Entonces me dije que este oficio no era para mí, y al acabar la jornada lo dejé.

De todos modos, el haber cosido durante todo un día deja huella, y a lo largo de toda mi vida he continuado cosiendo a mi manera. No se trata de que vaya a abrir una tienda para ganar dinero, pero sí que me coso mis propios trajes. ¿Estáis sorprendidos? Pues bien, visito ciertos almacenes que conozco, escojo las mejores telas, y me hago yo mismo los trajes, las americanas, los abrigos más hermosos... Los trajes los encargo a otros o los compro, pero me he dado cuenta de que la ropa interior sólo la puedo escoger yo, y lo hago a mi gusto. De este modo soy mi propio sastre... Ahora, espabilaos para interpretar todo esto.

Hay un oficio en particular que ha dejado huella en mí. A menudo, cuando paseaba, pasaba por delante del taller de un herrero, y me impresionó tanto el ver cómo este hombre daba martillazos sobre un hierro incandescente hasta darle la forma requerida, que quise trabajar con él; me gustó y permanecí en su taller varias semanas; pero, al llevar sandalias, las chispas que saltaban del fuego me quemaban los pies descalzos y me salieron ampollas: empecé con el fuelle ayudando al herrero, y jamás podré olvidar el espectáculo de las chispas saltando, ¡era magnífico!

De este trabajo en casa del herrero he sacado una lección para demostraros cómo utilizo la clave de la analogía. Todo el mundo sabe que para forjar el hierro hay que ponerlo al fuego y esperar a que se ponga al rojo, y después incandescente. Generalmente no nos entretenemos en descifrar el gran secreto iniciático que se esconde detrás de este fenómeno. Sin embargo, una de las páginas más importantes del libro de la naturaleza viviente se concreta en esta pregunta:

¿cómo puede la llama comunicar al hierro su calor, e incluso su luz? Es un misterio. El hierro se vuelve exactamente como el fuego, luminoso, radiante, ardiente; aquello que antes era gris, mate, frío y duro, se transforma y adquiere nuevas propiedades...

El hombre también es comparable a un metal, como el hierro, por ejemplo, y sólo el contacto con el fuego puede volverlo resplandeciente, ardiente, cálido. Es evidente que estoy hablando del fuego espiritual y no del físico, ya que hay varias clases de fuego. Unicamente los místicos conocen este contacto con el fuego espiritual: se trata de un calor, de un amor, de un éxtasis, de una clase de vida intensa. Este fuego es una vida que os quema y transforma en otro ser... Así como el fuego físico tiene la propiedad de volver al hierro lo suficientemente flexible y maleable como para darle nuevas formas, del mismo modo el fuego celeste, que es el amor divino, puede sumergir al hombre en un estado espiritual en el que se liberará de su antigua forma, dura, opaca y fea, para recibir otra nueva, luminosa, radiante.

Los verdaderos místicos, los verdaderos profetas e Iniciados, han conocido siempre este secreto. Han sabido encontrar el verdadero fuego, que es el del alma y del espíritu, y al sumergirse en él han conseguido llegar a un estado de perfecta maleabilidad, golpeándose hasta darse una nueva forma. Finalmente bañaban el metal para fijar definitivamente dicha forma. Este es un detalle que tampoco se ha sabido interpretar. Después de calentar el hierro al rojo vivo, hay que sumergirlo en agua fría para que su nueva forma se vuelva dura y resistente, y esto mismo también sucede en el mundo espiritual. El agua fría son las adversidades, las dificultades. El fuego lima los metales, y el agua los endurece, mientras que referido a la tierra el fenómeno es al revés: el agua la torna más blanda y el fuego la reseca. Es un aspecto más del lenguaje del libro de la naturaleza viviente.

Existen varias clases de fuego, que podemos clasificar en tres categorías: el fuego físico, visible, que consume y devora los objetos; el fuego astral, que nos quema y nos atormenta, como por ejemplo el fuego del amor humano puramente pasional, sexual; y finalmente el fuego divino, el fuego del sol que no consume, que no hace sufrir, sino que nos da la luz, la alegría, el éxtasis y la sublime sensación de estar en comunicación con el mismo Dios. Este es el fuego celeste.

Mientras que el fuego pasional, que los seres humanos conocen perfectamente porque les quema y consume, a menudo sólo es una llamarada; y, sin embargo, aman este fuego que los hace sufrir, adelgazar, arrancarse los cabellos... Muy pocos saben ir más allá para sumergirse en el fuego que inunda las regiones superiores. Yo conozco este fuego porque en varios momentos de mi existencia, Dios me ha concedido la dicha de poder gozar de este fuego celeste.

Para poder transformamos, remodelar nuestro temperamento, nuestras tendencias, nuestros hábitos, incluso nuestra herencia, debemos atraer, llamar a este fuego celeste, suplicarle que descienda sobre nosotros y soplar, soplar sin cesar sobre él para que haga que nos fundamos. A continuación debemos pedir a alguien que nos modele, o bien modelamos nosotros mismos, siempre y cuando seamos lo bastante conscientes para hacerlo. De este modo es como interpreto yo el oficio del herrero.

Yo he verificado personalmente todo lo que os cuento, por esto puedo indicaros de qué manera llegaréis a transformaros completamente: debéis prepararos intensamente, es decir, rogar, suplicar para atraer el fuego celeste, y cuando éste entre en vuestro interior, experimentaréis tal efervescencia que os derretiréis. Después de semejantes momentos ya no tendréis interiormente la misma forma, e incluso físicamente, poco a poco, os transformaréis, y llegaréis a moldearos un nuevo semblante.

Os repito que he experimentado todo cuanto os digo. He tenido la dicha, el privilegio de haber conocido, de haber probado este fuego, y entonces he comprendido que el fuego podía fundir y cambiar las antiguas formas. Por este motivo, deberíais desear únicamente este fuego celeste, pensar en él, y contemplado hasta que acuda a abrazar y conmover vuestro corazón, vuestro ser.

No confiéis en las lecturas y las explicaciones porque no sirven para nada mientras no se encienda el fuego que os haga vibrar, temblar, haciendo de vosotros un ser vivo como el sol.

Porque el sol es un fuego y por esta razón cada mañana debéis acudir a verlo para restablecer el contacto con el fuego celeste. Si os unís al sol, os dejáis abrazar por él con todo vuestro amor e inteligencia, las llamas empezarán a rodearos ya brotar de vosotros. El Espíritu Santo no es otra cosa que el fuego sagrado del sol.

Hay que tener en cuenta al sol, pues sólo él puede comunicaros este fuego, incendiaros, haceros arder y brillar. Dedicaos cada día al sol, conscientemente, hasta que llegue el fuego divino capaz de revela ros todas las cosas. Todos los Iniciados dicen lo mismo: si no alcanzáis este fuego, no conseguiréis nada. Hay que llegar a este fuego sin el temor de quemarse, porque no quema, sino que transforma. En realidad sí que quema, pero sólo los desechos, las impurezas, y no lo que es puro, noble y divino. Un fuego no daña a otro fuego, no puede destruir lo que es de su misma naturaleza.

Si leéis a Ezequiel, a san Juan u a otros profetas, veréis que cuentan cómo purificó Dios sus labios con un carbón ardiente o haciéndoles tragar un pequeño libro... Se trata siempre de lo mismo, aunque adopte distintas formas: se puede recibir un espíritu - llamadlo Espíritu Santo, si queréis - por medio de la respiración o del aire. Los hindús dicen que es una especie de «prana» celeste, otros dicen que es el fuego o la luz... No importa como se le llame; se trata de un espíritu que el hombre recibe del aire al respirar. Por este motivo ciertas Enseñanzas Iniciáticas dan tanta importancia a la respiración; la inspiración y la espiración son el principio y el fin, son el mismo Dios, la vida eterna. La vida empieza con la primera inspiración, y cuando el hombre muere se dice que «expira». Así pues, tenéis que comprender perfectamente la importancia de la respiración y estar muy atentos.

Por ejemplo, al comer, ¿tenéis el hábito de respirar correctamente? No; las personas enferman porque hablan, gesticulan, tragan y respiran mal cuando comen... La nutrición no puede hacerse correctamente sin una respiración armoniosa. Es otra cosa que no habéis tomado muy en serio; y, sin embargo, es muy importante no hablar durante las comidas para que podáis respirar correctamente, pues por medio de la respiración atraéis elementos sutiles y acumuláis reservas para toda la jornada. Realizad algunas respiraciones profundas durante las comidas; aparentemente puede parecer poco interesante, pero es un método que encierra grandes secretos.

¡Pero las personas están tan alejadas de todo esto! Por ello yo aconsejo a todos los que abordan nuestra Enseñanza que no se sorprendan, que no critiquen ni comparen nuestros métodos con la instrucción que han recibido en el mundo. Que tengan paciencia y estudien, y cuando se haga la luz, quedarán deslumbrados al ver la riqueza de nuestra Enseñanza y de nuestras prácticas:
parecen insignificantes, pero en realidad permiten el acceso a otras posibilidades distintas de las que conocían hasta ahora.

Como podéis comprobar mi filosofía no proviene de la lectura, sino de la experiencia. Todo lo que os revelo lo he practicado ininterrumpidamente, y aún hoy en día estoy dispuesto para conocer, probar y abordar otras verdades con la esperanza de enseñároslas algún día. Confiad en mí y decidíos de una vez por todas a conocer, sentir y poseer el poder del fuego celeste. Para ello concentraos más profundamente en el Sol, en el fuego que invade el universo. Intentad comprender su naturaleza, de qué modo acude a nosotros para conmovernos intensamente, y cómo puede comunicamos sus propiedades. Hay que llegar a absorberlo para que con su calor haga fundir las viejas formas endurecidas y las podamos remodelar. En ciertos niveles hay que trabajar con el agua porque ésta sabe modificar lo que hay de pétreo y de térreo en nosotros; pero con todo lo que es metálico, hay que utilizar el fuego.

Aprended a valeros del poder del fuego. Demasiado a menudo los seres humanos se dejan abrasar y atormentar por el otro fuego, el astral, que desprende gran cantidad de humo y deja muchas cenizas. El fuego celeste no produce humos ni desechos, sólo produce luz, calor y vida.

Por desgracia, los hombres y las mujeres prefieren siempre desencadenar el fuego devastador del plano astral, y entonces dicen: «Me quemo, me quemo...» Por otra parte, nadie duda ni se extraña cuando les preguntamos qué es este fuego, pues todos lo conocen. Sin embargo, en cuanto al fuego celeste, no encontraréis muchos candidatos que sepan de qué se trata.

Existen tres tipos de fuego; en realidad hay miles, pero para simplificar los clasifico en tres categorías: el fuego físico, que no distingue los buenos de los malos, sino que quema todo y a
todos; el fuego astral, o infernal, que siente una gran predilección por las personas desbordantes de pasión, de deseos, de codicia y de maldad; y sobre las que está dispuesto a abalanzarse en cualquier momento para consumirlas, porque para él se trata de un alimento apetecible; en cambio no tiene ningún poder sobre los seres unidos a Dios o a los ángeles. En cuanto al fuego celeste, busca aquellos que son absolutamente puros y luminosos, y cuando los encuentra, avanza sobre ellos, los abraza, convirtiéndolos en hijos de Dios, hermosos, luminosos y resplandecientes como el Sol.

Por consiguiente el fuego físico no elige: le da igual que alguien sea justo o injusto, no le preocupa; lo quema, eso es todo. Los otros dos fuegos sí que eligen. El fuego divino no desciende sobre cualquiera. Sí, se trata de una especie de rayo; aquellos que reciben la gracia, las bendiciones de Dios, son fulminados por un rayo divino. Se habla del flechazo en el amor: «En el mismo momento en que la vi, he sentido el flechazo», dice el joven, y, desgraciadamente, desde entonces su destino está ya trazado: tendrá que sufrir, llorar, e incluso quizás llegará a cometer un asesinato, etc... ¿Para qué este flechazo? Para aprender ciertas cosas gracias al sufrimiento.

También otros reciben un flechazo, pero en este caso se trata de un flechazo celeste, y también están continuamente a punto de llorar, pero de éxtasis. ¡Cuántos santos y místicos han recibido esta gracia! Al leer su biografía veréis cómo san Juan de la Cruz, la pequeña Santa Teresa, y tantos otros han recibido un flechazo de Cristo; también algunos poetas o artistas lo han sentido.

En mi opinión no existe nada más precioso, más raro, más maravilloso. Ninguna gracia puede compararse al flechazo celeste del fuego sagrado, no existe nada más elevado.

Pero no lo sabemos o comprendemos todo porque hayamos recibido este flechazo; el fuego celeste no nos vuelve de golpe omniscientes y todopoderosos, simplemente nos da la posibilidad de transformamos, y nos corresponde a nosotros el trabajar con él para desarrollarnos perfectamente, idealmente... El mayor contratiempo que pueda sucedernos, la pérdida más terrible que podamos sufrir, es llegar a perder esta gracia o Espíritu Santo. Muchos ocultistas, místicos o iniciados han poseído este fuego y lo han perdido de un modo u otro; algunos lo han reconquistado, ¡pero a costa de cuántos sufrimientos, lágrimas, arrepentimientos y trabajos! Este fuego es tan consciente que podríamos decir que se siente «vejado» cuando la persona ha sido tan negligente hasta el punto de dejarlo escapar... Esta debe humillarse, llorar y suplicar largo tiempo para que aquél consienta en volver; pero si consiente, se aferra tan fuerte, hunde tan profundamente sus raíces en el interior del ser humano, que ya no lo abandona jamás.

He estudiado muchos casos, he vivido numerosas experiencias, y cada día dialogo sin cesar con el fuego... tanto interiormente como exteriormente sólo me interesa el fuego. He sentido predilección por él desde que nací; pero, mientras que en mi infancia incendiaba los graneros, más tarde comprendí que ya no tenía que preocuparme del fuego externo y que ante todo debía iluminar mi corazón, y a continuación el de los demás.

Ahora os doy el siguiente consejo: contemplad diariamente la salida del sol sabiendo que hay en él una chispa, una llama con la que podéis encender vuestro corazón. Al igual que la mañana de Pascua en las Iglesias ortodoxas. En esta mañana la Iglesia está llena, el pope enciende un cirio y pasa la llama al fiel más cercano, éste a su vez enciende el cirio del vecino, y así sucesivamente hasta que toda la Iglesia se ilumina. Por consiguiente, un solo cirio ha encendido todos los demás: es simbólico. El Sol también es un cirio con el que podemos encender nuestro propio cirio. A veces tardamos años en conseguirlo porque interiormente hace viento o llueve, pero un buen día, de pronto, conseguimos encenderlo y empieza a desprender un poco de luz. En aquel momento, el vecino advierte que hay algo con lo que iluminarse, y acude también él a encender su cirio, después acude un segundo, un tercero, etc..., y así, de este modo, un día el mundo entero puede estar repleto de cirios encendidos.

Os daré un ejemplo más prosaico: el de un hombre que saca chispa con el eslabón para encender su cigarrillo. Consideremos este ejemplo, aunque no sea muy brillante. El sol es el sílex (¡lo cual es incomprensible para vosotros !), y vosotros tenéis un trozo de hierro. Cada mañana golpeáis el hierro con el sílex y, de pronto, surge la chispa. El sílex es fiel a la cita. Por lo tanto, debéis presentaros cada día con este hierro y golpear, es decir, trabajar con la voluntad, para que salte la chispa; os corresponde a vosotros golpear. No es el sol quien tiene que arreglarnos las cosas, sino que debemos hacerlo nosotros. El sol ya lo hizo hace mucho tiempo. Nosotros somos quienes debemos acudir a su encuentro, quienes tenemos que realizar nuestro trabajo encendiendo nuestro cirio gracias al gran cirio del Sol... ¿Está claro? ¿No es cierto que interpreto correctamente las imágenes y símbolos del gran libro de la naturaleza viviente?



Omraam Mikhaël Aïvanhov
Los secretos del libro de la naturaleza


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